Ley de dependencia A Jaime y Noelia les preocupa la adolescencia de sus trillizos autistas

"El pediatra los veía guapísimos y sanos"

  • Los padres de unos trillizos autistas de Sevilla solicitan la Ley de Dependencia y cuentan su caso para ayudar a otras familias

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Alejandro está viendo los Simpson. Álvaro le pide a su tía Mari Carmen que le haga cosquillas; Jaime es el portavoz de los tres. Lo primero que le dice al periodista es que tiene muy poco pelo. Porque los niños autistas no conocen la mentira. Alejandro, Álvaro y Jaime Morillo Aguilar vinieron al mundo el 9 de diciembre de 1994. Como Álvaro y Jaime venían en la misma bolsa, en la primera ecografía le dijeron a su madre que venían dos niños. Nacieron prematuros, con muy poco peso y permanecieron más de un mes en la incubadora hasta llegar a los dos kilos y medio. Primero le dieron el alta a Alejandro y a Jaime; Álvaro, que se descoyunta con las cosquillas de su tía, llegó a casa una semana después.

Sus padres se conocieron patinando. A su madre le pusieron Noelia por la canción de Nino Bravo. Se casaron un día de agosto de hace veinte años en la Macarena y trabajan en una pescadería de Alcosa. Querían un hijo, les dijeron que venían dos y tuvieron tres. Tienen fotos de los tres, casi bebés, en la playa de Punta Umbría. Y disfrazados de mexicanos en una fiesta de disfraces.

Empezaron a observar en sus hijos falta de atención, que no mantenían la mirada. "Los llevamos al pediatra y nos dijo que los veía guapísimos y sanos. Que no tenía la mayor importancia", dice Noelia. Será en la guardería donde al compararlos con otros niños la sospecha se va haciendo certidumbre. Hacen el diagnóstico de los descartes: no son sordos; no tienen problemas neurológicos ni genéticos. "Cuando no tienen ninguno de esos síndromes, son autistas". En la Administración han recibido esta insólita solicitud para la Ley de Dependencia.

Trece años después de aquel 9 de diciembre de 1994, el problema es la pelusilla. Empieza a salir en los rostros de los tres hermanos y es como un aviso para caminantes. "Lo que nos preocupa es cómo les va a afectar en su adolescencia". Hasta los 16 años, fin de la escolarización forzosa, están en manos del Ministerio. Acuden a un aula específica para autistas con otros dos niños en el colegio Joaquín Benjumea Burín.

La madre presume de este triunvirato. "Alejandro es un fenómeno dibujando. Álvaro es único con la plastilina y ya quisiera yo tener la memoria que tiene Jaime". En uno de los finales de su frase favorita, "cuando tenga 18 años", Jaime dice que "me voy a comprar un BMW blanco". Espera la llegada de esa mágica edad para realizar sus sueños: "Ir al Caribe, irme a Murcia a trabajar en la fábrica El Pozo con mi prima Laura, decir palabrotas"... Licencia poética para quienes tantos problemas tienen de comunicación y de lenguaje.

Noelia y Jaime han decidido contar la historia de sus tres hijos. Mi lady de estos tres mosqueteros, la pescadera de Alcosa es consciente de que la novedad científica, rayana en el Guinnes, es propicia "para el morbo y el sensacionalismo". Pero no le importa esa factura si a cambio a otros padres les sirve de estímulo. "Hay muchas parejas que se han venido abajo. Nosotros no formamos sólo un matrimonio. Somos un equipo. Los comienzos son muy duros, pero tiene su recompensa". La tía Mari Carmen, que no deja de hacerle cosquillas a Álvaro, apostilla la ventaja adicional de que "no conocen el engaño, el sarcasmo ni la maldad".

Hacen vida normal: se levantan, se asean, se visten y van al cole. Tres días a la semana van a la piscina y tres veces reciben terapia a domicilio. Una lucha en la que encontraron siempre el respaldo de la Asociación Autismo Sevilla y la unidad de Psiquiatría Infantil del Hospital Macarena.

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