Esa fe que llega de los Cárpatos

  • Cientos de rumanos celebraron el pasado fin de semana en Su Eminencia la Pascua Ortodoxa

La familia Nicolae llegó a España hace cuatro años desde Targoviste (Rumanía). Desde entonces, Marin y Mariana, padres de siete hijos, se han dedicado al cuidado de una finca cercana a Extremadura. Ayer, se trasladaron hasta la barriada de Su Eminencia para acudir a la homilía que, con motivo del primer día de la Pascua Ortodoxa, se ofició en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen. "Una ocasión especial e inesperada para los rumanos", señaló Marin antes del comienzo de la misa, ya que, a pesar del aumento de ciudadanos del Este practicantes de esta religión y que viven en Sevilla, no hay ni sacerdote ni templo dedicado al culto de esta iglesia en la ciudad.

Desde hace unas semanas, en distintas publicaciones dirigidas a la comunidad rumana y en carteles pegados en los locutorios se anunciaba este evento. Los responsables de ello, la Asociación de Amigos de los Rumanos en Sevilla y Andalucía. Su presidenta, Diana Ceausu, estuvo presente en la misa de ayer. "Esta es la segunda vez en cuatro años que conseguimos un espacio donde celebrar la Pascua", explicó la presidenta. Unos trámites lentos en su resolución que siempre han contado con el apoyo del cuerpo consular rumano.

En esta ocasión, la petición fue más sencilla: "En esta zona viven muchos rumanos, así que hablamos con el párroco y con el vicario y nos cedieron esta parroquia para celebrar las tres misas que hemos realizado desde el pasado viernes, oficiadas por un cura procedente de Brasov, Raducu Ioan", dijo Diana.

En Andalucía, según tienen registrado en la organización, viven 114.000 rumanos. Sólo en Motril (Granada), los fieles a la Iglesia Ortodoxa pueden practicar su fe en un templo de su religión y con el único cura de esta iglesia que vive en la región, Postoi Ioan, encargado "de forma generosa", aclara Diana, de oficiar cualquier "bautizo, boda o celebración religiosa que se haga en Sevilla".

Los actos litúrgicos de la Pascua ortodoxa comenzaron en la noche del pasado viernes con la ceremonia dedicada a la muerte de Cristo. "Una noche en la que todos, incluido el sacerdote, se visten de negro y rezan a la tumba de Cristo ante un altar improvisado para la ocasión sobre el que se coloca un paño con esta escena", explicó la presidenta de la asociación rumana.

Ya el sábado, se celebró la resurrección. En esa ocasión, el negro se sustituyó por el blanco "símbolo de la purificación y la luz de Dios". Un oficio numeroso, al que acudieron más de 250 personas de distintas procedencia y nacionalidad (rumana, griega, búlgara, rusa...), entre los que se encontraban el cónsul general de Rumanía, Mónica Mihaela y el cónsul en Sevilla, Plaiesu Aurel.

Pero fue ayer, el primer día de Pascua, cuando la tradición se vive de una forma más especial. "En este día nos deseamos unos a otros una feliz Pascua", comentó Delia Moldovan, que tras ocho años en España pide "para este barrio, donde hay tantas personas del Este trabajando en la agricultura, el derecho a tener en poco tiempo una iglesia ortodoxa".

Como curiosidad de la Pascua, destacó Diana Ceausu, el reparto, tras la misa del primer día de pascua, de los tradicionales huevos pintados de rojo y del bizcocho que comparten las familias en los hogares para celebrar "la resurrección del Padre".

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