Una noche sin respuestas

  • Una década después nadie ha demostrado aún la causa exacta de unos tumultos que convirtieronla Semana Santa de Sevilla en vulnerable y que ha tenido rebrotes hasta al menos en dos ocasiones

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Aquella noche sigue muy presente en la memoria colectiva. La Semana Santa se convirtió en un fenómeno de masas vulnerable. La Madrugada quedó herida para siempre. De la leyenda del perfecto comportamiento del sevillano en las bullas se pasó a las teorías de todo tipo sobre las causas de unos incidentes que pusieron en jaque el orden de la noche del Viernes Santo, la jornada con más eco mediático fuera de las fronteras locales. Se dijo de todo. Dijeron de todo. Los informes oficiales de las hermandades con descripciones variopintas sobre lo ocurrido, el individuo detenido en Reyes Católicos tras exhibir un cuchillo, la supuesta rotura de una tubería en la calle Jesús de la Vera-Cruz, los juegos de rol, la influencia de la película Nadie conoce a nadie, la declaración de los testigos, la transcripción de las retransmisiones radiofónicas, el informe de la Delegación del Gobierno sobre una pelea entre gitanos en la calle Orfila como origen de los tumultos, la intervención de agentes de los cuerpos de seguridad con chalecos reflectantes y empuñando las armas reglamentarias y un largo etcétera. Un enjambre de hipótesis en el que no faltaron las insinuaciones sobre el comportamiento de algunos policías locales, cuyos sindicatos presionaban antes de Semana Santa al recién estrenado primer gobierno de Alfredo Sánchez Monteseirín. Nada se demostró en ningún momento.

Hasta el 30 de junio no comparecieron los responsables de la investigación policial para rendir cuentas ante la opinión pública de un trabajo indagatorio realizado entre el 22 de abril y el 15 de junio. Los entonces fiscal jefe de la Audiencia, Alfredo Flores, y jefe superior de la Policía Nacional en Andalucía Occidental, Julián Martínez Izquierdo, fueron contundentes: un hecho aislado del que se ignora la causa desencadena un movimiento de huida que deja en evidencia las terribles carencias en materia de seguridad de la carrera oficial. Ni juegos de rol, ni grupos organizados con pretensiones de boicotear la Semana Santa. Todas las versiones o hipótesis fueron tildadas de "bulos" de la calle fomentados por las "ansias de protagonismo" de quienes aseguraron presenciar desde escopetas de cañón recortado hasta un toro suelto por el Arenal. Nunca aparecieron armas, ni objetos robados, ni denuncias de ninguna clase. "Nunca hubo un hecho delictivo en el origen de las avalanchas por no haber podido ser constatable".

Ambos responsables públicos sí admitieron que las carreras de los agentes contribuyeron a aumentar el pánico, así como determinados comentarios alarmistas de los profesionales de la radio.

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