La futura estación tendrá capacidad para eliminar un 95% de los residuos

Emasesa lleva desde hace unos años prestando especial atención a una recomendación de 2002 de la Unión Europea para mejorar la calidad de sus aguas residuales, por lo que ha comenzado a aplicar nuevas técnicas de depuración que permiten que el agua vertida al Guadalquivir esté completamente limpia, apta para el riego de zonas verdes si fuera necesario.

Se trata de la denominada depuración terciaria, que ya se pone en práctica en la depuradora de El Copero y en la nueva de La Ranilla, que supone la incorporación de nuevas teconologías para el tratamiento de aguas residuales que utilizan muy pocas ciudades en España por su elevado coste económico. El proyecto a medio plazo de la empresa metropolitana de aguas es trabajar con este método en todas las estaciones.

La depuración terciaria consiste en la eliminación de la materia orgánica de las aguas residuales en un porcentaje superior al 95%, además de otros compuestos de nitrógeno y fósforo, que no son eliminados al completo en tratamientos más sencillos y que resultan perjudiciales para los ecosistemas. El agua resultante de un tratamiento terciario es prácticamente potable, aunque la ley prohíbe el uso de este tipo de aguas para el consumo de la población.

En el tratamiento primario se eliminan del agua los elementos sólidos en suspensión procedentes de la red de saneamiento de la ciudad hasta en un 85%. El tratamiento secundario incluye procesos químicos y biológicos cuyos rendimientos en eliminación de materia orgánica alcanza el 90%. Y en el terciario, además de todas las operaciones que se efectúan en las dos fases anteriores, se añaden otros procesos para la eliminación de residuos en un 95%. El nitrógeno y el fósforo son los dos elementos responsables del crecimiento de algas que acaban con el oxígemo de las aguas, una d elas preocupaciones que existen a la hora de preservar los valores de una zona como la cuenca del Guadalquivir. La eliminación del nitrógeno se realiza por una vía biológica: unos microorganismos se encargan de asimilar el nitrógeno o convertirlo en gas. El fósforo puede eliminarse igual o por vía química con una adición de reactivos.

Ciudades como Madrid, Barcelona y sevilla procuran extremar las precauciones a la hora de organizar los vertidos. En el caso de la capital andaluza, se realizan en el Bajo Guadalquivir, una zona calificada como Lugar de Interés Comunitario por su importancia medioambiental, una razón por la que urge que el método de tratamiento del agua residual sea el terciario.

La última estación depuradora que ha puesto en marcha el Ayuntamiento es la de La Ranilla, que ha sustituido a la construida en 1980 y que ha supuesto una inversión cercana a los 70 millones de euros. Emasesa ha situado esta estación a la vanguardia de los centros de tratamiento de agua de toda España. La construcción de las nuevas instalaciones en el término municipal de Alcalá de Guadaira se ha llevado a cabo en una extensión de 15 hectáreas. Tiene una capacidad de tratamiemto diario de hasta 90.000 metros cúbicos al día, casi el doble que la anterior y el triple de las necesidades de depuración de aguas residuales registradas en 1980. Esta nueva estación recoge las aguas residuales de una población de 400.000 ciudadanos residentes en Sevilla y Alcalá de Guadaira, así comos los vertidos de unas 4.500 empresas, de las que la mayoría -más de 3.000- están radicadas en los polígonos industriales alcalareños. Gracias a esta infraestructura es viable, por ejemplo, la existencia de la gran factoría de Heineken, cuyos vertidos llegan a La Ranilla. Esta estación es la segunda más grande de Andalucía tras la de El Copero.

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