Una nueva luz para las pinturas de la basílica

  • Carlos Peñuela y Ana Marín devuelven todo su esplendor a la decoración del templo de la Macarena.

Las pinturas murales de la basílica de la Macarena vuelven a lucir en todo su esplendor. Cuatro meses de trabajo han sido necesarios para retirar el polvo y la suciedad acumulada, restituir la falta de mortero en algunas zonas, combatir los problemas generados por la humedad y fijar y reintegrarlas cromáticamente. Los autores de la restauración han sido Carlos Peñuela y Ana Marín, conservadores y restauradores de bienes culturales y licenciados en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Los trabajos han contado con la colaboración de Juan Jesús Martín, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Edificación e investigador experto en materiales constitutivos del soporte y la porosidad mural, así como de pigmentos empleados en capa pictórica.

El arco toral del altar mayor y el intradós y la bóveda central del presbiterio, así como los óculos que la iluminan, es la zona que ha requerido un mayor tiempo y dedicación por parte de los restauradores, según informó ayer la hermandad. "Tras consolidar el soporte mural, se retiraron las sales que generaban eflorescencias en la película pictórica y se reintegró la volumetría y la cromatografía intentando por todos los medios una intervención de mínimo impacto". La bóveda y la escena del coro también han necesitado especiales cuidados con el fin de devolverles los valores estéticos devaluados por el paso del tiempo y los agentes atmosféricos. Los restauradores han devuelto al conjunto su volumen y cromatografía originales. De las capillas laterales, la del Señor de la Sentencia, presentaba un mejor estado de conservación que el resto.

Las pinturas murales de la basílica, con más de 800 metros de superficie, fueron realizadas por el artista sevillano Rafael Rodríguez Hernández, a excepción de la de los camarines de la Virgen del Rosario y el Señor de la Sentencia, que se deben al pintor Manuel Flores y datan de 1974.

La hermandad ha empezado ya también las obras en el atrio y en la conocida como Capilla Chica, antesala del camarín de la Virgen de la Esperanza.

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