Calle Rioja

Te envío canciones de 4.40

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MUY publicitario y nada comercial. En las campañas de rebajas de los grandes almacenes, las cifras suelen formar parte de la zona prosaica de las ofertas, pero en esta ocasión tres números, 4.40, se han colado en la poesía susurrante de la captación de clientes. El Corte Inglés suele acudir a programas televisivos de gran audiencia (Cuéntame, Cámera Café, Sé lo que hicistes...), pero este año eligió a un cantante venezolano, Carlos Baute, y una canción que interpreta con la coruñesa Marta Sánchez. Es la canción del verano, esa historia de amor en la que alguien dice: "Te envío canciones de 4.40".

4.40 es el nombre del grupo musical que desde sus inicios acompaña al cantante dominicano Juan Luis Guerra y se refiere a los 440 hercios de la frecuencia de la nota que los músicos suelen utilizar como referencia para afinar los instrumentos. Guerra sacó de las consultas médicas la bilirrubina, de los bancos la visa para un sueño y consiguió que millones de incondicionales siguieran su súplica para que lloviera café en el campo. Reforma agraria que de paso sirvió para traer desde el Caribe a España el merengue y la bachata.

¿Qué se puede encontrar por 4,40 en la cadena que ha elegido este número como señuelo de sus rebajas? Aunque parezca mentira, casi nada. "4,40 no es una cifra comercial", dice uno de los responsables del departamento de librería de El Corte Inglés, "te va a costar trabajo encontrar ofertas a ese precio". La canción literaria del verano se apellida Larsson, no sólo el autor de la trilogía Millenium, sino su compatriota Asa Larsson, una profesional del Derecho tributario que se ha hecho un hueco en la novela negra, la gran especialidad de los escritores suecos, con su libro Aurora boreal. Cinco ediciones.

El reportero recorre las siete plantas del antiguo palacio de Sánchez Dalp en busca de gangas de 4,40. Toda una odisea. Calcetines de fantasía a 4,20. Polos de piqué a 4,95. Bote de tres pelotas de pádel a 5,20. Con la analogía de las señales horarias, priman las ofertas de las menos cuarto (9,45, 12,45) sobre las menos veinte. La ropa se va por las nubes de los decimales cuando subes las escaleras mecánicas. En la planta de alimentación, el investigador asiste a lo que en sus notas de apuntes, entre las suspicacias de algún empleado, llama la guerra al 4,40. Una bandeja de muslos para ajillo cuesta 4,39 euros, el mismo precio que marca la lata de habitas tiernas Gutarra.

Por 4,40 euros se pueden comprar dos paquetes de limones Sol y Tierra de origen surafricano o dos paquetes de espinacas. A 2,20 la unidad. El mismo precio que tiene el paquete de borrajas variedad Flor Blanca fabricada por Hermanos Nené, de procedencia aragonesa. La borraja es comestible y la infusión de sus flores se emplea como sudorífico, aunque esto lo leerá después el investigador en el diccionario, donde se siente señalado con el dedo cuando aprende que borrajear es escribir sin asunto determinado. Pasemos el cáliz del agua de borrajas.

No pierde, no obstante, la esperanza de encontrar un artículo que cueste las redondas 4,40. O no llegan o se pasan. Pechuga asada de pollo, 4,30. Pechuga empanada, 4,50. Es una conspiración en toda regla. La Milagrosa de Monterrubio fabrica un aceite ecológico que se vende a 4,45. Los filetes de melva canutera (4,15) y el azafrán puro de la Mancha (4,20), se acercan pero el objetivo sigue siendo inalcanzable.

En mareo de cifras, prueba con los vinos: rozando el larguero de los decimales, encuentra un vino tinto argentino San Huberto por 4,35. Sin abandonar el negociado de los caldos, encuentra su eureka particular. El Quintanal, vino rosado Ribera del Duero. Se emociona cuando ve las cifras, 4,40, en la caja registradora. Ya en casa, lee la ficha técnica: vino embotellado por Cillar de Silos. Origen: Quintana del Pidio (Burgos). Silos remite al encierro monacal y a una misiva imaginaria: Te envío oraciones de 4,40.

¿Queda algo de 4,40? La dependienta de la sección de discos se dirige al panel de Músicas del Mundo. Quedan dos cedés de La llave de mi corazón y uno de Para ti, discos de Juan Luis Guerra y 4.40. 18 euros. Escoltado por Caetano Veloso a un lado y Luisito Ayala y la Puerto Rico Power al otro. Las gangas musicales se venden a 4,95, con Antonio Flores hermanado en el precio con Manolo Escobar. Por 4,40 se pueden conseguir cuatro sandwichs de nata o cuatro calippos en la heladería instalada en la entrada principal. En la quinta planta, junto a Oportunidades, está la cafetería. Nada a 4,40. Entre las sugerencias para la merienda, un amplio surtido de suculencias y precios que no pasan de los 4,30 marcados para las tartas de manzana, chocolate, crema catalana, de Santiago, San Marco y Selva Negra. Si le echamos diez céntimos de merengue, tendríamos los 4,40 en la merendola.

A las 4:40 de la tarde, el termómetro de la Barqueta marca 40 grados. Allí está la parada del 14 y el 40, que vienen del Polígono Norte y Los Remedios y rinden en la plaza del Duque, a cuyos escaparates se asoma Carlos Baute con la canción del verano y, ay, las ropas del invierno.

El soniquete del 4,40 está en la radio, en la televisión. Homenaje de Venezuela a la República Dominicana. Al fin y al cabo, El Corte Inglés es una aventura que se inició en Cuba. La canción la escuchan quienes van a por atún y a ver al Duque, parafraseando el clásico de las almadrabas. Voz de festival de la Oti que va de perfumería a marroquinería y que escucha el cliente, como les consta al arquitecto Javier Queraltó, al arabista Rafael Valencia o al ex pregonero Joaquín Caro Romero.

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