Las prisiones de Sevilla y Morón de la Frontera acogen ya a siete presos de ETA

  • El último terrorista trasladado ayer es Asier Arzalluz Goñi, que está acusado del asesinato del periodista José Luis López de Lacalle · Algunos son históricos dirigentes de la banda como Kantauri y Makario

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Las cárceles sevillanas acogen ya a siete presos de ETA desde que en junio de 2009 el Ministerio del Interior ordenara el traslado del primer recluso de la banda después de 14 años, dado que Sevilla no había recibido internos terroristas desde 1995.

El etarra Gorka Martínez Ahedo, miembro del Comando Vizcaya, fue el primer preso trasladado a Sevilla-I, a finales de junio de 2009. En los nueve meses que han transcurrido desde que llegó este terrorista, las cárceles de Sevilla han recibido a otros seis miembros de la banda y de su entorno.

El último en ser conducido a una prisión sevillana ha sido Asier Arzalluz Goñi, que ingresó a mediodía de ayer en el centro penitenciario de Sevilla-II, ubicado en Morón de la Frontera. Asier Arzalluz, miembro de los comandos Ttotto y Vizcaya, está implicado en una decena de causas judiciales, entre ellas el asesinato de dos guardias civiles en Sallent de Gállego (Huesca) y del periodista José Luis López de Lacalle, cuando regresaba a su casa en Andoain (Guipúzcoa). Este terrorista, que fue extraditado desde Francia en noviembre de 2009, está condenado a más de 80 años de cárcel por varios atentados, entre ellos la colocación de una bomba bajo el coche del dirigente socialista Eduardo Madina.

Con Asier Arzalluz Goñi ya son seis los presos terroristas encarcelados en Morón de la Frontera, algunos de ellos históricos dirigentes de la banda como José Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri, y Ignacio Arakama Mendía, Makario. José Javier Arizkuren fue jefe de los comandos de ETA en la década de los 90 y fue capturado en París en marzo de 1999. La banda le designó como uno de los tres interlocutores con el Gobierno del PP durante la tregua que tuvo lugar ese mismo año.

Ignacio Arakama Mendía, Makario, es responsable de 18 asesinatos y fue expulsado de ETA en 2004 por suscribir una carta junto a otros históricos de la banda como Francisco Múgica Garmendia, Pakito, en la que apostaban por el abandono de la lucha armada. Makario, que fue miembro de los comandos Araba y Madrid, participó en el secuestro del empresario Diego Prado y Colón de Carvajal, y fue uno de los tres representantes de la banda en las conversaciones de Argel.

Otros dos presos de la banda encarcelados en Sevilla-II en los últimos meses son Jon Villanueva Patín y Urtzi Paul Larrea, condenados a varios años de cárcel por actos de kale borroka.

En la cárcel de Morón de la Frontera, que fue inaugurada en julio de 2008, también está internado desde principios de febrero el dirigente de la ilegalizada Batasuna Joseba Permach, que se hallaba privado de libertad desde la operación desarrollada en Segura (Guipúzcoa) en octubre de 2007. Permach fue trasladado a Morón desde la cárcel de Topas (Salamanca).

Instituciones Penitenciarias no había trasladado a ningún preso terrorista a Sevilla desde 1995. Cuando en 1989 se inició la política de dispersión de presos terroristas, Sevilla se convirtió en el centro principal en la zona Sur del país de esta estrategia, concentrando el mayor número de internos de ETA, y del que posteriormente se trasladarían a otros centros penitenciarios de Andalucía, Ceuta, Melilla y Canarias.

En 1994, la cárcel de Sevilla (por entonces Sevilla-II) llegó a contar con 16 internos terroristas, y al año siguiente el número de etarras se redujo a 10. La reducción en el número de internos coincidió con la inauguración de los primeros centros penitenciarios tipo, que incluían departamentos especiales de máxima seguridad para acoger a estos internos.

Los primeros centros modelo con estos departamentos que entraron en funcionamiento en 1995 fueron la cárceles de Soto del Real, en Madrid, y de Topas, en Salamanca. Al año siguiente se inauguró la prisión de Huelva, que también dispone de recinto de máxima seguridad. Las prisiones sevillanas han acogido tradicionalmente presos de otros grupos violentos y terroristas.

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