Guillermo Gutiérrez

"El sindicalismo amarillo de Tussam o los controladores me da urticaria"

  • Guillermo Gutiérrez, ex vicepresidente de la empresa municipal de transportes, se inició en la política de la ciudad a los 15 años.

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Tras 45 años en política, no hay conversación que le apasione más a Guillermo Gutiérrez (Sevilla, 1950) que el debate sobre la vida pública. Un interés que descubrió cuando, con 15 años, se trasladó de una casa de vecinos de Nervión al piso de 40 metros que su padre compró en Los Pajaritos. Allí descubrió "la ducha" y, arrimándose a la iglesia del barrio, entró en contacto con las juventudes socialistas. Luego estudió para aparejador y, tras una larga vida en la política activa, hace ocho meses que se dedica sólo a la Universidad y a su nieto.

-Desde que dimitió como vicepresidente de Tussam en la pasada Feria, tras mediar el partido en el conflicto, ¿no tiene otra ocupación?

-Soy aparejador, profesor y también alumno, porque estudio Ingeniería de la Edificación. Mi familia llena todo el tiempo restante.

-Cargo público desde 1979 a 2010.

-Hasta 2004, no quiero meter como cargo institucional mi paso por Tussam, porque eso fue un favor personal que le hice al alcalde. Entré en el PSOE antes, en 1968.

-Llegó del movimiento vecinal.

-Antes entré en contacto con el PSOE en Los Pajaritos. Se fundaron los comités de barrio, organizaciones multipartidos donde había gente de izquierda. Ahí me detienen por primera vez, en 1969. Luego me casé, me compré un piso en Rochelambert y descubrí que la promotora nos había estafado; creamos una asociación de la que luego salió la Federación de Asociaciones de Vecinos, con Paco Sánchez Legrán, que era un hombre del PCE. Nunca entendí que el partido no lo presentara.

-En esas primeras corporaciones había varios líderes vecinales.

-Eugenio López, Alonso Balosa, luego Juan Ramírez Corro...

-Usted fue líder vecinal y sindical.

-Sí, de UGT.

-Y la de guerras que ha tenido luego con los sindicatos...

-Distingo entre CCOO y UGT, a los que respeto mucho aunque se equivoquen, y los amarillos. Ésos me parecen de extrema derecha: conductores de Tussam, maquinistas de Renfe o controladores. Este sindicalismo me provoca urticaria.

-¿Por qué?

-Defienden el interés de una corporación contra el resto de los trabajadores.

-Es fiel a sus ideas y al partido, ¿no?

-Para nosotros, los viejos, el partido es algo más que una máquina electoral. Es un sitio donde uno tiene amigos...

-Pero hay que ganar las elecciones.

-Claro. Pero el partido es un proyecto donde hay amistad, lealtad... hoy cada vez hay menos de eso.

-Los dirigentes de hoy son de otra generación.

-Cuando yo entré los ciudadanos tenían ilusión política. Hoy no.

-¿Quién tiene la culpa?

-Los políticos seguro. En los primeros cinco años de ayuntamientos democráticos los concejales no teníamos sueldo, sólo dietas por asistir a comisiones y plenos, para mantener a la familia. Era ilegal que tuviéramos sueldo, en toda España excepto en Barcelona. Cuando eso se acabó a la gente le molestaba, no lo entendí nunca: tendríamos que llevar el dinero de algún sitio. Si no, o son concejales sólo los ricos de cuna o los que se llevan el dinero por debajo de la mesa.

-Hoy hay quien se lleva el sueldo por encima y por debajo, ¿no?

-No niego que haya un dos, tres o cuatro por ciento de políticos que lo hagan, pero es injusto generalizar y que se desprestigie a la clase política, que es muy honesta, por el Gürtel o el desgraciado caso éste...

-¿Mercasevilla?

-Es noticia que un político se lleve una comisión o le regalen un traje, pero no extrapolemos. Si se hace, el ciudadano piensa que todos son sinvergüenzas y que la política no merece la pena y eso sólo beneficia a un sector: la extrema derecha.

-¿Teme que esto pase aquí después de casos como Mercasevilla?

-Bueno... Yo siempre le digo a los jóvenes que no pasen de la política porque la política no va a pasar de ellos. Predico en el desierto.

-Los suyos eran otros tiempos, estaban creando la democracia. ¿Usted participó en la primera campaña electoral en 1979?

