El ingreso en prisión del 'otro' Adrián

  • El joven condenado por robar una bicicleta hace ocho años entra en el Centro de Inserción Social para cumplir su pena y tratar de mantener su empleo.

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Adrián Moreno llega a la puerta del Centro de Inserción Social (CIS) de Sevilla veinte minutos antes de lo previsto. Le acompañan su madre, Mari Luz Delgado, y su mujer, Valme Daza. Su abogado, Ángel Bordas, había citado a los medios de comunicación a las nueve de la mañana en la puerta de este establecimiento penitenciario. El letrado no está, ha preferido irse a los juzgados para tratar de conseguir in extremis una nueva suspensión de la condena de seis meses impuesta a este joven de 26 años por el robo de una bicicleta cometido hace ocho. 

La temperatura es agradable. A la sombra hace hasta fresco. Adrián viste una camiseta rosa, un pantalón vaquero corto y unas chanclas. Se coloca las gafas de sol sobre la frente para atender a los medios de comuniación que le esperan desde hace un rato. No lleva bolsa ni macuto. En una mano porta dos paquetes de Ducal, una pequeña cartera y un teléfono móvil. En la otra unos papeles. "Es la orden de ingreso en prisión", dice.

Está nervioso. Atiende a la prensa y repite varias veces lo mismo. Los periodistas de las diferentes cadenas de televisión le hacen varias veces las mismas preguntas, para que las respuestas coincidan con sus conexiones en directo con los programas matinales. Adrián responde. Está emocionado, no llora pero parece haberlo hecho antes, quizás en el trayecto en coche o antes de salir de su casa, en la que vive con su mujer, sus suegros y sus dos hijos pequeños. 

Los fotógrafos le piden que se coloque junto al cartel del CIS para la foto, los reporteros de televisión que lo haga junto a la puerta de entrada de los coches para que ésta haga sombra porque tienen un contraluz demasiado fuerte. Adrián se mueve de un sitio a otro como si fuera un autómata. Asiente. Y tiembla. Tanto que un fotógrafo interrumpe por un momento su trabajo, se acerca a él y le da un golpecito amistoso en un hombro. "Venga, ánimo". Adrián da las gracias. Su mujer y su madre contemplan la escena a unos metros, mientras atienden también a varias cadenas de televisión.

El joven vuelve a contar más o menos lo mismo que ya ha repetido tantas veces en el último año. Cuenta su historia, explica que tiene antecedentes y que por eso no se ha podido conmutar su pena por una multa y se siente víctima de una injusticia. No por el hecho de ingresar en prisión, sino porque tenga que hacerlo ocho años después del robo por el que fue condenado. En este periodo le ha dado tiempo de fundar una familia y de encontrar un empleo como camarero que quiere mantener a toda costa, puesto que su sueldo es el único ingreso en su familia. Por eso ha acudido hoy al CIS y no a la cárcel de Sevilla I. "Por eso estoy aquí a las nueve de la mañana, porque si tengo que entrar en la cárcel lo habría hecho a las siete de la tarde y al menos hubiera pasado todo el día con mi mujer y mis hijos. Quiero convencer a esta gente para que me dejen trabajar", aclara.

Adrián no tiene demasiada facilidad de palabra. Se nota que lo pasa mal ante las cámaras. "Si las cosas se hacen, hay que pagarlas. Lo que no veo bien es que tenga que pagarlas ahora, tanto tiempo después, porque el que va a entrar en la cárcel es otro Adrián distinto al de entonces. Yo ahora tengo familia, estoy arrepentido y rehabilitado. Lo va a pagar otro Adrián", dice. El joven sigue esperando el indulto y admite que el último año ha sido "bonito" por el apoyo que ha recibido. El propio Ayuntamiento de Sevilla hizo una declaración, con la unanimidad de todos los grupos políticos, en su favor y se sumó a la petición de indulto. "Lo que no entiendo es por qué los partidos en Sevilla piden mi indulto y en Madrid no me lo dan, si son los mismos partidos". Una pregunta tan simple que no tiene respuesta.

Son ya casi las nueve de la mañana y su mujer y su madre entran en el CIS para preguntar cuáles son los pasos que tiene que seguir, mientras él sigue atendiendo a las televisiones. Advierte que a las nueve tiene que entrar y los reporteros le insisten que aguante un poco porque están en directo. "Adri, venga que tienes que entrar ya", grita su madre de la tapia. El chico interrumpe la conexión en directo. Está tan nervioso que se olvida de devolverle a la cadena de televisión que lo entrevistaba un teléfono móvil que le habían dejado y que funcionaba como canal de retorno. "¡¡El móvil, el móvil, que te llevas el móvil!!". Corre tras él la técnico del programa y él se vuelve para entregarle el aparato.

Después entra, acompañado por sus familiares, que salen unos instantes después. Su madre se para también con los medios. Da las gracias y admite que no sabe qué decir en ese momento. "Tengo la cabeza en blanco". Luego explica que lo ha visto bien, que cree que su hijo está entero y que lo ve fuerte, que ha aprovechado mucho los últimos días. "Ha estado con sus hijos y su mujer en el Parque y le ha venido muy bien". Tendrán que esperar para saber si puede cumplir su condena en el CIS y mantener su empleo, o por el contrario, será trasladado al edificio que está situado a apenas un centenar de metros, la cárcel de Sevilla-I. 

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