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El órgano de Santa Inés volvió a sonar

  • Retorno. Abraham Martínez rompió el maleficio musical tras una polémica restauración

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Músicos del siglo XII en un monasterio del siglo XIV con las técnicas del siglo XXI. El órgano del monasterio de Santa Inés se estrenaba después de su controvertida restauración con un concierto patrocinado por la Fundación Alqvimia Musicae. Las manos del organero y organista Abraham Martínez sirvieron para acallar toda la polémica y devolver el instrumento a su lugar natural. De Pérez a Martínez. De la leyenda de Maese Pérez el organista que Gustavo Adolfo Bécquer imaginó en este ámbito de clarisas franciscanas a los trabajos de Abraham Martínez a los mandos de un órgano que ha sido restaurado en el taller de Jorge Anillo en Alcalá del Río.

Antes del concierto hubo misa de siete y media. Se cambió el sentido de los bancos, convertidos en improvisado patio de butacas. El escenario se trasladó desde el altar donde el sacerdote había oficiado la Eucaristía, coincidiendo con el final del triduo de Santa Inés y del Jubileo de las 40 horas, al trascoro donde está el órgano junto a los restos de doña María Coronel.

Al programa musical de Alqvimia Musicae asistió Moeckel, el abogado de las monjas

Música de Perotin, maestro francés de los siglos XII y XIII, de la Escuela de Notre Dame, autor de la pieza que dio título al programa musical, Viderunt Omnes, y de la alemana Hildegard von Bingen, una monja del siglo XII que además de abadesa fue mística, médica, profetisa y escritora. Antes del órgano sonaron tres voces masculinas, las de David Lagares, Israel Moreno y Germán Castro, a quienes después se unieron en interpretaciones conmovedoras Rocío de Frutos y María del Carmen Giménez. Los cinco conseguían el propósito que se ha marcado Alqvimia Musicae, acercar la música a su aspecto "más espiritual y humano".

Hace días que se agotaron las entradas para asistir al concierto. Un aforo de casi 120 localidades, la capacidad del templo. Los 25 euros de cada localidad se dedicarán al pago de la restauración del órgano. Una historia que conoce en primera persona uno de los asistentes al concierto, Joaquín Moeckel, que ofreció sus servicios jurídicos a las monjas de Santa Inés cuando éstas recibieron la noticia de que la Junta de Andalucía les iba a imponer una sanción de 170.000 euros por haber iniciado la restauración del órgano sin conocimiento de las instancias oficiales del Gobierno andaluz. Una cantidad desorbitada para una comunidad que tiene a la precariedad de medios como compañera. El servicio profesional de Moeckel y la reacción espontánea de mucha gente sensibilizada con la historia y el patrimonio de este monasterio hicieron que la sanción se bajara a una décima parte, unos 1.700 euros cuyo coste ha sido asumido por las ocho hermandades del Martes Santo. La iniciativa partió del mismo Moeckel, como hermano de una de ellas, la de los Estudiantes. "Ya que iban en contramano en la carrera oficial", bromeaba ayer el abogado y ex hermano mayor del Baratillo, "era una posibilidad estupenda de dar de mano".

El concierto se siguió en absoluto silencio, con la música de órgano acompañada de notas de violín y piano. Voces antiguas con una luminotecnia moderna de colores que imitaban a las vidrieras. La gente que pasara por la calle Doña María Coronel en noche cerrada no daría crédito a los ecos del órgano. Entre el público, Juan Rodríguez Romero, director del Mozarteum de Salzburgo, profesor que tuvo entre sus alumnos a Abraham Martínez, el heredero del legado de Maese Pérez con esta nueva leyenda del órgano de Santa Inés.

Pocos monasterios pueden presumir de haber sido el origen y fuente de tres tesis doctorales, firmadas por Marina Mercado Hervás, Estefanía Medina Muñoz y Laureano Rodríguez Liáñez. Éste llegó casi de casualidad buscando información sobre Santa Clara de Moguer, su pueblo y el de Juan Ramón, y ha sido durante cuarenta años archivero de este monasterio tan historiado.

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