Son y están · Juan José Afonso Rodríguez

"El futuro pasa por imbricar la sanidad y la dependencia"

  • Este cirujano comanda desde Sevilla 26 centros, 3.500 trabajadores y 560 voluntarios de Andalucía, Madrid, Extremadura, Canarias y Castilla-La Mancha, asumiendo el espíritu de una institución con cinco siglos de historia y muy a tener en cuenta al ser innovadora en la atención a enfermos y desfavorecidos aunque pinten bastos financieros.

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EN nuestro recorrido por el Hospital San Juan de Dios en Nervión, donde tiene su despacho, vemos una escena curiosa. En el dispensario de medicamentos, uno de los hermanos de la Orden trabaja como un empleado más, y saluda a Juan José Afonso como su director. Pero, desde el punto de vista jerárquico, es obvio que son los religiosos quienes comandan el gobierno de la Orden. Y quienes, previa deliberación, confiaron en él para dirigir la gestión de toda su red en la Provincia Bética, una de las dos en las que se divide su implantación en España.

Juan José Afonso nació hace 52 años en la isla de La Palma. Su esposa es enfermera, residen junto al Prado de San Sebastián y tienen dos hijos, que estudian Historia y Psicología en la Hispalense. Juan José Afonso ha desarrollado en Tenerife gran parte de su carrera médica antes de trasladarse el año pasado a Sevilla. Su formación como cirujano dio un gran salto de calidad durante su estancia de dos años en Filadelfia. Está dedicado a la gestión sanitaria desde el año 2000, cuando le ofrecieron dirigir el hospital de la Orden de San Juan de Dios en Tenerife. Tras cinco años, asumió ese tipo de función en otros hospitales públicos y privados de dicha ciudad canaria.

-¿Qué le llama la atención, desde el punto de vista sanitario, de la Orden de San Juan de Dios?

-Sus hermanos tienen un modo especial de hacer las cosas. Lo que dicen, lo cumplen. Ahora, cualquier programa de calidad de toda institución sanitaria pone en grandes letras: "Todas nuestras instalaciones van dirigidas a la atención integral de la persona. La persona atendida es el centro". Eso, en la Orden de San Juan de Dios, es el primero de sus principios fundamentales desde hace 500 años. Es tan atractivo que, con 50 años, me ha impulsado a dejar una vida ya cómoda y resuelta en Tenerife, para levantar mi casa, trasladar toda la familia a Sevilla y afrontar la gestión de una red de hospitales y centros de atención por media España. Con 1.089 camas hospitalarias, 1.590 plazas para salud mental, 616 plazas para discapacitados, 265 de atención integral a mayores, cuatro comedores sociales, etcétera.

-Háblenos de labores de voluntariado que pasen desapercibidas.

-Por ejemplo, en Sevilla un programa de ayuda domiciliaria, altruista y voluntario, que incluye acompañamiento, resolver papeleo en los bancos, ir a la farmacia a comprar lo que muchas personas mayores no pueden hacer por estar impedidas, etcétera. Todo sistematizado y reglado, tras detectar necesidades y proponérselas a la gente que se acerca a nosotros para ayudar.

-¿Qué presupuestos manejan?

-Básicamente los concertados con las administraciones públicas de cada autonomía en la que estamos. Además tenemos relaciones con aseguradoras, y las voluntarias aportaciones desde la sociedad. En Andalucía, lo principal es el concierto firmado con la Consejería de Salud por 28 millones de euros al año. Esto cubre toda la atención sanitaria. Un modelo de gestión muy singular es el Hospital del Aljarafe, en Bormujos. Está consorciado al 50% con el SAS y en el consejo de administración nos sentamos en paridad. Funciona como un hospital más de la red pública andaluza. Y con unos resultados espectaculares en los indicadores de calidad asistencial: lista de espera, gestión económica, gasto de farmacia… De los mejores de Andalucía. Es un modelo de éxito a tener en cuenta.

-¿Qué se plantearon para dignificar los comedores sociales?

-En el de Sevilla (calle Misericordia), da gusto trabajar con la asociación Tú Sí Puedes, estar con ellos es una inyección de dinamismo y entusiasmo. En el economato social que acabamos de abrir en Jerez, evitamos dar la imagen dolorosa de vivir de la caridad. A sus usuarios les damos unos cupos de compra mensuales y pagan una cantidad. Así no dicen "He ido a pedir comida",sino "Voy a comprar a un sitio que tiene precios muchísimo más asequibles".

-¿Es tiempo de nuevos modos de afrontar viejos problemas?

-Sí. Otro ejemplo: ancianos a los que acogemos aunque no estén concertados con la Administración pública. Corremos con los gastos, a veces lo saben y a veces no, con la complicidad de la familia. Otro programa con el que la Orden innovó fue el de respiro familiar para cuidar a los cuidadores de discapacitados psíquicos. Y otro muy exitoso, que aplicamos a más de 600 niños en Andalucía, es de atención temprana para estimular precozmente a niños, de cero a seis años, con trastornos cognitivos y físicos. Damos un servicio adicional de apoyo a las familias, psicológico y de conducta, para que sepan cómo deben tratarlos. Y nuestros trabajadores sociales detectan las necesidades de esos niños, y les dan ropa, calzado, leche, papillas, etcétera, para llevárselas a casa. Esto se hace de modo natural. Es una de las cosas que te enganchan en esta institución. No se publicitan, pero se hace, es algo constante y nuclear en el quehacer. Todos los trabajadores tienen eso integrado en su adn de cómo hacer las cosas. Es el hecho diferencial de esta institución.