-Sí, era el responsable de la Ejecutiva provincial del PSOE. Entonces daba igual que metieras la pata, la gente perdonaba. Y hubo algunos errores sonados de entrada.

-¿Se refiere a esa Feria roja?

-Fue un error abrir la caseta municipal a toda la gente. La Feria ese año no estaba organizada porque los que salieron no hicieron nada, pues sabían que ya se iban.

-Recuede algún acierto.

-La Bienal de Flamenco. La montamos sin dinero, entre todos. Luis Uruñuela fue un alcalde extraordinario que supo unir a los tres grupos que gobernábamos y trabajar juntos, con algunas pataditas por debajo de la mesa. Y más tarde vino Cita en Sevilla, otro pelotazo.

-Y luego llegó la pre Expo.

-Ya me había ido. La corporación que salió en 1991 lo hizo todo y luego la cinta la cortó Alejandro Rojas Marcos. Pero el PSOE ha hecho las dos grandes transformaciones.

-¿Cuáles han sido?

-Hubo una exterior, que la hizo la Expo con ayuda del Gobierno de la nación; y otra interior, que la ha hecho el Ayuntamiento, con Alfredo [Sánchez Monteseirín].

-¿Por qué se hizo la Expo aquí? ¿Cuál es su teoría? He oído varias.

-La gente dice que a Felipe González se le antojó. No es cierto, ayudó, pero se hizo porque el Ayuntamiento del 79 al 83 decidió presentar a Sevilla como candidata.

-Luis Uruñuela, el alcalde entonces, dice que ayudó también el Rey.

-El Rey compró la idea y luego se la presentamos al Gobierno y costó trabajito. La gente lo desconoce. Cuando me han criticado digo que antes hay que conocer la historia.

-¿Lo han criticado mucho?

-He tenido críticas y apoyos. En una época cierto medio me dio sin piedad. Sufrí algunas campañas mediáticas, incluso sacaron cosas de mi familia... Siempre me he mantenido firme en los conflictos y eso me ha acarreado críticas. Cuando una posición es abusiva hay dos alternativas: ceder o no. Yo difícilmente cedo.

-Le pasó en Tussam, no quiso ceder ante la amenaza de huelga de la Feria pasada, y acabó dimitiendo.

-Cuando alguien quiere subirse el sueldo a costa de que la gente pague más por el autobús, no cedo.

-Su partido no le respaldó.

-El órgano de mi partido no me respaldó nada; mi alcalde, todo. Pedí ayuda varias veces y no la tuve.

-¿Y lo comprende?

-No. Y me han llamado asesino.

-¿Nunca pidió explicaciones?

-No, pedí ayuda a mi partido.

-Y aceptaron su dimisión, pero el problema no se ha solucionado.

-No sigo el tema. Pero Tussam debe más de 80 millones de euros...

-¿Por qué cree que esta empresa y otras públicas han llegado a esta situación de déficit?

-No lo sé. En Tussam los sindicatos han tenido fuerza suficiente para hacer un chantaje gordo en el momento que más duele a un ayuntamiento débil, débil porque no tiene mayoría absoluta, y éste ha cedido, no ha podido aguantar el tirón. Es complicado.

-Complicado tuvo que ser montar la Policía Local en 1979. Fue usted el primer delegado municipal.

-Yo tenía 29 años, mucho miedo y experiencia cero. De la Policía sólo sabía que había que correr delante de ella y que alguno me había maltratado. Eran 659 hombres cuando llegué y yo era un chico con barba y rojillo que iba a mandar a hombres, no todos de derechas, pero sí curtidos en la dictadura. Y tenía miedo al error. Y poco a poco logramos tener una Policía muy buena.

-¿Era muy distinta a la de ahora?

-Trabajaban sábados y domingos, sin pedir horas extras, con ilusión. Sólo había que agradecerles su buen trabajo. Una vez tuve que decidir retirarlos de las calles porque no tenían impermeables y llovía sin parar, era inhumano. La UCD me dijo de todo menos bonito. Era una Policía efectiva: con la mitad de hombres que hoy en plantilla había el doble en la calle.

-Sevilla era también más pequeña.

