Eugenio Domínguez Vílches. Rector de la Universidad Internacional de Andalucía

"No me siento estigmatizado por haber sido designado por la Junta"

  • El sevillano se muestra preocupado por los efectos que la Lomce y el modelo 3+2 podría tener en la UNIA, institución que sólo imparte posgrados y cada vez con más alumnos latinoamericanos.

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Rector de la Universidad de Internacional de Andalucía (UNIA) desde octubre de 2013, en sustitución de Juan Manuel Suárez Japón, la política de trabajo seguida por Eugenio Domínguez estos años se ha caracterizado por la optimización de los recursos y por una gestión más centralizada, lo que provocó ciertas quejas en algunas sedes provinciales, que reclamaban una mayor autonomía. Por esta universidad, fundada hace 21 años y especializada en posgrados, pasan cada año entre 5.000 y 5.500 estudiantes.

-La UNIA no es una universidad al uso. No imparte grados, sólo posgrados, y cuenta con cuatro sedes provinciales. ¿Cómo afecta esto a su desarrollo?

-La dispersión de sus sedes acarrea muchos problemas logísticos, de coordinación y, obviamente, también cuesta dinero. Además, son sedes muy apegadas al lugar en el que se encuentran, cada una tiene su corazoncito local y hay que mimarlas por igual. En los tiempos en los que el dinero no abunda, hemos tenido que hacer virguerías para poder mantenernos sin llevar a cabo grandes modificaciones que pudieran mermar el índice de calidad de cada una de estas sedes. Hay que tener en cuenta que somos productores de la economía local de los territorios en los que tenemos sedes, por lo que cuando hay recortes no sólo sufren los cursos, también nuestro entorno.

-Tampoco hay una plantilla de profesores fija ¿eso es bueno o malo?

-Tiene cosas buenas y cosas malas. En una universidad clásica, los profesores e investigadores se llevan el 70% del presupuesto, mientras que nosotros pagamos a los docentes por prestación de servicios. Una plantilla estable te permite saber con certeza con qué cuentas cada año para desarrollar los programas, pero nosotros tenemos la ventaja de que si un profesor no funciona o no rinde bien, al año siguiente no se le contrata.

-¿Cuál es el presupuesto con el que cuenta la UNIA?

-Entre 17 y 18 millones anuales. Unos 15 millones proceden de la Junta, el resto a través de las matrículas de los alumnos y de los convenios que tenemos con instituciones y empresas.

-¿Qué parámetros sigue la Junta para fijar el presupuesto de la UNIA?

-En Andalucía existe un modelo de financiación que se aprobó hace 10 años. Los parámetros son variables y cada año las universidades tienen un peso distinto en el sistema. Como esta universidad no tiene grados ni plantilla fija, la sacaron de este sistema y su presupuesto es el 1% del total de fondos para la operativa de todas las universidades públicas. Es decir, de los 1.500 millones destinados a este fin, la UNIA saca unos 15 millones, el resto se reparte entre las 9 universidades restantes.

-¿Este presupuesto es suficiente?

-No. Los gastos de mantenimiento y de personal de administración y servicio se llevan la mayor parte. En Baeza, por ejemplo, tenemos dos extraordinarios edificios barrocos que forman parte de los circuitos turísticos y que hay que mantener. Pero, viéndolo con perspectiva y analizando la situación de otras universidades y de otros sectores, como la sanidad, yo diría que tampoco nos podemos quejar. Durante estos tres años hemos aprendido a optimizar los recursos, hemos recortado los gastos y seleccionado muy bien los cursos que se imparten.

-Cuando llegó a la UNIA en 2013 habló de la necesidad de realizar un "uso racional de los recursos". ¿Cree que hubo un despilfarro de fondos durante la etapa anterior?

-No hubo un despilfarro, es que vivíamos en otra época. Antes se vivía con bastante tranquilidad. Cuando di mi discurso de entrada, le prometí a la presidenta de la Junta que íbamos a hacer más por menos y es lo que estamos intentando hacer.

-¿Sufre la UNIA retrasos en los pagos de la Junta como ocurre en otras universidades?

-Sí, los mismos que los demás, pero como somos una universidad pequeñita podemos ser previsores y tenemos una huchita para no quedarnos atorados. Hay universidades que también tienen una hucha, pero bien porque el modelo de financiación les beneficia o, quizás, por su buena gestión, y se convierten en una especie de ONG que ayuda a resolver los problemas económicos de otras universidades, como la Pablo de Olavide.

-¿A cuánto asciende la deuda de la Junta con la UNIA?

-A más de 8,32 millones de euros.

-¿Esta deuda afecta a los pagos a los proveedores?

-Estamos pagando a los proveedores dentro de los tiempos que contempla la ley. Los retrasos son de dos meses y medio, tres meses en casos excepcionales.

