15 minutos eternos camino de Sevilla

Quince minutos eternos sobrevolando Europa camino de Sevilla. Un vuelo procedente de Praga, capital de la República Checa, tuvo que aterrizar este jueves de manera inesperada y de emergencia en Toulouse sin que sus pasajeros hayan podido saber a ciencia cierta cuál fue el motivo del repentino aterrizaje. A bordo del vuelo se vivieron momentos de angustia y nerviosismo, también por parte de los tripulantes. Aunque tenía que haber llegado a Sevilla a las 21:30, finalmente lo hicieron cerca de las tres de la madrugada tras cuatro horas de espera en el aeropuerto francés.

Uno de los pasajeros de ese vuelo era Dani Pastor, preparador físico del Zenit de San Petersburgo. Junto a su familia volvía a Sevilla tras finalizar la liga. Desde la fila 32 del avión, la última, vivió uno de los episodios más angustiosos de su vida: "Es una experiencia que uno no se imagina hasta que la vive. Yo me paso todo el año metido en un avión". Su viaje desde San Petersburgo a Sevilla contaba con una escala en Praga. Hasta allí volaron con la compañía Czech Airlines. En Praga cambiaron a Smartwings. "Eso nos creó un poco de incertidumbre. El vuelo era de unas tres horas y a la mitad del camino surgió el problema".

La primera sensación fue que el avión comenzaba a descender rápida e inesperadamente. Posteriormente, sintieron un golpe de frío intenso. "En ese momento se abrieron los compartimentos y cayeron las mascarillas. Yo estaba con el ordenador planificando la pretemporada. Mi primera reacción fue la de guardar los entrenamientos".

Desde la última fila, Pastor y su familia son testigos del ir y venir de la tripulación y de cómo uno de ellos empieza a pegar gritos en mitad del pasillo. "Cuando parecía que empezaba a solucionarse volvió a pasar algo. Cuando una de las azafatas normaliza la situación se fue detrás a ponerse el oxígeno. Se puso a llorar y en ese momento se derrumbó". Entonces, les comunican por megafonía que van a aterrizar y se piensan lo peor: "La primera impresión es que sería donde pudiéramos". Tuvieron la suerte de estar cerca de Toulouse. El avión tomó tierra con normalidad. Una vez en el suelo pudieron respirar tranquilos.

"La mayoría de los pasajeros eran rusos y checos venían a España de vacaciones. Españoles había pocos, una pareja de Huelva, otra de Oromana... poco más". En Toulouse tuvieron una sensación de desamparo. "No nos dijeron nada. Nos dieron unos bocadillos y agua". Cuatro horas más tarde, pudieron tomar un nuevo vuelo que les trajo hasta Sevilla. Esta vez, sin angustias ni sobresaltos.

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