El puente se centra en el centro

  • Los belenes, los dulces de los conventos y las comidas de empresa consagran el puente de la Inmaculada como proclamación oficiosa de la temporada de compras, hábitos y placeres navideños

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Dice Rafael Pérez, responsable del Cecop, que Sevilla tiene todas las trampas de las ciudades con encanto. Las que nacieron en torno a un castillo o a una muralla y fueron creciendo en círculos concéntricos. Las hace misteriosas para el turista, tortuosas para el conductor. Ese concepto de ciudad medieval, antagónico a la urbe abierta, mediterránea, que creció en paralelo a su línea de costa, es el soporte perfecto para explicar lo que le ocurre a Sevilla cuando la gente intuye que se acerca la Navidad. El acabose.

Son otros círculos concéntricos que se retroalimentan. Un sistema de atraer personas desde otros puntos de la ciudad, desde otros puntos del mapa, incluso desde otros puntos del hemisferio. Un círculo sería la iluminación navideña. Otro, los belenes. Otro, los dulces de los conventos. Todo en este puente entre una fiesta laica y otra religiosa -Constitución, Inmaculada- que además cayó en viernes hace inevitable el panorama: colapso en bares, cines, restaurantes. Ayer había cola hasta para hacerse fotos en los bancos de las provincias en la plaza de España. El incremento de tráfico que acompaña a estos movimientos masivos provocó numerosos atascos. Hasta mitad de la semana próxima, el Ayuntamiento no pondrá en marcha el plan especial de tráfico para Navidad, impidiendo el acceso salvo residentes y carga y descarga.

¿Quién se va a ir del centro? El interrogante flotaba ayer por Tetuán y Sierpes. El centro siempre será el centro, se pongan como se pongan los extremos. "Nos cuesta unos setenta euros la noche", decía una chica por el móvil. Juan Rodríguez, conductor de Tussam, ya tiene los billetes para irse hoy a Lisboa. Se multiplican los artistas callejeros por doquier. Todos tienen su público. Hasta la mujer que desparrama una hiedra de malla y que usa de reclamo canciones de Silvio Rodríguez.

Hubo grandes atascos por la mañana y por la tarde. Los conductores caen en la tentación de los círculos concéntricos: dulces, belenes, amigos invisibles, comidas de empresa. "Ni en Montellano hay una bombillas tan pobretonas como en el centro de Sevilla". La queja es de Juan Ignacio Zoido, que recorre las calles más comerciales de la ciudad con dos compañeras de grupo municipal.

Ignacio Sánchez Dalp es el último sacerdote que ha sido pregonero de la Semana Santa. Estaba junto al escaparate de la librería San Pablo, donde eran compañeros de vitrina sendos libros de los ex militantes del Partido Comunista Víctor Manuel y Federico Jiménez Losantos. El cura pregonero iba con una bolsa de Uclés, guantería clásica del Salvador.

"Hablamos con el 010 y después con el de la grúa que ponía el alumbrado. Nos dijo que tenía orden de colocar las bombillas a partir del 12 de O'Donnell". La Joyería Félix Pozo, joyeros desde 1922, volvió a quedarse sin iluminación navideña por tercer año. "No voy a vender más ni menos por no tener alumbrado, pero es un feo para el turismo llegar a la Campana y encontrar sólo la iluminación que ha puesto el Burger King", dice Francisco Pozo.

La orquesta de cámara Capriccio ameniza la sobremesa de los transeúntes por Sierpes. Ya han cerrado Maquedano. Juan Foronda ha adornado los balcones de su tienda. Es la primera Navidad del negocio que siglo y medio después le toma el relevo a la tienda de paraguas Rubio. Se llama Una de 50, especializada en bisutería.

El tranvía lleva menos viajeros que el día de la Constitución por la avenida del mismo nombre. La Navidad es la pesadilla de los padres y la fiesta de los niños. Decenas de carritos con estos héroes diminutos que están invirtiendo los fatídicos presagios de hace un par de años sobre el índice de natalidad. Enrique Lobato sube en brazos a su hijo y tocayo, de dos años, para que vea el árbol que ha puesto el Ayuntamiento en la entrada. Es la segunda vez que el niño sale en un periódico. Este diario lo sacó en brazos de Kanoute cuando el Sevilla volvía de Rusia en febrero del año pasado. Su padre trabaja en la Casa Grande.

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