Una gran familia en la carretera

  • La III Concentración Motera de Espartinas refleja un fenómeno creciente y expuesto a los tópicos

El recinto ferial de Tablantes en Espartinas pareció, durante el fin de semana, el escenario de una road movie estadounidense: chaquetas de cuero negro, fornidos y tatuados barbudos bebiendo cerveza en sus jarras metálicas, sus chicas con vaqueros ajustados, niños rubios correteando entre las Harley Davidson aparcadas, puestos vendiendo camisetas con los retratos de los ídolos del pressing catch o los símbolos de famosas bandas...

Y sin embargo, la III Concentración Motera de la Espartinas, que reunió ayer a unos 200 moteros, fue más que nada una reunión de amigos, incluso "familiar", como lo expresaba Miguel Lomo Plateado, uno de los más de cien miembros del Club Misyl de Mairena del Aljarafe, quien a pesar de las indumentarias de cuero, los motes o los tatuajes resaltó la absoluta normalidad de una afición que aúna el deporte, las salidas, la libertad, la música, pero no "un modo de vida diferente".

Aunque no a todos gusta lo mismo. Miguel y sus amigos, por ejemplo, están en el espíritu custom, las motocicletas personalizadas que conservan el sabor tradicional y el clasicismo no ya de las Harley Davidson, sino de otras en tre las que, una muy apreciada, por su "manejabilidad y buen precio", apunta Miguel Lomo Plateado, es la Drag Star 1110, de las que ayer había unas cuantas.

Otros, como Gustavo , del Club de Motos Espartinas -organizador de la reunión- optan por unas Naked (motos de carretera, sin muchos aditamentos, en su caso una Yamaha FZ6) mientras que un tercer grupo serían las R o de carretera pero deportivas.

Gustavo era el concesionario del bar del evento, y a través su establecimiento habitual, Bar O'Hanna, sirvió a los participantes una barbacoa y, por supuesto, las bebidas, aunque para romper mitos, sobre todo mucha "sin alcohol. Aquí la gente controla". Nada que ver tampoco su comportamiento con las peleas de bares de motoristas que suelen verse en las películas. "Al contrario. Es excelente. Y son clientes que, si te piden una cerveza, te dan el euro. No tienes que ir detrás de ellos para cobrar".

En el escenario, el grupo Bad Sign empieza con su repertorio "de música rutera", y Sweet Home Alabama comienza a agitar al personal, mientras que fuera se forma un pequeño revuelo cuando un motorista de melena y barba rubias, con una preciosa Harley Davidson, aparca en la entrada. "Es El Fallita, el número uno", explica Gustavo.

María Rosa, miembro del grupo en formación Los Guarretes, está de acuerdo: "Sale siempre en las revistas". Uno se pregunta si es por la moto, o porque se asemeja más al modelo a fin de cuentas foráneo en el que se fijan, pero se trata de otra cosa, aseguran: "Es que es el más competente. Aquí somos todos una familia. Si alguien tiene un problema en la carretera, todo el grupo se para para ayudarle. Se gana la vida con su excavadora, aquí el que no trabaja no puede permitirse esto", afirma María Rosa. Más de 800 euros por una equipación, 500 por una chaquetilla de cuero con el logo del club o un mínimo de 8.000 por una moto custom lo atestiguan.

Como en las familias, las mujeres van cambiando su rol. "Antes yo iba siempre como pasajera y ahora llevo mi propia moto -afirma María Rosa-. Aunque prefiero que me lleven, porque hay por ahí algunos haciendo el loco. Eso sí, el fin de semana pasado vinieron las cordobesas y cada una traía detrás a un guayabo".

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