Hasta 30 policías sólo para la movida

  • La Delegación de Seguridad aplica un plan especial los fines de semana · Los agentes de la Policía Local sólo tuvieron que emitir una denuncia por 'botellona' en la noche del pasado viernes al sábado

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La Plaza del Salvador se presenta como el único lugar del casco histórico donde pequeños grupos celebran botellonas en las escalinatas del templo. Pero no son más de 30 personas. Es la noche del viernes al sábado. La Alameda de Hércules, escenario reciente de conflictos nocturnos que han generado hasta polémicas políticas, está muy tranquila toda la noche. Sólo hay algunos grupos de no tan jóvenes en las escalinatas de la Casa de las Sirenas. En la Plaza del Cristo de Burgos, vallada los fines de semana para impedir las botellonas hasta no hace mucho tiempo, trabajan cómodamente los operarios de Lipasam. No hay nadie de la movida en ella. En la Plaza del Museo hay operarios a la una de la madrugada que repasan con pintura las señales de tráfico. Responsables de la Delegación de Convivencia y Seguridad del Ayuntamiento destacan un dato: "Hace unos años era impensable que pudieran trabajar con la plaza tomada por jóvenes". Sólo unos minutos más tarde, la calle Radio Sevilla y el Paseo Juan Carlos I -zona de influencia del Capote- está desértica. "Y no cabe el pretexto de que esto es zona de verano, porque los vecinos de aquí saben lo que han pasado cada invierno".

Manuel Polo es el subinspector de la Policía Local encargado de coordinar el equipo de 30 agentes que vigila las botellonas en tres zonas preferentes de intervención: el centro, Viapol y los Remedios. Lamenta que la ciudad tenga que tener a 30 agentes ocupados en estas tareas con la de servicios que se producen, sobre todo los accidentes de tráfico. Reconoce que la Ley Antibotellón ha sido clave: "No quiero ser catastrofista en mi análisis, pero esto era antes un desastre. Sin la ley, nuestra presencia sólo servía para salvaguardar la integridad física de algún o vecino o para tratar de convencer al dueño del bar de que cerrara ya. La gente sabe ahora que hay una ley -añade- y nos llama rápidamente. Ahora cuesta mucho menos disolver una botellona, porque los jóvenes ven el furgón de la Policía y se van directamente". Corrobora una tesis más que interesante: "La macrobotellona ha descendido muchísimo. Los jóvenes saben que antes o después vamos a ir al sitio, por eso ni se molestan y se van a zonas sin vecinos. Si acaso, queda algo de este fenómeno en el aparcamiento del Mercantil". Pero este lugar estaba vacío de jóvenes en la noche elegida para el reportaje.

Antonio es el inspector de servicios de Lipasam, que destina a ocho empleados a tareas relacionadas con la botellona de una de la madrugada a ocho de la mañana con independencia del dispositivo de refuerzo matinal. Son las 02.15 en la Avenida de Bueno Monreal, esquina con la calle Bogotá, donde se supone que suele haber botellonas. Sólo hay un pequeño grupo de jóvenes con varias copas de más. "Las botellonas han bajado mucho, sobre todo en el centro. Si queda algo es en la Alameda... Pero hasta allí podemos ya meter la maquinaria de limpieza que antes era imposible". Antonio confirma la migración de las botellonas: "Los núcelos duros son ahora los polígonos de la Carretera Amarilla y el Calonge, algún sector de la Cartuja, el campo de la Feria y la zona de la carretera de la esclusa".

Los parques de María Luisa, Delicias y Blanca Nieves cuentan con dos vigilantes. Los dos se llaman Francisco. Cierran los recintos a las 21 horas. Llevan desde noviembre de 1998 en la tarea, por lo que nadie como ellos para evaluar el resultado de la medida. "Esto está hoy muy tranquilo". Son la 01.15. "Esto hace dos años a esta hora era ya un mar de cientos de bolsas y botellas. Ahora vienen algunos grupos, pero de no más de veinte o treinta chavales". No es que se hayan erradicado las botellonas en la Plaza de España, donde hace un mes se produjo una agresión espeluznante con el resultado de varios jóvenes detenidos, pero la tendencia es a la baja con fuerza. La causa en este caso sería el adelanto del horario de cierre de los parques a las 21.00, lo que dificulta mucho la organización de la botellona. "Cuando ellos llegan, nosotros ya hemos cerrado los accesos y nos hemos hecho fuertes en la zona". La zona de Viapol concentra jóvenes a las puertas de los bares. Hay una llamada de queja por ruido. La Plaza Blanco White, donde los vecinos se rebelaron con pancartas en 2004, está en calma. A las tres de la madrugada, las últimas botellonas se concentra en el Polígono de la Carretera Amarilla.

La Delegación de Convivencia y Seguridad del Ayuntamiento hace balance en la mañana del sábado. La Policía Local sólo tuvo que emitir una denuncia por celebración de botellona. Los demás casos se resolvieron mediante el diálogo. El teléfono azul no recibió ninguna llamada. Y el 112 atendió 16 llamadas de quejas vecinales por botellonas.

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