Los invisibles

"Para preparar los Juegos del 92, estuvimos 972 días fuera de casa"

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CUANDO Miguel Muñoz era seleccionador de fútbol, tiempos del 12-1 a Malta, de la final de la Eurocopa de Francia, al frente de la selección española de voleibol estaba un sevillano. Pepe Díaz (Dos Hermanas, 1948) colecciona biografías deportivas. La suya no es nada desdeñable. Cuando llegó a la selección, su jefe en el Instituto Municipal de Deportes, Lolo Silva, aún no había nacido.

-Entramos en año olímpico. ¿El asesinato de Benazir Bhutto ensombrece los Juegos de Pekín?

-El COI no estuvo acertado con la elección de Pekín. No lo digo por ese atentado. En Pekín van a pasar cosas. Serán unos bellos Juegos, pero más tarde o más temprano nos enteraremos de lo que ha ocurrido, está ocurriendo y ocurrirá a costa del espectáculo.

-Escribió un libro sobre la presencia andaluza en los Juegos y prepara un segundo volumen...

-La idea del primero era hacerlo desde Atenas 1896, los primeros de la era moderna, hasta Atenas 1996, pero la Coca-Cola se metió por medio y se los adjudicaron a Atlanta. Yo decidí ampliar el estudio hasta Sidney 2000 y en este nuevo libro que estoy preparando sí iré de Atenas a Atenas.

-¿Cuál es el balance?

-Andalucía ha aportado 148 deportistas a los Juegos Olímpicos de verano y ocho a los de invierno. Cuatro han tenido el privilegio de estar presentes en cuatro Juegos: Fernando Climent, remero de Coria, María Peláez, nadadora malagueña, Luis Astolfi, sevillano de la hípica, y María José Rienda, granadina. Ésta fue abanderada de los Juegos de Turín 2006, privilegio que sólo tuvo antes Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Arión, de vela, en los Juegos de México 68.

-¿Hay muchos aristócratas?

-La primera medalla andaluza en unos Juegos la obtuvo Leopoldo Sáenz de la Maza, conde de la Maza, padre del que fue alcalde de Morón. Obtuvo plata en Amberes 1920 cuando el polo era deporte olímpico. En el libro reproduzco la medalla y una foto del conde inaugurando con el rey Alfonso XIII el campo de polo de la Magdalena en Santander.

-¿Qué significó vivir desde dentro los Juegos de Barcelona?

-Ningún otro acontecimiento se le puede comparar. Yo había sido seleccionador del equipo de voleibol entre 1981 y 1985, dimití y me volvieron a llamar de segundo del cubano Gilberto Herrera. El equipo masculino no participó en el desfile del estadio de Montjuic porque al día siguiente teníamos partido contra Canadá.

-¿Cómo quedaron?

-Ganamos 3-2, el mismo marcador que contra Japón y Francia. Los chicos se lo tomaron mal. No sé si nos lo habrán perdonado. Espero al menos que lo entiendan cada vez que vean en su casa el diploma olímpico que obtuvimos.

-¿Las chicas sí desfilaron?

-Ellas sí. Quedaron últimas. Perdieron todos los partidos.

-¿Qué hay detrás del diploma?

-Como estábamos clasificados como país organizador, el 15 de agosto de 1988 nos concentramos para los Juegos. Lo mismo que los chicos y chicas de hockey sobre hierba, ellas medalla de oro, o las chicas de baloncesto. Nos veíamos en la Residencia Blume, en San Cugat del Vallés, en el aeropuerto. Fueron 972 días fuera de casa, 325.000 kilómetros. Le dimos dos veces la vuelta al mundo con el Plan ADO. Había dinero para comer, para estar un mes en La Habana y otro en Brasil.

-¿No volvió a la selección?

-Antes de ser seleccionador, había sido segundo con un francés y con dos búlgaros. Cuando se fue Gilberto Herrera, la selección me lo ofreció, pero no llegamos a un acuerdo. A Gilberto lo nombraron seleccionador de Grecia, me llamó para irme con él. Tenía dos problemas, el idioma y la familia. A mi hijo, que jugó al voleibol y es fisioterapeuta de la selección española y de un equipo italiano, lo vi catorce días después de nacer porque yo estaba con la selección concentrado en Santander. Gilberto se fue después a Turquía y volvió a Cuba. Cortaron su cabeza porque lo culparon de que en un viaje a Italia, varios de los jugadores se quedaron en ese país. Ahora es docente y abuelo, como yo. Y no creo que él vuelva al banquillo. Le ayudé en su tesis doctoral. La mía la dediqué a análisis estadísticos del voleibol en los Juegos de Barcelona.

-¿Usted tampoco va a volver a los banquillos?

-El voleibol no lo he dejado. Soy instructor de la Federación Internacional de Voleibol, con la que he dado cursos en Paraguay, Uruguay, Venezuela, Túnez, Guinea Ecuatorial, República Dominicana, Cuba.

-¿Conoció la Expo?

-La pisé un día.

-A los entrenadores de fútbol les gusta en los entrenamientos hacer una variante del voley...

-Estoy haciendo un estudio sobre el Voleibol insólito. Ya no hablo del voley-playa, que es olímpico desde Atlanta y al que los patrocinadores acuden antes que al voley indoor. En Ipanema hay más de cuatrocientos campos de futvoley, Romario estaba allí cada dos por tres cuando jugaba en el Barcelona. El piqui-voley es una variante que practican inmigrantes paraguayos en San Jerónimo. Y en Lucena del Campo, en Huelva, se juega al voley-barro.

-¿Empezó con la cantera?

-Yo jugué de colocador en el Calasancio. Ascendí a división de honor a los Escolapios y al Esquimo Alisa de Dos Hermanas. Cuando terminé la carrera y conseguí plaza en el Fernando de Herrera, daba clases de Educación Física y creaba equipos de voleibol.

-¿Hay juguetes rotos?

-Faustino Reyes, sevillano de Marchena, fue medalla de plata de boxeo en Barcelona 92. Se colocó de chófer en el Comité Olímpico. Se fue a Alemania a boxear y se casó con una alemana.

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