La sequía amenaza a las cosechas

  • La Confederación Hidrográfica y los regantes alertan del preocupante estado de la Cuenca del Guadalquivir, al 33% de su capacidad

  • La escasez de lluvia y las altas temperaturas reducen las cosechas hasta un 20%

El agua es un bien finito. Hay quien lo llama el oro líquido del siglo XXI y su escasez preocupa. Tras dos años lloviendo por debajo de los valores normales, Sevilla, y Andalucía en general, se encuentra en una situación de sequía meteorológica y los primeros perjudicados son el campo y los que viven de él.

Los embalses de Sevilla están a la mitad de su capacidad, exactamente al 51%, algo más de seis puntos porcentuales menos que hace justo un año. El problema, de momento, no es el abastecimiento de la población, que está garantizado durante tres años más, según asegura tanto la Empresa Metropolitana de Abastecimiento y Saneamiento de Aguas de Sevilla S.A. (Emasesa) como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), sino la viabilidad de los cultivos de regadío. Éstos no sólo se abastecen de ciertos pantanos de Sevilla, sino también de los de Córdoba y Jaén, donde el agua embalsada no llega ni al 30%.

"Hay preocupación, ya que si no llueve este otoño y en invierno, habrá restricciones de riego el próximo año", advierte Joaquín del Campo, director adjunto y jefe de explotación de la CHG. Actualmente, la Cuenca del Guadalquivir se encuentra en situación de prealerta, al 33% de su capacidad. "Pero el sistema de regulación general, el más importante de la cuenca, se sitúa al 27%", lo que ha activado ya el nivel de alerta. La CHG aclara que lo peor ya ha pasado, ya que la campaña de cosechas -que no ha sufrido restricciones en las dotaciones de agua pese a la sequía meteorológica- finaliza en los próximos días, y ya se ha desembalsado toda el agua necesaria para el regadío.

"Tanto en el año hidrológico 2015-2016 como en el de 2016-2017, las lluvias han sido un 9% inferior a la media, que se sitúa en 583 mm al año. Sin embargo, las aportaciones de agua a los embalse han sido sólo del 30%", detalla Joaquín del Campo. "No existen previsiones fiables para los próximos meses. Esperemos que haya abundantes lluvias para llenar nuestros embalses".

Presa de La Puebla de Cazalla, al 10,8% de su capacidad. Presa de La Puebla de Cazalla, al 10,8% de su capacidad.

Presa de La Puebla de Cazalla, al 10,8% de su capacidad.

Según el profesor Leandro del Moral, del departamento de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla, la provincia sufre una sequía meteorológica. "No podemos hablar de sequía hidrológica porque los embalses aún tienen agua y el consumo está garantizado", explica. "Pero, tras un segundo año seco, sí existe lo que llamamos sequía meteorológica, que impacta en los pastos y las producciones de secano, como el olivar, descienden". Si en el próximo año hidrológico, que comienza el 1 de octubre, "no llueve o llueve más de un 5% menos de lo normal, en 2018 habrá sequía, que impactará con fuerza en el regadío".

Para Del Moral, al problema de la escasez de lluvia, se ha sumado la falta de control de la expansión de los cultivos de regadío. "Los sistemas de riego se han modernizado, son más eficaces y las fugas y pérdidas de agua son menores, pero la superficie cultivada ha aumentado en los últimos años y la Confederación Hidrográfica ha mantenido las dotaciones de agua a los regantes, sin restricciones" a pesar de la situación de prealerta, explica el docente de la Hispalense.

La sequía ya está afectando a algunos cultivos, entre ellos la campaña del verdeo. Asaja-Sevilla prevé un descenso del 11% en la producción de la aceituna de mesa, hasta las 529.000 toneladas, la cifra más baja de los últimos cinco años, como consecuencia de la escasez de lluvia y las altas temperaturas de este verano.

Por variedades, la que sufrirá una mayor merma en la producción será la manzanilla, variedad de la que la provincia de Sevilla es principal productora. La asociación de agricultores prevé una reducción del 33%. También se estima un descenso similar en la producción de gordal. "Se está recogiendo una aceituna muy pequeña y arrugada. Ha perdido calidad. Y como no sirven como aceituna de mesa, la llevaremos al molino para producir aceite. Es menos rentable, pero al menos no la tiramos", reconoce José Vázquez, técnico de Asaja-Sevilla.

