El mito se hace carne en el barrio de Santa Cruz

  • La plaza de los Refinadores fue el escenario donde se interpretó, como es tradición cada 1 de noviembre, 'Don Juan Tenorio'

Aún faltaban unos minutos para las 12:00 y la clásica plaza de los Refinadores, ubicada en el céntrico barrio de Santa Cruz, ya olía a jazmín, a lluvia y a churros con chocolate. Y es que fueron muchos los que ayer salieron pronto de casa para asistir a la tradicional representación, que con motivo de la festividad de Todos los Santos, se hace de Don Juan Tenorio en su versión Don Juan Tenorio en las calles de Sevilla.

"Antes se hacía por la noche, pero desde hace unos años se representa de día, y aquí estoy con los niños y el desayuno para no perder el sitio", comentaba Isabel Callado, vecina de Los Remedios, antes de que los miembros de la compañía Viento Sur Teatro comenzarán a interpretar algunas de las escenas más destacadas de la obra recreada por Zorrilla en el siglo XIX.

En un escenario inmejorable, presidido por la estatua del Tenorio que se exhibe en la plaza, un centenar de espectadores aguarban el comienzo de la obra en un ambiente que bien podía evocar a los corrales de comedias. Entre tanto público, siempre los hay más despistados. Margaret, una estudiante inglesa de español, que paseaba por el barrio se sorprendía de lo que allí acontecía: "Conozco el personaje de Don Juan pero no sabía que existía esta tradición y que tanta gente venía a verlo", añadía.

De pronto, el sonido de un tambor provoca que las voces se acallen. Entra en escena Ciutti, fiel servidor de Don Juan, y presenta la obra. Desde ese instante hasta el final de la representación cinco actores (Gigi Suárez, Juan Luis Corrientes, Aida Santos, Mar Herrera y Fali Cruz) entraron en escena, dirigidos por Maite Lozano, y encarnaron a los distintos personajes que dan vida al Tenorio.

Ya en la primera escena, la apuesta entre Don Juan y Don Luis Mejía en la Hostería del Laurel, la compañía logró hacerse con los aplausos de un público entregado al mito unido estrechamente al barrio. Susana López explicaba en voz baja a sus dos hijos, Alejandro (7 años) y Nerea (5 años), las claves de una obra que "aún no conocen porque son muy pequeños, pero que para mí es de mis favoritas", afirmó al concluir la obra.

En el espectáculo no faltó de nada. Ni la pasión con la que los actores interpretaban a sus personajes, ni las escenas más clásicas que algunos, incluso, se animaron a recitar -como el "no es verdad ángel de amor..."-, ni el desmayo de Doña Inés o las artimañas de su superiora, Brígida. El colofón lo puso la música de la tuna de la Facultad de Filosofía, que interpretó parte de su repertorio frente a la estatua de Don Juan y, entre aplausos, colocaron a sus pies una corona de laurel. Entre vítores, Don Juan Tenorio se despidió como siempre, con la eterna promesa de resucitar el próximo año en el Día de Todos los Santos.

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