"Tiene que haber responsables"

  • Los padres de la joven muerta en un ascensor de Valme cuestionan que el mantenimiento de los elevadores fuera adecuado y piden que haya dos celadores para los traslados de enfermos

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Diez de la mañana. El tanatorio crematorio de Dos Hermanas está ya prácticamente lleno. Decenas de personas acompañan a la familia Cortés Núñez desde primera hora. A mediodía está previsto el entierro de Rocío, la mujer de 25 años que perdió la vida el domingo al quedar atrapada en un ascensor del Hospital de Valme. Varios periodistas aguardan ya fuera de la verja del tanatorio, que está pegado al cementerio de San Pedro. Observan a los que llegan a distancia, sin abordar a nadie. Graban algunos planos lejanos, tiran alguna fotografía con la que medir la luz, y esperan.

Las personas que entran en el recinto se detienen en alguna de las zonas ajardinadas que rodean el tanatorio. El sol golpea ya con fuerza y castiga especialmente a quienes visten de negro, el color elegido por la mayoría de los hombres. Los asistentes que no acceden al edificio buscan la sombra de los árboles. Dentro, el tanatorio parece quedarse pequeño. El aire acondicionado no tira lo suficiente para dar servicio a las decenas de asistentes. Abrazos, besos y llantos. En las salas ocupadas por otras familias, comentarios sobre lo ocurrido. "Estaba para ella, puede uno morirse en la Rambla o en un ascensor del Valme. Si está para ti no te libra nadie". La capilla permanece vacía. A las once y media será el responso. Faltan casi dos horas. Una de las salas del tanatorio lleva por nombre Valme, el de la Virgen que da nombre a una de las romerías más multitudinarias de Andalucía y también al hospital en el que murió una joven madre unas horas después de dar a la luz a su tercera hija.

Rocío Cortés. Rocío Cortés.

Rocío Cortés.

Los padres de la víctima se dirigen a la prensa. Juan Cortés y Carmen Núñez mantienen el tipo a duras penas, con la entereza y la dignidad con que sobrellevan la pena desde que conocieron el accidente mortal de su hija. No hace falta que los periodistas pregunten nada. La pareja quiere decir algo. Arranca Carmen. "A ver si me salen las palabras", se disculpa. "Tengo a mi hija ahí con 25 años y tres niñas por culpa de un ascensor", dice, sin necesidad de señalar a su espalda, el edificio donde permanece el féretro con los restos de Rocío. Juan la arropa, la abraza. Carmen sigue hablando. "Si hubiera sido por una enfermedad o por un accidente -como si no le entrara en la cabeza que eso es precisamente lo que le ha ocurrido a su hija, un siniestro extrañísimo, pero accidente al fin y al cabo-, pues mira, eso se lleva, pero que sea porque no han tenido el cuidado suficiente para arreglar esos ascensores, o porque ha faltado mantenimiento...".

Interrumpe la frase y asegura que le han llamado varias personas para decirle que los elevadores de Valme tenían problemas desde "hace un montón de tiempo, que esto no es de ahora".

Dice Carmen que no se cree que estuvieran revisados, por mucho que la Junta y la empresa de mantenimiento aleguen que la última revisión fue del día 12 de agosto. Habla para "que no vuelva a pasar", para que una desgracia como esta no vuelva a llevarse a nadie por delante, "a una niña con 25 años, que es la vida mía y la ilusión de mi casa". "Mis tres nietas no tienen a su mamá ahora, ella iba a dar a luz y ha muerto en un ascensor. Tiene que haber responsables, y quiero que sea así, porque hay muchas madres que dan a luz en ese hospital y deben disponer al menos de unos ascensores adecuados". Intenta continuar pero desiste. "Es que no puedo hablar más, de verdad, me ahogo".

Juan Cortés, que abrazaba a su mujer mientras la escuchaba, le toma el relevo. "Estas cosas no deben ocurrir en los tiempos que estamos. Que un hospital como Valme tenga ascensores con más de 30 años, unos ascensores que se pegan 24 horas para arriba y para abajo". El padre de la víctima aprecia dos claves en el caso de su hija. La primera es el mantenimiento de las máquinas. La segunda, el protocolo de seguridad para el acompañamiento de enfermos. "La normativa debería decir que cada vez que vaya un enfermo en una cama, como era el caso de mi hija, que vaya un celador por delante y otro por detrás", apunta, en la misma línea que han indicado los sindicatos en los últimos días, desde que se conoció la noticia del trágico suceso.

"El daño que se ha cometido es irreparable. Tenemos siete hijos en común y a partir de hoy ya tengo que decir que me quedan seis". Cortés se viene un momento abajo porque su mujer empieza una letanía en la que no para de decir "ay mi niña". "Veinticinco años, se la han llevado la flor de nuestras vidas", insiste el padre, "porque mi Rocío era un poco especial, sin desmerecer a los demás, claro", dice entre lágrimas. Su esposa apostilla, entre llantos, que "era la alegría" de su casa, que "siempre estaba alegre" y vuelve a su "ay mi niña". El padre se repone y enumera las edades de sus nietas: "una niña con cinco añitos, otra con cuatro y la otra con tres días".

Y se rehace para lanzar el mensaje que quería, con una carga crítica hacia los políticos. "Que sepa el mundo entero que esto no puede ser, que la Junta de Andalucía tiene que poner pie por medio, que los dirigentes tienen que evitar estas cosas". Repite hasta tres veces "esto no puede suceder" y pide que el ascensor esté "en condiciones, porque hay muchísimas personas que suben y bajan diariamente". "Y los políticos a vivir la vida, así de claro y así de rotundo", y alza un poco la voz para criticar los recortes en sanidad. "Tiene que mejorar, no empeorar. Que recorten por otro lado, pero no en la salud de las personas".

Y vuelve Carmen a hablar de sus nietas. "Hemos perdido a una hija. Su marido está hecho polvo, y... ¿qué les decimos ahora a las niñas cuando lleguemos? ¿qué les decimos? ¿que ya no van a ver más a su madre?". Los padres se marchan. Carmen se desvanecerá durante el responso y tendrá que ser atendida por los voluntarios de Protección Civil. Cientos de personas arroparán a su familia en el corto traslado del féretro al cementerio.

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