Fuensanta Coves

Un 'primo' del lince en San Vicente

  • A Sevilla cn escalas en Elche, Murcia Granada y Almería. Farmacética sin farmacia, pero con video-club.

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Nueve de la mañana. Una mujer camina por la calle Marqués de la Mina hablando de castañas por el móvil. Fuensanta Coves (Elche, 1961) es portavoz de Agricultura en el Senado y es la temporada. Farmacéutica sin farmacia, llegó a un hospital sin médicos para ser la directora de la clínica cuando en 2008, por unanimidad, fue elegida presidenta del Parlamento Andaluz en el edificio que había sido hospital de las Cinco Llagas o de Extramuros.

En la puerta del bar Clemente, donde confluyen las calles Alcoy, Santa Clara y Eslava, se leen los dieciséis tipos de tostada. Fuensanta opta por media con mantequilla. Suenan las campanas de San Lorenzo. Primero tuvo que conquistar una ciudad. Si hubiera sido premeditado, no le habría salido mejor: BUP en Elche, COU en Murcia; diez años en Granada, repartidos entre la carrera de Farmacia y la tesis; el amor la lleva a Almería, donde se dedica a la docencia, con materias tan poco poéticas como Didácticas Experimentales, hasta que se produce el efecto 2000: Manuel Chaves la llama para ocupar la Consejería de Medio Ambiente. La mujer que nació el año de la riada del Tamarguillo se hacía cargo del traspaso de competencias hidráulicas.

Después de conquistar la ciudad, tenía que buscar su sitio. Primero vivió en un piso de su cuñada en Nervión, después en el Porvenir. "Me fascinó que una ciudad tan grande como Sevilla tuviera tanta vida de barrio y mi barrio estaba aquí, junto a la Alameda. Es la zona más europea de la ciudad, la más internacional".

Salimos del bar Clemente y se siente tan en casa por estas calles como cuando era niña en Elche o estudiante en Murcia. "Soy la pequeña de cuatro hermanos, estaba demasiado protegida y siempre quería salir de casa". Las campanas de Santa Ana las oye en su casa de Torneo, donde el destino le transfiere unas competencias sentimentales. "Para no echar de menos Almería, cuando sube la marea, en invierno no tanto, pero hay mañanas en primavera en las que huele a salitre". Ve la Cartuja: el cohete, el auditorio, la Torre Pelli, que defiende, y recuerda una excursión en autobús a la Expo con profesores de Almería.

Lo tiene todo a mano: en la calle Santa Ana, está su centro de yoga. En la Alameda, su video-club favorito. En San Vicente, en la casa que construyó el arquitecto José Galnares Sagastizábal, la sede de su partido. Por la calle Guadalquivir se oye la algarabía escolar del recreo en el patio de las Mercedarias. "Mi maestra fue Rosa, mi hermana, que también fue mi madrina de bautismo. Ella me enseñó a leer y a hacer quebrados. Mi padre no sabía lo que era la igualdad, pero la practicaba. En mi casa sólo estudiamos las mujeres. Los hombres, a los negocios".

La calle San Vicente, que desemboca en la plaza del Museo, la va a llevar por el conducto más inesperado al lince ibérico, cuya protección convirtió en cruzada política. Entre dos coches aparcados, se detiene ante la visión de un gato orgulloso. "Siempre me gustaron los gatos. En mi casa de Torneo tengo dos callejeros, uno se llama Pep, por Guardiola, claro, y otro Violeta". Un felino lo encontró en la Universidad de Almería, a otro atrapado en un pino ilicitano. Ya tiene Antonio Burgos una nueva amiga.

Narciso Bonaplata, el catalán que fundó la Feria con el vasco Ybarra, tiene calle perpendicular a Torneo. "Vamos a pasar por el edificio más transitado del barrio". Se refiere al economato que la Asociación de hermandades Casco Antiguo trasladó desde la calle Peral para atender tanta necesidad y azote de la crisis.

Ocho años consejera autonómica, cuatro al frente del Parlamento Andaluz. En la actualidad está en misa y repicando, es senadora en la madrileña Plaza de la Marina y diputada autonómica junto a la Macarena. Ha establecido un ritmo de alternancias. "Suelo pasar dos días en Madrid, dos en Sevilla y si puedo me escapo a Almería". En la ciudad, es partidaria de la bicicleta, cuya utilización considera una conquista política; entre ciudades, es usuaria del tren, que le permite disfrutar de dos de sus debilidades: la lectura y los crucigramas.

La hermana pequeña de Rosa, Pepe y Jerónimo Coves no añora los sillones que le dieron titulares de prensa. "Me lo tomo como una etapa provisional". Mantuvo buenas relaciones con otros colegas que presidían parlamentos autonómicos. "Nos reunimos una vez en Bilbao. La presidenta de la Asamblea de Madrid era Elvira Rodríguez, con la que en su etapa de ministra de Medio Ambiente se desbloqueó el tema del lince".

Su grupo mixto son los letrados del Parlamento Andaluz con los que hablaba de libros en el lapso del desayuno. Su última visita a Elche fue para enterrar a su padre, Jerónimo Coves, el hombre que ya le había echado el ojo a una farmacia en Rojales, pueblo de la huerta alicantina, para que su hija se asentara en el oficio. "Me gustaba más la investigación". Que la llevó a la política y a Sevilla para pasearse por la calle Santa Clara, con una farmacia junto a la casa donde nació el poeta Rafael Montesinos.

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