Un injerto 'hippy' que necesita cura

  • La mejora de la estética y la dotación de varias infraestructuras, mprescindibles para evitar un mayor declive del mercadillo del Duque.

Miércoles de mediados de junio. Once de la mañana. La Plaza del Duque aparece salpicada por lonas marrones y blancas. Los tenderos acaban de montar sus puestos ambulantes. El tráfico en la zona es incesante, al igual que el tránsito de personas. La mercancía acaba de colocarse. Una gama de artículos que, en su mayoría, se repite de puesto en puesto. Visto desde lejos, este mercadillo parece una de las muchas acampadas que realizan diversos colectivos delante de las instituciones públicas.

La sucesión de puestos apenas deja espacio visual para la contemplación de la estatua de Velázquez. La obra de Susillo emerge sobre una superficie salpicada de toldos. Un turista pregunta con cierta sorpresa por la colocación de estos puestos en un enclave tan céntrico de la ciudad. "Es el mercadillo hippy del Duque, uno de los más antiguos de Sevilla", le responde un autóctono que espera la llegada del 27.

Correas, bolsos, sombreros, anillos, chapas y pulseras son los artículos que más se repiten. También están los colgantes de las gafas de sol que tan de moda se han puesto los últimos años. El regateo es una práctica común en estos puestos. Algunos complementos se pueden rebajar hasta 10 euros. La mayoría de los tenderos son inmigrantes que llevan años vendiendo su mercancía en este enclave. También los hay sevillanos. En muchos casos, son negocios familiares. Cuando no están los padres, se encuentran los hijos al frente de la venta. La media de edad de los propietarios supera los 50 años.

Como bien dijo el sevillano que esperaba la llegada del autobús de Tussam, se trata de uno de los mercadillos más longevos de la capital andaluza. Cuenta con 30 años de historia. Fue en los 80 cuando el Ayuntamiento otorgó el permiso para la instalación de estos puestos ambulantes en pleno centro de la ciudad. Una venta alternativa frente a la convencional que ofertan los grandes almacenes ubicados en la Plaza del Duque de la Victoria.

Se instala de miércoles a sábado, y no todos los días cuenta con el mismo número de puestos. El máximo permitido y con licencia para instalarse en este enclave es de 45, aunque esta cifra suele alcanzarse los sábados. Los días laborales oscila entre los 20 y 30. Dede el Ayuntamiento se incide en que se trata del mercadillo "más regularizado de Sevilla". "No hay nada en él que éste fuera de la normativa", señalan fuentes municipales. Un control que obedece a su ubicación.

No son pocos los vecinos de la zona, sevillanos en general y hasta turistas que han cuestionado la conveniencia de mantener un mercadillo en un lugar tan céntrico. No les faltan razones. La principal es la afección estética al entorno. Una acampada en pleno centro. La otra, la reducción de la movilidad en esta plaza, pues los puestos impiden cruzarla libremente. Una dificultad que sufren, de manera especial, quienes han de acudir a las paradas de transporte público. Los puestos se distribuyen aprovechando los recovecos de la plaza. En la parte elevada sólo queda libre el pasillo central. En la inferior, un acerado mínimo para los peatones.

Críticas aparte, lo cierto es que este mercadillo no atraviesa su mejor época, tras el esplendor de décadas pasadas, cuando se hizo muy popular entre los sevillanos y los visitantes de la ciudad. Momentos de prosperidad a los que contribuyó el material artesanal que se vende. De hecho, hay artículos cuyo coste no es nada barato para los bolsillos, como correas hechas a mano por 50 euros.

Reflejo de este pasado es la clientela fija con la que cuentan muchos de sus vendedores. "Hay señoras que vienen todas las semanas a conocer el género nuevo", comenta un tendero que lleva desde 1994 con su licencia en la Plaza del Duque. "Antes acudían más personas, especialmente los jóvenes. Desde hace años nos mantenemos a duras penas con el goteo de clientes fijos y turistas. Los guiris se interesan bastante por nuestros artículos, especialmente por los de cuero".

Para entender el devenir del mercadillo del Duque hay que remontarse a 1985, cuando se regula la venta ambulante en España. Hasta entonces, quienes practicaban este tipo de comercio lo hacían al margen de la ley. La obligación de pagar impuestos y tasas por ocupación de la vía pública provocaron una merma en el sector.

Sin embargo, muchos de estos comerciantes siguieron adelante, pues la licencia les proporcionó cierta estabilidad. Se distribuyeron entonces en dos puntos de venta: el Duque y la Plaza de la Magdalena. De esta última desaparecieron en 2012 tras decidir la Gerencia de Urbanismo unificarlos en la primera de las plazas. El mercadillo del Duque llegó a contar con 50 puestos, lo que suponía colmatar la totalidad del espacio disponible en la zona. Actualmente hay bastantes licencias sin explotar. A ello se une la necesidad imperiosa -reclamada por los propios tenderos- de dotar de una estética homogénea los puestos y de contar con infraestructuras imprescindibles, como un sistema de iluminación común y habilitar una zona de carga y descarga. Medidas que han de tomarse para acabar con la imagen empobrecida que ofrece.

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