Los pulverizadores gastan hasta 100 litros de agua al día

  • Más de 280 bares y restaurantes de Sevilla emplean ya este sistema · Estas instalaciones bioclimáticas pueden reducir la temperatura del lugar en 11 grados

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La instalación de una red de pulverizadores supone un coste de entre 1.200 y 4.000 euros, ya que "el precio es muy variable según las necesidades de cada cliente y las condiciones de las instalaciones a climatizar", dice Carlos Aires, gerente de la empresa de climatización Mosetec. "La instalación debe estar registrada ante la Delegación de Salud del Ayuntamiento y la de Medio Ambiente", precisa.

Los pulverizadores pueden aumentar la humedad relativa en el aire y con ello reducir la temperatura del lugar hasta en 11 grados. Pero hay que considerar el gasto de agua que conlleva. Cada difusor gasta unos dos litros de agua por hora de forma intermitente, a lo que el gerente de Mosetec concreta que "el consumo de una instalación estándar (unos 25 difusores) podría ser de 100 litros al día; similar a ocho cisternas de un urinario". Una cifra que se acerca al consumo medio de agua por habitante en Andalucía, que es de 143 litros.

La pulverización del agua refresca el ambiente, limpia el aire de impurezas y ahuyenta a los mosquitos; sin embargo, de no recibir un mantenimiento adecuado, este sistema podría llegar a resultar nocivo. "Tiene un mantenimiento mecánico e higiénico-sanitario, al igual que cualquier instalación en la que intervengan bombas eléctricas y agua, para la prevención de la legionelosis", explica. Y añade que este mantenimiento debe ser realizado por empresas autorizadas por sanidad e inscritas en el Registro Oficial de Establecimientos y Servicios Biocidas (Roesba).

La legionela es una bacteria en forma de bacilo que prolifera en acumulaciones de agua estancada. De no mantenerse adecuadamente, estas bacterias pueden aparecer en los circuitos de agua de estos aparatos, y bastaría con inhalar la humedad que expulsa para contagiar legionelosis. Son casos aislados, pero ya en 2009 fallecieron cuatro personas en el Hotel Macarena, de resultas de un brote de legionela propagado desde una torre de refrigeración. Para 2013, la Delegación de Salud del Ayuntamiento exigirá que estos establecimientos contraten los servicios necesarios para su mantenimiento.

"Sí que hemos notado un aumento de clientela desde que lo instalamos, es algo que llama la atención, la gente se para frente a la terraza y muchos se quedan" asegura el encargado de la cafetería Picatoste, en la calle San Eloy. No se puede fumar en el interior de estos establecimientos -donde suele haber aire acondicionado-, por lo que esta medida esta pensada también en los fumadores: "Con la ley antitabaco cayeron la mitad de los clientes, pero ahora este público se está recuperando". Los pulverizadores de agua tambíen han generado alguna que otra protesta: "Alguna mujer se ha quejado porque no le podía dar agua en el pelo" comenta el encargado.

La llegada del calor puede suponer una disminución de los clientes en las terrazas durante las horas más fuertes de sol, lo que se refleja en los beneficios brutos del hostelero. Convertir la terraza en un bioclima resulta ser una inversión ideal para amortiguar las pérdidas que puedan ocasionar las temperaturas extremas de la canícula sevillana. Juan Colomé, gerente de la empresa Cobertia en Andalucía, afirma que "alrededor de 280 y 300 bares y restaurantes de Sevilla usan ya este sistema".

El sistema del bioclima es conocido ya entre los sevillanos, que lo vieron por primera vez en la Expo 92. Desde entonces, su empleo ha ido creciendo, incorporándose al parque temático Isla Mágica y a algunos acontecimientos. El sector hostelero se ha convertido en un destacado inversor de estos aparatos.

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