Un problema de candados

  • El puente de Triana, monumento BIC, luce más de 300 cierres

Primero fueron los grabados en los árboles, luego arrojar monedas a las fuentes y ahora llega una moda importada directamente de la capital de Italia, Roma. El puente de Triana se ha convertido en el nuevo icono para las parejas, tanto sevillanas como visitantes, que sellan su amor eterno a través de un candado que queda enganchado a las barandas del puente mientras la llave de la cerradura es lanzada al río Guadalquivir.

Lo que comenzó como una mera anécdota que despertaba la curiosidad de quienes pasan a diario por el puente se ha convertido ya en un creciente problema. De la treintena de candados prendidos a mediados de mayo se ha pasado a más de 300, según el recuento efectuado por este periódico esta misma semana, cantidad que afecta a la estética del puente de Isabel II, declarado monumento bien de interés cultural (BIC) en 1976. Construido entre 1847 y 1852 por los ingenieros franceses Bernadet y Steinacher para reemplazar el antiguo puente de barcas de 1171, es un buen ejemplo de la arquitectura de hierro del siglo XIX.

El Ayuntamiento de Sevilla aún no ha decidido intervenir pese a la solicitud de información trasladada por este periódico al respecto, máxime al tratarse de un monumento protegido. Ni la comisión municipal de Patrimonio, ni Cultura, ni Conservación de Monumentos parecen tener claro qué hacer con la proliferación de los candados, si permitirlos, como sucede hasta ahora, o ponerle coto.

Se trata de la réplica a distancia de lo que sucede en el puente Milvio, el más antiguo y largo de Roma, donde cada día numerosas parejas de enamorados realizan su peculiar rito para jurarse amor eterno. En sus farolas colocan un candado en el que escriben sus nombres y la fecha en que comenzaron a salir. Desde hace meses, este ritual romántico se ha puesto de moda en la capital andaluza, gracias, sobre todo, a los estudiantes italianos de Erasmus que han importado esta tradición romana.

Mensajes como "te amo" o "para siempre" en diversos idiomas quedan inscritos en el metal de los candados que posteriormente son colgados sobre las barandillas del puente que une Sevilla con Triana. La fuente de inspiración de este acto surgió del libro Tengo ganas de ti de Federico Moccia.

Por lo pronto, los únicos beneficiarios de esta moda son los ferreteros próximos al puente, como la Ferretería Roma, en Reyes Católicos, establecimiento donde la venta de candados ha subido un 20%. Los clientes que piden los candados, aseguran allí, son básicamente jóvenes estudiantes.

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