Isaías Pérez Saldaña, ex presidente de Cartuja 93

"El sevillano no es consciente de la importancia del parque Cartuja 93"

  • El ex presidente del parque científico y tecnológico de Sevilla da un 'tirón de orejas' al Ayuntamiento por la parálisis de los planes de expansión previstos en los suelos que hoy son aparcamientos.

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La entrevista tiene lugar 48 horas antes de que el consejo de administración de Cartuja 93 acuerde su cese voluntario como presidente. Han sido seis años al frente del parque tecnológico que se suman a los cinco como alcalde de Ayamonte y a los doce como consejero de Asuntos Sociales y Agricultura y Pesca. A los 63 años pone punto final a su carrera política. "No me voy contra nadie ni contra nada", afirma.

-Usted afirma sentirse "amortizado" políticamente y que por eso deja la presidencia de Cartuja 93. ¿También cansado o castigado?

-No, no, se trata de una reflexión algo filosófica pero que para mí es muy práctica sobre lo que uno piensa de la vida. Yo me venía preguntando desde hacía meses qué hacía con la mía. Yo siempre he querido ser político y hacer política, no ser un tecnócrata. He sido alcalde, consejero y presidente de Cartuja 93, y todo lo he hecho por propia voluntad. Al dejar el Parlamento, mi conexión con la militancia la perdí como tantos otros que trabajan fuera de su provincia. A mí me tocó quedarme en terreno de nadie, no me quejo y la amortización no es personal.

-Y a eso se une la falta de trabajo en Cartuja 93.

-En junio ya comuniqué a la Consejería [de Economía] que la actividad había entrado en una decadencia tal que yo no podía pasarme el día hablando solo con mi ordenador... Como consecuencia de la reducción de fondos del Gobierno de la nación, este parque ha pasado de manejar cada año entre 25 y 30 millones de euros a 42.000 euros este año. Con ese dinero, basta con que haya una directora general y que el consejero asuma la presidencia.

-¿Qué se hacía con ese dinero?

-Servía para financiar los proyectos de las empresas a bajo interés, no hay dinero a fondo perdido, y nosotros nos encargamos de gestionarlo. A mi llegada introduje medidas de austeridad -quité los coches oficiales, las tarjetas...- y nos mudamos a este edificio [el Pabellón de Europa de la Expo], rescatándolo del abandono y dejando de pagar un alquiler. Pero una vez hecho esto no hace falta un presidente ejecutivo, aunque ha habido empresarios que me han pedido que me quede.

-¿Lo que se avecina es peor?

-En este país estamos pasando momentos muy complicados y nada hace prever que vayan a mejorar a corto plazo. Primero sufrió las consecuencias el empleo privado y ahora estamos empeñados en cargarnos el público. Y lo que yo iba a tener que gestionar era un ERE o algo parecido que va a afectar a gente que está trabajando aquí antes de que yo llegase. Sinceramente, yo no quería culminar mi vida política de esa forma y si con mi salida ahorro un dinero y evito que tres o cuatro personas se vayan, pues mejor.

-En 2005, 83 millones de euros de fondos públicos en I+D+I y hoy sólo los 42.000 que usted cita. ¿Se ha tirado la toalla con el parque?

-No, no es un problema de Cartuja 93, sino del plan nacional. El cambio de Gobierno ha echado por tierra el I+D+i. Cuando Alemania atravesó su crisis por la unificación, lo único en lo que no desinvirtió fue en investigación y educación porque hizo una apuesta por la nueva economía. El I+D+i no es un lujo. De más de 600 millones de euros que manejábamos los parques en toda España hemos pasado a 180 en el conjunto de los últimos tres años, con la prohibición de invertir en construcción de espacios. Insisto en que no estamos hablando de ayudas a fondo perdido, sino de financiación a bajo interés.

-¿Qué se ha hecho con esa inversión?

-Todo el dinero que ha llegado a Cartuja en estos últimos cuatro años ha sido para aumentar la actividad empresarial y el número de laboratorios con 18 centros de investigación, dedicados fundamentalmente a la biotecnología. Cartuja 93 es hoy un referente nacional en ese campo, pero si se cierra el grifo de la inversión pública y de la financiación privada, el camino que hemos recorrido se pone en peligro. Espero que todo pueda arreglarse con fondos del próximo marco de apoyo comunitario, donde hay previstos 80.000 millones de euros para la I+D.

-¿Los sevillanos son conscientes de la actividad que se desarrolla en Cartuja 93?

-Los sevillanos, no.

-¿Por qué?

-Probablemente por una mala estrategia nuestra. Lo he comentado con empresarios del parque: lo que no se visualiza no existe. Tendemos a vivir del recuerdo de la Expo, pese a que el proyecto del parque tecnológico es anterior a 1992. Cuando se clausuró la Expo ya había un plan de reutilización de los edificios que se iban a mantener en pie y de los espacios libres. La crisis iniciada en 1993 hizo que el proceso fuera lento los primeros años y que grandes empresas como Rank Xerox o Siemens se fuesen, pero a partir del año 2000 comenzaron a llegar empresas andaluzas que vieron la oportunidad de venirse al parque.

-¿Cambió Cartuja 93 de estrategia?

-Cambió todo. Desde el año 2000 a 2010 hubo un crecimiento espectacular y único en empleo y producción, cerca de un 200% en ambos casos, sin que aquí se fabrique nada. No hay más que neuronas dedicadas a la investigación y la innovación, con dos facultades, Ingeniería y Comunicación, que aportan talentos. La Sevilla conservadora, la que no quiere cambios, se empeñó en decir que esto era un espacio para los jaramagos.

-¿Y eso no obedece a cierta sensación de desorden interno, con coches aparcados en las aceras y zonas comunes mal cuidadas?

-Tenemos, es cierto, un problema de movilidad porque aquí trabajan cada día 17.000 personas. Los suelos están todos en uso, en construcción o adjudicados. Quedan tres parcelas, las de Austria, Israel y Japón, que están pendientes de ser vendidas por la Junta o puestas en carga por la propia comunidad.

-¿Y ampliar el parque sigue en los planes?

-Dentro del parque hay 100.000 metros más que afectan a parcelas privadas y 128.000 metros en los aledaños, destinados ahora a aparcamientos en la avenida Carlos III. Éstos están pendientes de que el Ayuntamiento de Sevilla -PSOE antes, PP ahora- los pongan en valor a través de un plan de reforma interior que hará posible la ampliación. Unos 2.500 aparcamientos se habilitarían en los bajos de los nuevos edificios y otros tantos en la bancada que hay junto al río.

-¿Tienen destino definido esas parcelas?

-Ahora no hay inversores, pero lo que hay que hacer en tiempos de crisis es arreglar los papeles, por decirlo de forma coloquial, para que todo esté listo para cuando se pueda abordar un proyecto empresarial.

-¿El sector privado ha estado a la altura de las circunstancias?

-El sector privado ha sido el gran dinamizador de Cartuja 93 y ha renunciado a tener beneficios para mantener lo más importante de una empresa: el capital humano. El empresariado de Cartuja 93 es muy progresista y sabe afrontar retos. Muchas empresas han salido al exterior a vender sus servicios y les va bien. Y las nuevas, las que están en la incubadora de empresas, van en aumento.

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