La sequía amenaza a las cosechas La sequía amenaza a las  cosechas

La sequía amenaza a las cosechas

Manuel Tierno es propietario de una finca de seis hectáreas de olivos en la carretera que lleva a la presa de La Puebla de Cazalla. Inició la campaña de recogida de aceitunas el 11 de septiembre y una semana y media después ya la ha concluido. "De las seis hectáreas, cuatro las he dejado sin recoger. Las aceitunas son muy pequeñas, no sirven para deshuesar, sólo para echarla en cáustica, de aliño", explica el agricultor en plena faena.

Muchas fincas de la zona cuentan con un sistema de riego por goteo que se nutren del agua de lluvia que recoge una balsa del río Corbones, un afluente del Guadalquivir. Unas 2.000 hectáreas dependen de esta balsa, que ahora está seca. "Mis olivos sólo han recibido el 10% de agua de riego por goteo que hubieran recibido en condiciones normales", asegura Manuel Tierno.

Los agricultores miran al cielo y rezan para que llueva pronto. "La situación preocupa, sobre todo de cara al futuro", apunta José Vázquez, de Asaja-Sevilla, que reconoce que la falta de precipitaciones redujo las últimas cosechas de girasol y cereal en un 20%, aproximadamente. Además, los agricultores y ganaderos están asumiendo un gasto adicional que no preveían. "En Sevilla sabemos que hay tres meses de estío en los que tenemos que aportar agua a los bebederos para las reses, ya que no hay charcas, y comprar pienso, porque la dehesa está seca y los animales no tienen qué comer", aclara el técnico de Asaja-Sevilla". "El problema es que nuestras previsiones eran de tres meses y ya llevamos seis. Tuvimos que empezar antes a echar comida al ganado, en marzo". Por otro lado, la escasez de precipitaciones obliga a regar con más frecuencia, lo que supone un mayor coste de energía.

"Los pantanos no tienen agua suficiente para hacer frente a una nueva campaña. Los próximos cultivos de maíz, algodón y naranja corren peligro. Tiene que llover mucho para que los embalses y los acuíferos se recuperen", advierte José Vázquez. "El futuro es bastante incierto. Si no llueve pronto y mucho, no tendremos capacidad para regar nada el próximo año".

Algunos embalses destinados al regadío presentan una situación especialmente crítica, como el de José Torán, situado entre Lora del Río y La Puebla de los Infantes, al 32% de su capacidad, y el de La Puebla de Cazalla, que no llega al 11%. "Hace casi 20 años que el pantano de José Torán no está tan vacío. El bajo nivel del agua ha dejado al descubierto un antiguo puente", asegura el técnico de Asaja-Sevilla. Pero el pantano sevillano en peor situación es el de Torre del Águila, cerca de El Palmar de Troya, al 3,5% de su capacidad, según datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) a fecha de 20 de septiembre. Su nivel es de mínimo ecológico.

La CHG, dependiente del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, puso a mediados de julio en marcha la primera fase de la estación de bombeo en el embalse de Torre del Águila, que ha permitido a los regantes tener agua este verano para sus cosechas. Las obras de interconexión del Canal del Bajo Guadalquivir con este pantano incluyen cuatro bombas, pero de momento sólo hay una en funcionamiento. La CHG asegura que estas obras, con una dotación presupuestaria de más de un millón de euros, finalizarán completamente en octubre. Sin embargo, hay regantes que desconfían y se muestran bastante preocupados por la situación.

"El nivel de agua es muy bajo y no contamos con suficiente agua para regar. Con la bomba que pusieron en julio, el problema se solucionó pero de manera momentánea. Sobrevivimos en julio y agosto, pero la cosecha de remolacha, por ejemplo, que empieza en octubre, corre peligro. No tenemos agua para regar. El pantano está seco", manifiesta Jaime Argüeso, secretario gerente de la Comunidad de Regantes de Torre del Águila.

Las cosechas de algodón, el olivar o el almendro se han recogido sin incidentes gracias a la puesta en marcha de la primera fase de la nueva estación de bombeo, pero ésta no ha sido suficiente. "El agua llegó, pero tarde, sólo pudimos regar a mediados de julio y en agosto, y hubo cultivos que se perdieron", reconoce Jaime Argüeso. Las cosechas de remolacha, el trigo y el girasol de esta zona se perdieron por falta de riego, y el tomate y el maíz ni se llegaron a sembrar.

