los invisibles

"Lo de pintar el alma a mí me suena demasiado lírico"

  • Jaime Pandelet. Dulcifica o amarga la realidad con sus dibujos. Como buen humorista gráfico, es un tipo muy serio que comprendió a Darwin pintando a los monos aulladores

Jaime Pandelet, en la puerta de la galería taberna Ánima. Jaime Pandelet, en la puerta de la galería taberna Ánima.

Jaime Pandelet, en la puerta de la galería taberna Ánima. / B. Vargas

Empezó con los bichos y llegó al ser humano. Mestizo entre la ilustración y la publicidad, Jaime Pandelet (Madrid, 1959) llegó a la caricatura. El trazo fino.

Hasta el 9 de octubre, expone sus caricaturas en la galería taberna Ánima (Miguel cid, 80).

-¿Su primera influencia?

Mis primeros dibujos los hice en la Estación Biológica de Doñana. Ya no estaban la hiena y el búho real"Mi primer maestro fue mi tío Jaime, que se fue a la aventura a París y Stuggart, pero a trabajar de camarero"

-Mi tío Jaime, mi padrino de bautizo. Se fue a la aventura a París para pintar y de allí fue a Stuttgart, pero a trabajar de camarero. Decía que yo pintaba muy rápido, pero eso para la caricatura es muy bueno, tienes agilidad en la mano. Decía que me iba a atar un ladrillo al brazo.

-¿Y la publicidad?

-Eso viene por la rama materna. Mi madre es valenciana y su familia trabajaba en la publicidad de Martínez Colomer, unos grandes almacenes de Valencia.

-¿Hay pluriempleo en lo suyo?

-Mena, uno de los más grandes, había sido cantor de tangos en Argentina y escribió guiones de Benny Hill. Los blasillos de Forges tienen un aire de su Cándido.

-¿Su primera escuela?

-Nos vinimos a vivir a un chalé de Heliópolis. Mi padre, ingeniero de Radio Nacional de España, era un experto en arreglar televisores. Allí venían los primeros estudiantes de Reina Mercedes que querían una tele para ver los partidos y las películas. Y uno de los clientes era Fernando Martínez, el taxidermista de la Estación Biológica de Doñana. Yo estaba en la Escuela de Artes Aplicadas y tenía las mañanas libres.

-¿Qué encontró allí?

-Había una hiena y un búho real. Fue la época en la que llegó Castroviejo para sustituir a José Antonio Valverde. Vio cómo dibujaba y me puse a hacer ilustraciones de la pezuña de un gamo, el pico de un águila imperial o el ojo de una gineta. Con el tiempo, ya no había hiena ni búho real, pero estaban los monos aulladores.

-¿Qué le debe al Pandelet?

-Mi padre era un genio de la electrónica. Con trece años, en 1937, hizo un avión que volaba.

-¿No le interesó Doñana?

-Me gustaba más la publicidad y además me voy a la mili. La hice en Hoya Fría, en Tenerife. La mayoría de los mandos venían de la Marcha Verde, del Sahara.

-¿Cuándo se incorpora a la publicidad?

-Empecé desde abajo en la agencia Alas. Me pasa como a Felipe González, no tengo una memoria cronológica, sino locativa. Debió ser en abril de 1981 en la campaña del Estatuto de Autonomía, aquella de Ea, echemos a andar, que hizo un ilustrador francés.

-¿Tocó muchos palos?

-Desde el diseño inmobiliario a campañas de Fino La Ina o Manzanilla La Guita.

-¿La primera vez que aparece su nombre en una publicación?

-Mi madre colaboraba en el periódico Sur/Oeste y Manuel Lorente, que era crítico de arte, dirigía la revista Nuevo Sevillismo. Allí firmé con 16 años mi primer dibujo. Un retrato del futbolista Antonio Álvarez.

-¿Se retrata el retratista?

-En un tiempo récord me pidieron para una exposición una serie de 21 caricaturas que se presentarían en el Festival de cine de Huelva. De un metro por setenta en grafito. Yo voy a capón, no hago bocetos, no hago previos, copio lo que tengo en la cabeza. Cuando me puse a hacer la de Paco Rabal, fue como si consiguiera separar el cerebro en dos, y no es esoterismo. En la inauguración, estaba junto a los de Carmen Sevilla y Anthony Quinn, entró Asunción Balaguer, la viuda de Rabal, y le dio un beso a la caricatura.

-¿Fue caricaturista callejero?

-En la parte de fuera de Puerto Banús y en el paseo Marítimo de Marbella. A mil cien pesetas. Un jeque árabe me dejó diez mil pelas por pintar a sus dos hijos.

-La palabra caricato tiene una connotación peyorativa...

-El caricaturista es otra cosa. Es una interpretación psicológica o psicomorfológica del individuo o la individua. Caricaturismo es hacer turismo por la cara del prójimo o la prójima.

-¿Dónde se siente más cómodo, en el deporte o en la política?

-La gente sigue más el deporte. Trabajé una época en La Jugada de Canal Sur, ilustraciones de Suker, Cruyff con el chupa-chups, Jesús Gil, Del Bosque.

-¿Qué retrata, el alma, el físico, lo que no se ve?

-Lo del alma suena demasiado lírico. Depende del medio y de la intención. Hay veces que lo concibes como un tributo, un regalo. Trinidad Jiménez me pidió que le regalara varias copias. Pero en Interviú iba a saco con el personaje, fuera Esperanza Aguirre o el tesorero Bárcenas.

-¿Proyectos pendientes?

-Una exposición fuera de España y un libro con 35 años de trabajo.

-¿Trabajó fuera de España?

-En La Razón de México, retratos de futbolistas mexicanos, y en El Correo del Golfo, un diario en español de Dubái.

-¿Nada humano le es ajeno?

-He hecho hasta el logotipo de identificación del Teletaxi. Hay una competencia brutal; se le da más importancia a la máquina. Hay una saturación tan grande de gente haciendo lo mismo. Hay menos competencia en la caricatura y en la ilustración.

-¿Maestros del género?

-Forges es un genio. El Perich era una bestia del concretismo. Como viñetista, El Roto me parece brutal. Me han gustado Gallego y Rey. Y Rioja, maestro de aquí.

-Peridis se ha descubierto como novelista...

-Eso es el aburrimiento. Esa multiplicación ya la inventó Forges. Productor cinematográfico, autor de canciones de Aute, tertuliano en la radio.

-¿La familia o el mundo?

-Los dos. Yo soy el único varón con tres hermanas: Marian, Marta y Marisa. Mi padre era el sexto de trece. Según la moltura del aceite, unos nacían en Casariche y otros en Puente Genil.

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