Un oficio con historia y con futuro

  • El Real Club de Enganches, con fondos europeos y asistencia del Servicio Andaluz de Empleo, organiza en El Rocío un curso para cocheros y mozos de cuadras ante la demanda creciente de esta profesión

Parados de larga duración. Mayores de 45 años. Menores de 30 años sin estudios. Es el perfil de los 15 alumnos que participan en la tercera edición del curso para cocheros y mozos de cuadra que tiene lugar en las instalaciones de Doñana Ecuestre, en El Rocío, una iniciativa suscrita por el Real Club de Enganches de Sevilla con el Servicio Andaluz de Empleo y fondos de la Unión Europea.

Estos cursos evidencian la revolución sociológica que ha vivido el mundo del caballo en los últimos años. Luis Rivero Merry, director de los cursos, de la junta directiva del Club de Enganche, aprendió a montar con 7 años, el mismo 1936 de una guerra civil que cogió a su familia en Marruecos. "En Sevilla nunca dejó de haber coches de caballos. Ni en los años 40, que tuvimos una posguerra y una guerra mundial. Entonces tenían caballos los que los tenían, el marqués de Contadero, los Guardiola, y entonces, más que un lujo, era una necesidad. Yo soy militar de carrera y los oficiales de caballería íbamos desde la Plaza Nueva al cuartel, en la carretera de Cádiz, a caballo porque no había gasolina".

La interlocutora con la Administración para la puesta en marcha de estos cursos es Teresa Andrada Quadras. Es historiadora y entró en el Real Club de Enganche, de la que ahora es directora, como guía de su Museo. De esa pinacoteca sobre ruedas en la que conviven una berlina de gala del duque de Montpensier con una cuba de riego de Lipasam.

La afición al caballo de enganche estuvo a punto de desaparecer mediada la década de los setenta. "El primer año de caseta del Partido Comunista, al que iba en un coche de caballos le decían señorito y otras lindezas", recuerda Luis Rivero. Hoy ya se han evaporado esos resabios y prejuicios. Dice Teresa Andrada que el caballo es historia, es cultura "metida a hierro" y es industria. "En los pueblos están renaciendo oficios como carrocero, tapicero o farolero. Está claro que para tener coches de caballos hay que tener una posición media-alta, cuando menos solvente, pero el dinero cambia mucho de manos".

Rivero estima que más de la mitad de los alumnos del curso que perfeccionan la guía del carruaje en limonera y tronco, relativo a uno y dos caballos, respectivamente, estarán en el paseo de carruajes de la próxima Feria de Abril. "La afición resurgió tanto que los 1.400 coches de caballos que salen se reparten en matrículas pares e impares. Y sus propietarios quieren gente en nómina que sepa enganchar con profesionalidad".

Es un oficio con garantías y duración. "Las mulas son distintas, pero el caballo de enganche se tiene que ejercitar todo el año. No hacerlo así y presentarse en la Feria sería una temeridad". Enrique Morán es el profesor principal del curso, asistido por los monitores Alfonso León y Rafael Márquez. Los futuros cocheros y mozos de cuadras dan módulos de Veterinaria, Herraje y Prevención de riesgos laborales. El enganche propiamente dicho lo completan con clases teóricas y tareas de limpieza de caballos, cuadras y guarniciones.

Subir al pescante, coger las riendas y guiar al caballo. "Desde fuera parece fácil, pero el caballo es un animal vivo", dice Luis Rivero, que aprendió a enganchar después de aprender a montar. "Es un oficio que estuvo a punto de extinguirse y hoy hacen falta profesionales". Teresa Andrada, la historiadora que se metió en esta historia, considera esta práctica el decorado fundamental de la Feria de Sevilla. "Es lo que la hace especial, diferente de las de Córdoba, Málaga, Granada, Jerez o Manresa. El espectáculo está en las calles de la Feria. Dicen que si es una feria privada, pero la fiesta no está en unas casetas donde hay mucho ruido y se come mal. Si no fuera por el paseo de carruajes, la Feria no habría aguantado 160 años. En otros sitios se paga por ver algo así".

Luis Rivero señala un año, 1984, el del nacimiento del Real Club de Enganche, como clave en el punto de inflexión de esta afición. "Ese año organizamos una exposición de carruajes en la Feria de Muestras, en los bajos del paseo Marqués de Contadero. Fue tal el éxito que el alcalde, Manuel del Valle, tuvo que prorrogarla. Ese año hicimos la primera exhibición en la plaza de toros. Llovió a mares y la gente no se movía. Sevilla volvió a enamorarse de los caballos".

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