los invisibles | Alejandro Guillermo Roemmers

"Aquí lo medieval estaba presente, en la Argentina no teníamos historia"

  • Empresario y poeta. Un aniversario de Borges le permitió regresar a España, el país donde vivió su adolescencia y primera juventud.

Alejandro Guillermo Roemmers, en el hotel Palacio Villapanés de la calle Santiago. Alejandro Guillermo Roemmers, en el hotel Palacio Villapanés de la calle Santiago.

Alejandro Guillermo Roemmers, en el hotel Palacio Villapanés de la calle Santiago. / josé ángel garcía

Mecenas, empresario de éxito, la principal credencial de Alejandro Guillermo Roemmers (Buenos Aires, 1955) es la de poeta. Azares de Borges lo devolvieron a España.

-¿Se considera escritor?

-Yo hablo más que escribo.

-¿Qué tuvo que ver Borges con su libro España en mí?

-Todo. En el décimo aniversario de la muerte de Borges, Luis Alberto de Cuenca, un borgiano que dirigía la Biblioteca Nacional, decidió hacerle un homenaje a Borges. Participó Roberto Alifano, que estaba al frente de la revista Proa que fundó Borges en 1922. Quisieron retribuir de alguna forma aquella colaboración y no sé cómo sabían que yo tenía poemas dedicados a España.

-¿Por qué esa pasión?

-Yo viví en España entre 1973 y 1978. Aquí viví el final del franquismo, el advenimiento de Suárez, los pactos de la Moncloa. Era una España mucho más introvertida y menos europea, un poco en soledad, viviendo del pasado. Parecía que te ibas a cruzar en cualquier momento con Felipe II.

-¿Más que Felipe González?

-Yo me había venido de Argentina sin despedirme de nadie. A muchos de los amigos los vi cuarenta años después.

-¿Por qué se vinieron?

-Había mucha violencia, mucho terrorismo en Argentina. La Universidad estaba muy politizada, mis padres tenían miedo.

-¿Fue muy brusco el cambio?

-En España la motocicleta fue mi mejor antidepresivo. Te daba el aire, veías el paisaje. Así aprendí a meditar en las escapadas a la sierra, al Guadarrama. De hecho, cuando regresé a Argentina me volvió la depresión.

-¿Le dedica un poema al Escorial por Felipe II?

-En realidad, fui al Escorial porque había una discoteca muy famosa. Me fui caminando por esas explanadas del monasterio, una noche de luna. Hay un poema que salió de allí, en el que habla de los mártires del silencio, de una España casta, austera.

-¿Esa España se ha ido?

-Se decía lo de Spain is different, Europa empieza en los Pirineos. Siempre se gana y se pierde; España ganó mucho en desarrollo, pero no debía renunciar a ese espíritu de siglos, eso tan castellano de la grandeza que no todos los países la tienen. Hay mucha mezquindad en el mundo.

-¿Se lo llevó la globalización?

-Lo medieval estaba muy presente; ibas a Ávila, veías la muralla y te transportaba. Nosotros no tenemos historia en Argentina.

-¿Cómo empieza en la poesía?

-Fue antes de venir a España. Tenía 14 años y volvíamos de unas vacaciones en la Córdoba argentina. Iba a caballo siguiendo el río, me metía en los bosques y sabía que me esperaba la ciudad, el colegio. Me dio una tristeza y me surgió escribir, una catarsis de consuelo para esa congoja.

-¿Qué hacía en Sidney en 2007?

-Firmo un poema allí porque fui con Alifano y Alejandro Vaccaro a un ciclo sobre Borges. Australia me llevó a pensar en el tiempo.

-¿Es muy prosaico para un poeta hacerse empresario?

-Cuando dije en casa que me gustaban la literatura, las humanidades, la mística y las religiones, mi padre me dijo para viajar, vivir bien, esquiar, tendría que aprender a ganarme la vida. Estudié Administración de Empresas, entré en la empresa de laboratorios farmacéuticos que fundó mi abuelo, originario de Renania, la multipliqué varias veces y pude retirarme joven del día a día y ganar tiempo para ser mecenas de las artes y diseñar atomóviles, otra de mis pasiones.

-"A quien tiene a Dios, nada le falta..."

-"Sólo Dios basta...". Es de Santa Teresa de Jesús. Lo cito en un poema que le escribí al papa Francisco. Se lo leí en el Vaticano. Se levantó y me abrazó.

-¿El musical Franciscus fue una premonición?

-Es sobre Francisco de Asís. Lo que fue premonitorio fue un sueño que tuve de niño. Duró veinte segundos, iba la mar de contento en el Papamóvil por la plaza de San Pedro porque el Papa era argentino. Cuando lo nombraron me lo recordaron los amigos.

-¿Está Sevilla en su poesía?

-No lo han incluido, pero escribí un poema una vez que vine a ver una corrida de toros un domingo de Pascua. La ciudad olía a Feria.

-Sampaoli deja el Sevilla y vuelve a Argentina con la selección.

-Tenemos al mejor jugador del mundo, pero andamos mal. Los argentinos somos buenos individualmente. Hablan muy bien de Simeone. Pero yo soy más de tenis y golf que de fútbol.

-Su novela se ha publicado en 27 países...

-El regreso del Joven Príncipe se ha convertido en un suceso en los colegios argentinos. Le gusta a los profesores y a los alumnos.

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