-¿Se tiene conciencia de lo que es hoy la Ciudad San Juan de Dios en Alcalá de Guadaíra?

-Aún se conoce poco la profunda renovación que ha tenido. En total hay 275 usuarios. No es sólo un centro de internamiento de niños discapacitados, es un centro de rehabilitación y de reinserción social. Hay programas para adultos, hay un centro de empleo, con una lavandería industrial que da servicio a los hospitales de la Orden en Andalucía, en la cual se lavan diariamente más de cinco mil kilos de ropa. La plantilla es de discapacitados. Cuando hablas con ellos o con sus familias es cuando valoras cómo les ha cambiado la vida. Y además, existe una fundación que tutela los derechos de los acogidos y sus bienes ante el fallecimiento de sus familiares.

-¿Qué va a suceder si la Ley de Dependencia no se cumple, por falta de dinero?

-Nadie tiene hoy una respuesta sobre cómo se va a sostener desde las arcas públicas el gasto en asistencia social. Las autoridades son conscientes del problema, y me consta que hacen todo lo que pueden. Es importante reflexionar sobre dónde está la linde entre lo sanitario y lo sociosanitario. ¿Por qué no crear dispositivos o programas que atiendan conjuntamente ambas necesidades? Pensemos, por ejemplo, en los mayores dependientes que entran en asilos, y que de forma periódica necesitan apoyo sanitario. Es una ventaja por la sensibilidad hacia el usuario, y economiza costes. La Orden de San Juan de Dios apuesta por esa fórmula, tiene experiencia en combinar dos tipos de instalaciones y de personal. Y somos un aliado de la Administración por vocación de servicio público, sin afán de lucro y con transparencia. En una época de dificultades económicas, por ahí podemos aumentar la eficiencia y la capacidad de respuesta a un problema enorme como la dependencia, que va a ir creciendo.

-¿Le sorprende que las empresas farmacéuticas bajen ahora hasta un 70% el precio de sus fármacos, para que no se usen los genéricos?

-Quiero pensar que se dan cuenta de que hay que arrimar el hombro. Una de las cosas buenas del tiempo de crisis que nos ha tocado vivir es que obliga a replantear los posicionamientos éticos. La cultura del todo vale, del cuanto más mejor, está en revisión. En la campaña para promover el voluntariado con nosotros, la pregunta a los aspirantes es: ¿Quiere ser feliz? Y se es feliz de verdad, es una pena que más gente no lo experimente y atienda a un niño con problemas, o cuando se ayuda a un infartado. Por desgracia, el mundo occidental ha vivido décadas persiguiendo un modelo falso de felicidad que nunca llega, y la burbuja le ha estallado.

-¿Los recortes en la sanidad pública favorecerán a la privada?

-No lo sé. Afortunadamente no tengo responsabilidades públicas porque están en un momento realmente complejo. La cobertura universal que garantiza nuestro modelo sanitario es un bien a preservar por encima de todo. No se puede bajar la calidad. La Administración tiene que desarrollar herramientas de gestión para hacer más cosas con menos dinero. Vuelvo a poner de ejemplo el Hospital del Aljarafe, en el que se logra una implicación distinta del personal, y tenemos más agilidad para resolver los problemas y las contrataciones. En los hospitales de pago, es lícito que quieran ganar dinero. Y estoy convencido que para ello no escatiman medios. Las autoridades sabrán forjar alianzas para mantener la cobertura social mientras se resuelve la financiación.

-¿Cómo es la relación de vecindad entre los ciudadanos del entorno y sus centros en Eduardo Dato, Sagasta, Misericordia, Aljarafe, etcétera?

-Es buena, pero que hay que potenciarla. La vocación de la institución es integrarse en el entramado social. Saben quiénes somos, vienen a ver los belenes, o a misa, pero conocen poco lo que se hace dentro. Organizaremos jornadas de puertas abiertas, vamos a tener maratones populares con objetivos concretos que alcanzar en temas de dependencia, queremos que los vecinos formen parte de nuestra estructura y de nuestros dispositivos. Que sientan suya la labor, como voluntarios, y que la difundan.

-¿Por qué en España han coincidido la gran subida del nivel sanitario y la caída del nivel educativo?

-En las últimas décadas hemos vivido en una sociedad muy hedonista. Eso ha conllevado una baja tolerancia a la frustración y una menor capacidad de sacrificio. Y la educación requiere esfuerzo. La sociedad se ha relajado en exceso en esa materia. Todo consiste en conseguir resultados inmediatos sin necesidad de esfuerzo. El problema va más allá del sistema educativo.

-¿Alguna vez será posible que todo el año se alcance el nivel de solidaridad que provoca la Navidad?

-Sí, ya hay mucha gente que lo hace. Las necesidades son tantas que hemos de utilizar también las apelaciones al espíritu navideño para mover voluntades en ese momento. Pero estoy de acuerdo, hay que mantener esa actitud todo el año.

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