El largo adiós a Theotokópoulos

  • El último día de la exposición de El Greco provocó multitudinarias colas en el Museo de Bellas Artes

La exposición itinerante El Greco Toledo 1900 se despidió ayer del Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde ha permanecido desde el 1 de febrero. Lo hizo de forma multitudinaria, ratificando el éxito de público que ha obtenido durante estos meses, que ha desbordado incluso las previsiones, sobre todo en este acelerón del último día.

Y es que las ganas de aprovechar la oportunidad de contemplar esta exposición se unieron al cambio de hora que quizás cogió desprevenidos a la mayoría de los visitantes: aunque en las primeras horas el museo estuvo casi vacío y la sala se pudo visitar cómodamente, al final la cola daba la vuelta al enorme patio por el que se entraba a la sala.

"Supongo que ha sido por el último día", explicaba Paco Benítez, licenciado en Historia acostumbrado al funcionamiento de los museos "pero había el doble de gente de lo normal. No se podía dar un paso".

Aunque los responsables del Museo no querían dar ayer datos sobre la exposición, que serán presentados por la Consejería, lo cierto es que se han visto sorprendidos por la afluencia de público, que al parecer ha superado las mil personas por día. Ello ha obligado a cambiar el itinerario de entrada y salida a la sala para evitar las aglomeraciones, aunque ayer eso no se lograra del todo.

Pese a estas cifras, Paco Benítez era de la opinión de que la exposición no se ha publicitado como se debiera. "No he visto demasiados carteles", aseguraba. Él ya la había visto en Toledo y ahora repetía acompañado de su chica y unas amigas. "A cualquiera que tenga un poco de sensibilidad le tiene que gustar. Es un pintor distinto, único, especial, que no está suficientemente reconocido en España, como no lo está el arte en general, salvo lo que se pone de moda".

Algunos de los visitantes que salían de la sala se mostraban verdaderamente impresionados. "Qué belleza", exclamaba una señora. "Y pensar que la Santa Inquisición cogió a este hombre...".

A ver la exposición en Sevilla ha venido gente de muchas partes, sobre todo aprovechando los puentes y las vacaciones -el Museo estuvo abierto el Jueves y Viernes Santo, por ejemplo- e incluso de Toledo. De Alemania venía Karl, a quien la muestra le había gustado mucho -"Es muy compacta, muy concentrada y muy visual, decía- aunque añadía que El Greco tampoco es muy conocido en su país. "Es un pintor español...".

La luminosidad era la impresión que más destacaban los visitantes de la exposición. Antonio, de Sevilla, apuntaba también que estaba "muy bien montada, muy fácil de seguir" y añadía que su cuadro preferido era el de Las Lágrimas de San Pedro, mientras que su mujer prefería Santiago.

Miguel Domínguez, arquitecto, se deshacía en elogios de la exposición. "Fantástica. Me ha llamado la atención el colorido tan intenso, esos rojos y verdes. Estaba muy bien montado, con una iluminación muy buena que creaba un contraste entre la oscuridad y los colores tan fuertes".

Para Esther Gómez, de Sevilla, y Natalia Sánchez, de Salamanca pero afincada en la capital andaluza, también la experiencia había sido muy positiva. Para Natalia, los cuadros, sobre todo los apóstoles, son los que más le gustan del artista "porque son muy luminosos, los otros son más oscuros".

A José Palma, sin embargo, la luminosidad no le había convencido tanto, aunque por motivos diferentes. "Hay cuadros que dan mucho brillo. Se conoce que les han dado barniz y, cuando les da la luz, hay que mirar desde otro lado".

En definitiva, opiniones distintas como los visitantes -turistas, sevillanos, mayores, estudiantes de arte que tomaban notas...- que se pasaron ayer por el Museo para despedir esta colección de obras del genio griego, Domenikos Theotokópoulos, que dará paso a otra explosión de luz, Sorolla.

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