calle rioja

Los peones viven como reyes

  • Vecindad. El bar Dueñas tiene casi un siglo, se llama como el palacio donde nació el poeta y murió la duquesa, hay tertulias de enjundia y ha sido tablero de ajedrez en vino de Góngora

Manuel Boa, izquierda, y Antonio Jesús Campos, camareros del bar Dueñas. Manuel Boa, izquierda, y Antonio Jesús Campos, camareros del bar Dueñas.

Manuel Boa, izquierda, y Antonio Jesús Campos, camareros del bar Dueñas. / fotos: josé ángel garcía

Este bar es una caja de sorpresas. El bar Dueñas se abre a las calles del mismo nombre y del Palacio de la Casa de Alba donde nació Antonio Machado y Gerona, ciudad que en Sevilla tiene mucha más prestancia en el callejero que Barcelona. En esta calle residió de estudiante Juan Ramón Jiménez, que no es el único moguereño de esta historia, y está el bar El Rinconcillo.

El bar Dueñas es casi centenario. De 1920, se lee en una fotografía antigua que la familia Benito, nietos de los primitivos propietarios, cedieron a la familia Boa Limón, sucesores en el negocio. No había nacido todavía Cayetana de Alba, que vino al mundo en el madrileño palacio de Liria en 1926. De la quinta de Manuel Clavero, Caballero Bonald y la reina de Inglaterra.

La firma de la duquesa de Alba está en la copia del cartel de Fiestas Primaverales que realizó Reyes de la Lastra, que hizo acompañar a la aristócrata enterrada en la iglesia de los Gitanos de Juanita Reina. También hay una foto firmada de Enrique el Cojo, que tenía su estudio de baile junto a la calle Espíritu Santo en una barreduela que lleva su nombre. "Cuando iba al Palacio a darle clases de sevillanas a la duquesa, pasaba por aquí a tomarse una copita", cuenta Manuel Boa, historia viva del bar en el que empezó en 1973, cinco años antes de que Cayetana de Alba contrajera el segundo de sus tres matrimonios. "A Jesús Aguirre le encantaban las torrijas del bar Dueñas".

Con su porte intelectual, al ex sacerdote y ex director general de Música que se convirtió en duque de Alba le debió llamar la atención un bar recoleto, de unas dimensiones modestas, donde ocupaba un lugar estelar la práctica del ajedrez, noble contienda a la que Unamuno y Stefan Zweig dedicaron sendas novelas. Se jugaba en las mesas, algunos trofeos están en las vitrinas. Sobre el mostrador, junto a otros carteles festivos, está el que anunciaba el Mundial de Ajedrez que comenzaron a disputar en Sevilla, en el teatro Lope de Vega, el 12 de octubre de 1987 Anatoly Karpov y Gari Kasparov. Una metáfora política en el tablero de la perestroika. El cartel tiene la estética de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, promotor de este deporte de la mente, y Manuel Boa cuenta que está firmado por Mijail Tal, uno de los maestros rusos que vinieron a Sevilla a ver las partidas.

Ayer abrió Antonio Jesús Campos, casi un cuarto de siglo en el bar. El bar sigue exactamente igual que como lo pintó Jorge Peña, pintor y arquitecto que participa en una tertulia que desde hace tres décadas celebra todos los lunes un grupo donde son mayoría los aparejadores, el oficio de José María Cabeza y Jaime Raynaud. El martes es el día que acuden los parroquianos de Cuadernos de Roldán, que cerraron el ejercicio de 2017 con la presentación del Cuaderno de Rota, que abre un poema del roteño Felipe Benítez Reyes, y poniendo los deberes literarios y pictóricos para el próximo viaje a Grazalema.

Están los carteles de Fiestas Primaverales de 1996 de María Manrique, del grupo de Rolando Campos y Paco Cortijo, o el de 1999 que firmó Félix de Cárdenas inmortalizando a Ana Llorca, que ha formado parte de los Cuadernos de Roldán. Sus miembros aparecen en una fotografía dentro del Palacio de Dueñas. Está fechada el 28 de febrero de 1999, en los sesenta años de la muerte de Antonio Machado, al que homenajearon aquel día en un acto que organizó, recuerda el camarero, Antonio Reina Palazón.

Aparece como invitado el cantautor berciano Amancio Prada, que puso voz a San Juan de la Cruz, Rosalía y Agustín García Calvo. Se ven roldanes que se llevó la Parca: Abelardo Rodríguez, profesor de Filosofía en el instituto San Isidoro, o Rafael de Cózar, a quien el cronista vio por última vez el 20-N de 2014 en La Carbonería en la celebración del 80 cumpleaños de Paco Ibáñez. El mismo día que ingresaba en prisión Isabel Pantoja y fallecía Cayetana de Alba. Final en el palacio de los poetas en el que había comenzado la vida de Antonio Machado. En el grupo, Jacobo Cortines, Pepe Cala y Laureano Rodríguez, medievalista moguereño, paisano de Juan Ramón, estudioso de las vicisitudes de Platero y Virginiano de los conventos de clausura. Los misterios de un bar que hace esquina con el espacio y con el tiempo.

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