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La sequía amenaza a las cosechas

A pesar de encontrarse en el nivel mínimo ecológico -reserva garantizada para la supervivencia de la fauna-, a principios del periodo estival se hallaron peces muertos en la orilla de la presa. "Un estudio determinó que estos peces no murieron por la sequía, sino por las altas temperaturas, que calentaron el agua y los peces se cocieron", indica Juan Carlos González, presidente de la Entidad Local Autónoma de El Palmar de Troya, lugar en el que se encuentra el embalse de Torre del Águila. "Hace tres o cuatro años que no vemos el pantanos en unas condiciones aceptables".

El abastecimiento de agua para la población está garantizado al menos durante tres años más, incluso si no llueve. Los pantanos que abastecen a los vecinos de Sevilla capital y el Aljarafe se encuentran por encima de la media de la provincia, al 70% de su capacidad, según datos de Emasesa. Pero no todos los municipios de la provincia corren la misma suerte.

La Sierra Sur de Sevilla, en concreto los municipios de Badolatosa, Lora de Estepa, Casariche y La Roda de Andalucía, sufrió este verano importantes restricciones en el suministro de agua y los problemas aún no se han solucionado de manera definitiva. Unos 15.000 vecinos de la zona sufrieron cortes de agua diarios durante casi dos meses. El pozo de El Puntal, de 104 metros de profundidad, llegó a tener sólo cuatro metros de agua.

A mediados de agosto, el Ayuntamiento de Badolatosa, que gestiona el pozo que abastece a los municipios de la zona, puso en marcha en un tiempo récord una planta potabilizadora en desuso desde hacía 25 años, que le permitió usar el agua del embalse de Malpasillo y salir de la situación de emergencia. "El problema no se ha solucionado aún", reconoce Custodio Borrego, concejal de Sanidad, Agricultura, Ciclo Hidráulico y Nuevas Tecnologías del Ayuntamiento de Badolatosa. "De momento, en Badolatosa, nos apoyamos en el embalse de Malpasillo gracias a la nueva planta, pero no tenemos infraestructura suficiente para derivar esta agua hasta Casariche o La Roda de Andalucía". Según Borrego, la situación del pozo de El Puntal continúa siendo crítica y es necesario que la Diputación solucione cuanto antes el bloqueo existente para el uso del pozo de una zona llamada La Algaidilla, de dominio público pero situado en una parcela de propiedad privada.

Pedrera, Aguadulce, Gilena, Martín de la Jara y Los Corrales también sufrieron este verano restricciones en el suministro, como consecuencia del bajo nivel del acuífero de Becerro.

Para Luis Fernando López Cotín, delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Andalucía, Ceuta y Melilla, esta sequía es el reflejo de un cambio climatológico. "El calentamiento global es algo incontestable y absolutamente claro, y se refleja a nivel local", afirma. En los últimos 20 años, la temperatura media anual en Sevilla ha estado siempre por encima de la media salvo en 2013, y la anomalía ese año fue sólo de 0,2 grados por debajo de la media.

"Los últimos años han sido más cálidos de lo normal. El cambio climatológico es muy evidente en las temperaturas, y también cuando se analizan las precipitaciones, aunque en menor medida", matiza López Cotín. Según los datos de la Aemet, desde 1997, sólo en siete ocasiones ha llovido por encima de la media, y algunos años como 2004, 2005 ó 2015 fueron especialmente secos.

Tras un verano muy caluroso, e incluso "extremadamente cálido" en junio, las previsiones de la Aemet para el otoño no son muy esperanzadoras, sobre todo durante la primera mitad del trimestre. Se estima un otoño muy caluroso, especialmente en octubre, y con ausencia de precipitaciones para este mes. "El panorama más probable es el de un octubre seco, pero esperamos que la situación cambie en noviembre y diciembre, cuando se prevén precipitaciones por encima de los valores normales, una buena noticia para los pantanos".

La última gran sequía que sufrió Sevilla fue en el periodo 1992-1995. La situación rozó la catástrofe. Las reservas de los pantanos de Emasesa estaban prácticamente agotadas y, la Cuenca del Guadalquivir, con todos sus embalses de regulación, apenas pudo garantizar el mínimo caudal en el río Guadalquivir para cubrir las necesidades de abastecimiento de Sevilla, aunque fuera con agua de mala calidad. Se llegó incluso a programar la construcción de una desaladora en Sevilla, lo que indicaba la gravedad de la situación.

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