-La Junta ha anunciado un nuevo plan de financiación para 2017, ¿participa la UNIA en las reuniones a pesar de estar fuera del sistema?

-Sí, claro, y habla. Yo creo que el modelo hay que cambiarlo. El modelo se hizo en función de las circunstancias de hace diez años y los tiempos han cambiado muchísimo. No obstante, en estas reuniones, la UNIA actúa como mediador entre las tensiones que se generan. Cuando se reparte dinero público, todos quieren beneficiarse y en tiempo de crisis es muy difícil ser solidario.

-¿Ha afectado la crisis al número de alumnos de posgrados?

-Diría que sí, pero también se ha producido un cambio de perfil de los alumnos estos años y quizás esto haya compensado ese descenso. En los másteres no oficiales y en los cursos de verano de la UNIA, cada vez son más los alumnos de 30, 40 ó 45 años que tienen su trabajo, que quieren reciclarse o aprender nuevas técnicas. Son personas que no quieren perder el tiempo y que vienen a formarse no porque lo necesiten para trabajar, sino anímicamente. Diría que, más que la crisis, lo que más ha influido en el descenso de alumnos ha sido el cambio del calendario académico, que nos ha obligado a reducir y a cambiar la fecha de los cursos de verano.

-¿Cree que las universidades andaluzas ven a la UNIA como una competencia?

-En algunos momentos sí, pero esto puede tener su explicación. Cuando yo era rector de la Universidad de Córdoba también me mosqueaba que me tocaran las narices. Esto se soluciona con mucho cariño y, desde hace un año y medio, funcionando de forma trasversal, complementando las actividades culturales y académicas del resto del sistema universitario público y no ofertando másteres oficiales propios, sólo a través de colaboraciones con otras universidades.

-¿Se siente apoyado por la comunidad universitaria pese a ser elegido rector a dedo por la Junta?

-Aquí hay de todo. Hay personas menos proclives al cambio que otras. Cuando entra una persona nueva, con nuevas ideas y una nueva línea de trabajo, existe cierto recelo. Hay que tener en cuenta que los dos anteriores rectores estuvieron diez y nueve años y la gente se acostumbra. Evidentemente, hay personas a las que les ha costado trabajo aceptar el cambio y otras que aún no me habrán aceptado.

-¿Cree que el hecho de que la Junta sea quien designe al rector pone en entredicho la autonomía de esta universidad?

-¿Usted cree que una universidad en la que se elige al rector por sufragio universal pero que luego no tiene un duro es autónoma?

-Pero en este caso la influencia política, del Gobierno, puede ser mayor.

-Puede que sí, pero nadie te obliga a estar aquí. Si no te gusta lo que te dicen, márchate. Hasta ahora yo me he sentido cómodo, no me he sentido agobiado ni presionado por la Junta. Es cierto que tengo cierta cercanía ideológica con las personas que están ahora gobernando, no me da ningún rubor decirlo.

-Pero hablamos de una universidad pública, un puesto público. No ha habido ninguna convocatoria para acceder al cargo.

-A mí me ha nombrado la presidenta de la Junta por propuesta de la Consejería, compuesta por unos señores que están ahí porque los han elegido los andaluces. Yo me siento nombrado tan democráticamente como cualquier otro rector. No me siento estigmatizado por haber sido designado por la Junta, es más, me siento orgulloso.

-Cambiando de tema, ¿qué opina de la Lomce?

-Como responsable de un centro universitario, como padre y como abuelo, me parece una bestialidad que cada cuatro años estemos cambiando las leyes educativas. Me parece una especie de crimen político. No paramos de darles bandazos a los jóvenes, desde que entran en preescolar hasta la Universidad. Ahora, cuando ya hemos implantado el plan Bolonia, nos quieren cambiar las reglas del juego a mitad del partido sin ni siquiera comprobar si el sistema 4+1 es bueno. Creo que José Ignacio Wert ha sido el peor ministro de Educación que ha tenido este país.

-¿Cómo afectaría el modelo 3+2 a la UNIA, una universidad que sólo tiene posgrados?

-Sería terrible, habría que cambiarlo todo. Estamos muy expectantes y preocupados. Además, cada vez tenemos más alumnos de Latinoamérica que quieren terminar sus estudios en España y allí el sistema es 4+1. La Universidad ofrece importantes paquetes de ayudas y becas a estos alumnos y no es lo mismo dar de comer y un alojamiento a un alumno durante un año que dos.

-¿Cree que el sistema 3+2 beneficiaría a las universidades privadas en detrimento de las públicas?

-Es probable. En la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) los que más se inclinan por el sistema 3+2 son las universidades privadas, su explicación es economicista. Pero yo nunca he tenido miedo a las universidades privadas, lo que hay que hacer es competir. Hace años había un anuncio en la tele que decía, 'busque, compare y, si encuentra algo mejor cómprelo'. Eso es lo que tienen que hacer los estudiantes.

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