Rafael Cremades

La ensoñación de un profeta en su tierra

  • Es un Richard Ford de ondas y pulgadas. Ayer dio en su ciudad natal el pregón de Semana Santa, cuyos cánones asentó en Triana, donde fue pregonero de su Velá.

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VINO de Córdoba a Sevilla igual que Anguita y Asenjo, pero Rafael Cremades (Córdoba, 1962) no se mueve entre electores y feligreses. Su mundo es el de los oyentes (Aquí estamos) y de los telespectadores (Éste es tu pueblo). En Canal Sur Radio y Televisión. Ayer volvió a su ciudad natal para dar el pregón de la Semana Santa. Salió simbólicamente desde la puerta del Príncipe de la Maestranza, cuyas mágicas estribaciones se atisban desde su casa de la calle Rocío.

El río que separa -y une- Sevilla y Triana es la medida de la dualidad, el principal aprendizaje que hizo en Sevilla. "Aquí encontré mi álter ego; el ego lo tengo en Córdoba, el álter lo encontré aquí. Yo soy cordobés, un tío serio, criado en una ciudad con una Semana Santa sobria, rigurosa, y aquí descubrí el sentido del humor, aprendí que estamos en esta vida para reírnos, en primer lugar de uno mismo".

Los días previos al pregón, "un ochenta por ciento lo he escrito en el coche, recorriendo Andalucía", ha viajado a Alosno, patria del fandango, cuna de Paco Toronjo y Lauren Postigo, y a Atarfe, a la plaza de toros de este pueblo granadino donde Adolfo Suárez pronunció un mitin que terminó en espantá taurina.

Baña sus amaneceres a orillas del mítico Betis, nombre romano del río que es autopista de Triana. Nació en Córdoba el año que el equipo de su ciudad subió a Primera División y permaneció siete temporadas consecutivas en la élite, incluido un año, 67-68, en el que bajaron a Segunda los dos equipos sevillanos y el del Arcángel se mantuvo al superar una promoción frente al Calvo Sotelo de Puertollano. "Mi tía era vecina de Reina padre", dice del portero cordobés internacional, padre del guardameta del Nápoles, que jugó con el Atlético una final de la Copa de Europa frente al Bayern Múnich.

Ha vuelto al lar de los poetas de Cántico desde la ciudad donde los poetas del 27 se reunieron para honrar la memoria del cordobés Luis de Góngora y Argote. Dualidad de culteranos con Quevedo. Está su ciudad natal, a la que ha vuelto triunfal, presente en dos epicentros cofrades de su ciudad adoptiva: la calle Córdoba, lateral del Salvador, se rotuló con ese nombre el mismo día que en Córdoba se hizo lo propio con la calle Sevilla. Y escoltando la muralla de la Macarena se encuentra la Puerta de Córdoba, rescoldo nominal de una de las muchas puertas que tuvo Sevilla.

Puertas que abrió de niño sin saber que terminaría abriendo sus ventanas para respirar el aire de Al Mutamid y de Cernuda. "El primer recuerdo que tengo de Sevilla es a través de la pariente de una tía mía, una señora que estaba casada con un cochero de caballos que vivía en Triana. Una vez vinimos a verlo y se me quedó grabada una churrería en la calle San Vicente de Paúl".

Un niño de siete u ocho años, justo cuando el equipo de su ciudad le decía adiós a su edad de oro balompédica, vino a la Feria del Prado. "Mi padre me compró un avioncito que yo llevaba como si fuera un invento". El recuerdo más premonitorio, guiño del destino, lo asocia con un amigo de la adolescencia. "Su madre era de Triana. Este amigo me regaló el primer disco de Triana, El Patio, que empecé a escuchar y repaso como una ensoñación". Evoca la portada de Máximo Moreno, las canciones de El Patio escuchadas en la ciudad de los patios.

En el pregón de Córdoba ha habido mucha Triana. Después de sonar el Ave María de Giulio Caccini, su compañera Pilar Astola salió al escenario del Gran Teatro de Córdoba envuelta en un mantón. La Virgen de los Dolores no lleva palio y para ejecutar este ejercicio de baile, complemento a la palabra, se han inspirado en los movimientos a domicilio de un costalero de San Gonzalo.

De los pregones de Sevilla, estuvo en el que pronunció su amigo y colega Carlos Herrera. Unidos por el veneno de la radio, a Cremades la vocación le surgió oyendo a los grandes: José Luis Pecker, Joaquín Prat, Luis del Olmo. La calle Pureza donde murió Demófilo, padre de los Machado, es una radio coral, folclore puro. Lo saludan desde el bar Remesal, donde huele a incienso. Y en la plazuela de Santa Ana, junto a la iglesia, catedral de Triana, donde bautizó a su hija Ana. En el bar están sentados unos suecos que después se detendrán ante la placa de la casa donde nació la actriz Antoñita Colomé.

Rafa Cremades fue pregonero de la Velá de Santa Ana. La fiesta grande de Triana, colofón estival de la Semana Santa, viaje de interiores, y del Rocío, devoción impresa en el nombre de su calle. Es un Richard Ford de las ondas y las pulgadas que comunica para viajeros y lectores en casa, como rezaba la guía michelín de aquel hispanista yanqui que vino a Andalucía por prescripción facultativa y se la recetó a miles de pacientes. Recorre el dédalo de calles de Triana con Pilar y Rafael Astola. Su cuñado es chófer y maquillador del pregonero. A ella la conoció cuando la bailaora participaba en Canal Sur Televisión en La Venta del Duende, un programa en el que compartía cartel con Eulogio Serrano y José Luis Montoya. Cabales a carta cabal.

El río trae toreros a la Maestranza como los atlantes de los que hablaba Alberti. Cremades, cordobés de Ciudad Jardín, remontó el curso fluvial río adentro, Mekong de su memoria. Meandros del niño, adolescente, que se acercó a Sevilla a fogonazos de pasión, sin perder el guión de los versos de Pablo García Baena o Vicente Núñez. Que hizo sus primeros pinitos en el periodismo cofrade en el programa Paso a Paso, en Córdoba, y después en El Llamador. El pregón pasó. Ya no es ayer. Mañana no ha llegado. Que no se enfade Góngora. Son de Quevedo.

Vivir en Triana, convivir en la Alameda. La línea Maginot vital de este Séneca timbrado de arcángel en la pila bautismal.

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