25 años de un atentado

Un paquete con acuse de recibo y cuatro muertes

  • Un funcionario de prisiones, dos reclusos y un familiar fueron las víctimas en el mayor atentado de ETA en Andalucía.

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El estrépito lo levantó de la cama. "Pensaba que había explotado la bombona de butano de mi padre". Ocurrió hace justamente 25 años, pero Juan Infante (Sevilla, 1971) lo recuerda como si hubiera ocurrido ayer. "Es lo malo de tener una memoria fotográfica". "Por la puerta del bar entró el sargento primero. Calvo, con gafas, empapado en sudor. No había móviles y era incapaz de meter los dedos en la góndola roja, el teléfono de casa. Y me dijo: Juanito, marca tú, llama al cuartel de Eritaña y diles que han puesto una bomba en la cárcel de Ranilla, que manden ambulancias y coches de bomberos. Al principio creían que bromeaba".

Juan Infante lo recuerda en el bar Espolaina, el nombre amistoso que su padre, José María Infante, se trajo desde Villalba del Alcor cuando en 1959 dejó de ordeñar cabras en el pueblo para vender vinos en la gran ciudad. En 1980 llegaron a Ranilla, a la calle Mariano Benlliure, nombre del escultor que realizó el túmulo funerario de Joselito.

El 28 de junio de 1991 era viernes. Fin de semana y de mes. Había dos reclusos y un carcelero a los que parecía empezar a sonreírles la fortuna. Manuel Pérez Ortega, 39 años, entró de funcionario de prisiones en 1986. Con los títulos de Magisterio y Ciencias Económicas, este hombre de Olivares afiliado a Comisiones Obreras tenía otras aspiraciones y preparaba oposiciones al Parlamento de Andalucía.

Donato Calzado García tenía 27 años. Disfrutaba del tercer grado, incluidos desayunos en el bar Espolaina que incluían animadas conversaciones con Juan y con sus padres, José María y Manuela. En julio obtendría la libertad y preparaba la boda en su pueblo natal, Gilena, en la sierra Sur. "Estaba en prisión por una tontería", dice Manuela. "En una discoteca le pegó un bocado en la nariz a un nota que se había metido con su novia", apunta Juan. A Jesús Sánchez Lozano también le faltaba poco para recuperar la libertad. 36 años, era taxista, tenía dos hijos y estaba en prisión por una discusión de tráfico.

"Nunca se me olvidará la hora. Las once y cuarto de la mañana", recuerda Juan Infante. "Si pasa un cuarto de hora más tarde, me pilla a mí dentro porque todos los días a las once y media de la mañana les llevaba el desayuno a los guardias". Manuel, Jesús y Donato estaban en el servicio de paquetería. A la derecha de la entrada principal de Ranilla se situaba el cuerpo de guardia y a la izquierda, tras el escáner, el servicio de paquetería. El paquete, con siete kilos de explosivos, llegó en una furgoneta DHL. El remite era de Valladolid y el destinatario, el director de la cárcel, que antes lo fue de la prisión de Herrera de la Mancha. Sus hijos David y Pablo jugaban justo encima del lugar donde hizo explosión el mortífero mensaje. Fallecieron el funcionario de Olivares, los dos presos y Edmundo Díaz Crespo, que venía de Santander a visitar a un hermano recluso.

El atentado, el más sangriento de cuantos cometió Eta en Andalucía, llevaba su firma. Se cumplía así la venganza anunciada por Henry Parot un año antes cuando fue interceptado por la Guardia Civil de Santiponce en un control rutinario en abril de 1990. Ese mismo mes, una carta-bomba seccionó la mano de Carmen de Felipe, funcionaria de la oficina de Manuel Olivencia. Sevilla era un escaparate mundial. Faltaban nueve meses para que se inaugurase la Exposición Universal de 1992. Dos semanas antes del atentado, Alejandro Rojas-Marcos tomó posesión como alcalde de Sevilla. El 23 de junio, víspera de la onomástica del Rey, toda la Familia Real, incluidos el príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina viajaban a Sevilla. Un día después, tenía lugar una recepción en el Jardín Inglés del Alcázar. Los Reyes Juan Carlos y Sofía iniciaron una visita oficial por Andalucía que concluyó el 27 de junio en Almería. La víspera del brutal atentado.

Jesús Calles Rodríguez (Vitigudino, Salamanca, 1943) conocía muy bien a los fallecidos. "A Manuel lo había saludado diez minutos antes", cuenta este sacerdote trinitario que entonces era capellán penitenciario de la prisión de Ranilla. "Estuve 25 años en las cárceles andaluzas, encontrándome con el caso Malaya en Alhaurín y de nuevo con los etarras en Algeciras".

Los cuerpos de los reclusos Donato Calzado y Jesús Sánchez Lozano quedaron irreconocibles. El primero fue enterrado en Gilena, su pueblo. Al sepelio del segundo, al que acudió el capellán, asistieron una veintena de presos. El entierro del funcionario tuvo lugar en Olivares. Su tía Dolores murió de infarto al conocer la noticia. Era la tercera víctima del terrorismo etarra en este pueblo del Aljarafe, donde un hermano del fallecido, Gerardo Pérez Ortega, era concejal.

De la cárcel de Ranilla queda el edificio central. Se conservan los azulejos y se divisan unas palmeras gigantes que no han sido afectadas por el picudo rojo. Antonio Perea, enfermero de profesión, participó en el proceso de transformación en zona verde y centro cívico donde ayer se clausuró una exposición fotográfica organizada por la Fundación contra el Terrorismo y la Violencia Alberto Jiménez-Becerril. Pasó la Expo, se rompió la tregua y ETA volvió a sus andadas en Andalucía: en 1998 asesinó al edil sevillano y a su esposa Ascensión García Ortiz; en 2000, al concejal malagueño José María Martín Carpena, al juez Luis Portero y al doctor Antonio Muñoz Cariñanos.

El recuerdo del horror contrasta con el ambiente idílico del entorno: el parque infantil, un jardinero alinea los arbustos en los parterres. "Mi hermano hizo muchas guardias en las garitas de la prisión cuando vino del Norte como policía nacional", dice Conchi, que trabaja en el centro Cívico Ranilla. "Le van a poner el nombre de los sindicalistas Soto, Acosta y Saborido", comenta su compañera Paqui, "deberían poner una placa con los nombres de aquellos cuatro hombres, ellos fueron víctimas del terrorismo".

En junio de 1991 empezó la guerra de los Balcanes. El mismo mes que Mónica Seles ganó Roland Garros y Yugoslavia el Eurobásket. Mijail Gorbachov recibió el Nobel de la Paz y Boris Yeltsin ganó las elecciones en Rusia. El padre Calles dejó las cárceles y es párroco en Aluche. "Fue espantoso. Era día de visita, los visitantes creían que había sido dentro y los presos, que había explotado fuera". El saldo fue de cuatro muertos y 32 heridos. Rafael Gálvez impartió dentro talleres de carpintería para presos y ahora hace un estudio sobre el valor patrimonial del edificio.

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