Todo enfocado a reforzar la marca Zoido

  • El alcalde preside un gobierno sin contestación alguna, donde ni hay aspirantes a 'delfines' ni un número dos definido La unidad, por ahora, es un sello

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Todo por Zoido. Dos años después de las elecciones, el gobierno de la ciudad está marcado por un alcalde personalista con un don de la ubicuidad evidente y con una aversión por los cambios en su equipo. Juan Ignacio Zoido responde perfectamente al tipo de político al que cuesta un mundo hacer una crisis de gobierno por temor a que su decisión se interprete como el reconocimiento de un error. Sólo cuando se ha visto obligado ha movido ficha dentro de un ejecutivo en el que sigue sin tener la más mínima contestación. Los descontentos llevan la procesión por dentro. Todo lo más, alguna crítica por la dificultad de despachar con un alcalde cuya agenda se aprieta por la presidencia regional del PP.

El alcalde tan sólo ha efectuado cambios en el gobierno en dos ocasiones. Aprovechó la marcha de María Eugenia Romero al Congreso de los Diputados -por orden de Javier Arenas- para sacar a Pía Halcón de Bellavista, donde mandó a Rafael Belmonte, de un perfil mucho más político para un territorio donde hasta los socialistas de la Plaza Nueva sufren problemas en su propia agrupación. Y el segundo cambio se ha producido recientemente, con ocasión de la sentencia del Tribunal Constitucional que suprime los miembros de las juntas de gobierno locales nombrados a dedo de acuerdo con la Ley de Grandes Ciudades de 2003. Zoido ha tenido que prescindir por tal motivo de una de sus apuestas más personales, el comisario Demetrio Cabello. En la Delegación de Seguridad y Movilidad ha colocado a Juan Bueno, el presidente del PP sevillano que andaba en funciones de apagafuegos en asuntos varios y ejerciendo la portavocía del grupo político en los plenos. No ha habido más cambios en un gobierno que sigue sin delegado de Presidencia, pese a que el programa electoral contemplaba esta figura, y sin un número dos claramente definido. Ni delfines, ni aspirantes a vicealcaldes. Pocos cambios más, salvo aquella resolución que firmó el alcalde a los pocos meses de mandato para descongestionar a Asunción Fley, delegada de Hacienda, a la que quitó cinco empresas municipales que le habían sido asignadas en el organigrama, una modificación poco relevante en la práctica.

Zoido sigue fiel al modelo de Madrid que puso en práctica Alberto Ruiz Gallardón en sus años de alcalde: grandes áreas de gobierno asignadas a un número limitado de concejales. Este esquema le permite tener a un edil con dedicación exclusiva en cada distrito de la ciudad, una suerte de alcaldes de barrio, aunque, por supuesto, nadie emplea el término de alcalde salvo para referirse a quien lo es. El 80% del presupuesto se lo reparten cuatro de los 20 concejales del gobierno: Asunción Fley, Maximiliano Vílchez, Gregorio Serrano y Juan Bueno (que acaba de sustituir a Cabello). El alcalde sólo tiene asignado de forma directa un 0,03%, de donde han desaparecido los gastos de almuerzos oficiales, una obsesión del PP después de que en los años de oposición basara parte de estrategia de erosión de los gobiernos de PSOE e IU en la difusión de los gastos en restaurantes y viajes. De entre los logros que más presumen los miembros del gobierno es del apagón informativo en materia de escándalos. En dos años de mandato ha habido errores políticos, como el mamarracho de la Operación Talento o el obligado paso atrás en las ordenanzas fiscales de Urbanismo que disparaban los precios y creaban nuevas tasas, pero prácticamente ningún caso de corrupción, salvo las colocaciones de allegados que efectuó a las primeras de cambio el joven concejal José Luis García, delegado del distrito Sur, a quien Zoido estuvo a punto de dejar sin competencias de gobierno.

Los equilibrios e influencias dentro del propio gobierno indican con claridad -otro año más- que quienes ejercieron de látigos en los años de oposición han perdido fuelle. Y no lo recuperan. Son los casos de Curro Pérez y Beltrán Pérez. La única excepción es la de Gregorio Serrano, que mantiene una evidente afinidad personal con el alcalde y que ha sabido mudar con rapidez hacia un perfil claramente institucional tras años de durísima fiscalización en los temas de Hacienda. Los Pérez han pasado de ser actores principales en el acoso y derribo del gobierno de PSOE e IU, a quedarse en áreas de gobierno de escasa relevancia. Es en estas decisiones donde al alcalde le gusta demostrar independencia. Un buen ejemplo de que la política es una noria que sube y baja. Y hasta se para.

Entre las apuestas personales del alcalde, Maximiliano Vílchez (Urbanismo y Medio Ambiente) tiene una lealtad contrastada hacia Juan Ignacio Zoido. Muy probablemente en esta forma de ser está la clave para soportar las zancadillas que recibe de entre sus propios compañeros de filas, así como en una Gerencia de Urbanismo donde el PP nunca ha tenido grandes referencias entre el personal laboral. Vílchez, de perfil sereno y moderado, no ha podido disimular en algunos plenos cierto grado de crispación que no siempre es provocado por los bloqueos de la Junta a los grandes proyectos que son de su competencia.

La delegada de Hacienda, Asunción Fley, es la perfecta responsable del dinero, el rompeolas idóneo para dar al traste con las presiones de quienes claman por más presupuesto. Su perfil serio y riguroso la convierten en una dama de hierro con fama de no pasar una en una política tan marcado por los chanchullos y los desvíos presupuestarios. El lema del cerdito que adorna su mesa de trabajo lo dice todo: La mejor forma de ahorrar es no gastar. Dentro del ejecutivo hay quienes refieren en su contra que gobernar con funcionarios en lugar de con políticos supone en no pocas ocasiones una ralentización de la gestión.

Entre los delegados de distrito, el favorito del alcalde es sin ninguna duda José Miguel Luque, que continúa con su labor de venta de la marca PP en Cerro-Amate. Zoido lo invistió de la condición de teniente de alcalde, lo que le coloca en las juntas de gobierno de cada viernes, y nada menos que en la ejecutiva regional del PP. Ejerce además como secretario del grupo político en el Ayuntamiento. Atesora la discreción que tanto gusta a un alcalde tan aficionado a las fotografías y a practicar el me alegro de verte por la calle, como medido en las declaraciones y obsesionado por ser reservado en los asuntos de gobierno.

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