-Sin duda, pero los policías tenían ganas de trabajar. Luego tuve que tomar otra dura decisión: quitarles el pluriempleo, lo tenían todos porque cobraban muy poco. Los reuní y les expliqué que había que hacerlo para que no perdieran autoridad. Si tenían un jefe en la calle, que podía echarlos, y otro en el Ayuntamiento, que no, al final acabarían quitando multas al jefe de fuera... No podía ser. Y se hizo. Todavía mantengo una tertulia con algunos. Con los viejos, a los nuevos los veo poco en la calle.

-También mantienen una protesta por el impago de las horas extra y hay servicios que no se cubren.

-No creo que el salario de ellos sea malo. Pero no sigo esa actualidad.

-¿Y está al corriente de los temas de Movilidad? El plan del centro que usted intentó poner en marcha está hoy en las portadas.

-Han pasado 30 años y el otro día abro el periódico y veo el mismo tema, igual. El PP lo llevó a los tribunales hace 30 años y ahora vuelve a hacerlo. En mi plan entraba peatonalizar la calle Tetuán y fue un escándalo. Pero la idea central era la misma: tú llegas al aparcamiento y te vuelves, no se puede cruzar el centro en coche ni estacionar dentro mucho tiempo. Hicimos un plan de aparcamientos.

-¿Se han hecho todos?

-Todos menos uno, el de Adriano. Y también pusimos el plan RES, que luego fue plan ORA.

-La zona azul.

-Me llevaron a los tribunales porque decían que habíamos cortado la entrada de coches al centro. No la cortamos, podías llegar hasta la Plaza Nueva y salir, pero no ir de Triana a Nervión cruzándolo. Arenas me llevó a los tribunales y, como tardan en dictaminar, la gente dejó de pagar la ORA, normal.

-Algunas críticas de ahora al plan es que no se termina de explicar.

-Las decisiones de tráfico siempre son difíciles de transmitir y vender.

-También está el argumento de que no hay Metro ni alternativas.

-Es una falacia. La gente no deja el coche porque haya autobuses o Metro, lo deja cuando no puede llegar en él o le cuesta aparcar. Y la única manera de que se deje el coche es haciendo que no se pueda entrar en él. ¿Y qué plantea el PP? Arenas nada y ahora creo que tampoco dicen nada.

-Lo suyo sería llegar a un acuerdo.

-Hay gran incapacidad de diálogo.

-Siempre ha habido pactos, salvo la etapa de mayoría absoluta.

-Incluso entonces. Javier Arenas y yo pactamos el reglamento del pleno municipal y se aprobó por unanimidad. Hoy si llegas a un acuerdo con la oposición, y al revés, parece que te has vendido.

-En su época hubo acuerdos duros, como parar el Metro, ¿no?

-Muy duro, pero muy pensado.

-¿Hubo que elegir: Metro o Expo?

-Nunca fue así. El Metro se planteó en época franquista. Y cuando llegamos nos lo encontramos, era un proyecto urbano, que arrancaba en Su Eminencia y no salía de Sevilla. Había obviado el sur y el este. No valía para nada. Pero nos dijeron que o eso o n ada y en la cartera del Gobierno estaba el Metro de Bilbao... No nos atrevimos a pararlo y, con las obras, empezó a hundirse la calzada, edificios que se movían... Hay una portada de periódico famosa con la Giralda boca abajo, partida. Yo mismo lo expliqué en el pleno y votamos y se paró. Luego se hizo una campaña que fue un error.

-El famoso túnel sin salida.

-Y se pagó caro.

-¿Y luego ha quedado como un logro del PA?

-¿Sí? Este Metro es el que nosotros pedíamos, un metropolitano.

-El PA lo impulsó, hizo campaña.

-El Metro lo pagó la Junta. El gran logro del PA fue el Estadio.

-También muy criticado.

-Fue un error. No hacía falta que gastáramos tanto dinero para nada. Y después de mucho queda para conciertos. Ése fue el precio de un gobierno de coalición en la Junta con el PSOE. Se pactó porque se necesitaban los votos.

-¿Es el precio más caro que se ha pagado? Ha habido otros pactos.

-El pacto en la Junta PSOE-PA fue rentable para Andalucía, pero costó dinero. Y en el Ayuntamiento de Sevilla, el pacto PA-PSOE no estuvo mal, pero el precio del Urbanismo fue m uy caro. Luego, los pactos entre PA y PP han dado ocho años de absentismo. El de ahora con IU es razonable. Se han hecho grandes transformaciones. Estoy muy contento con la movilidad.

-¿Con los carriles bici?

-Sí, quizás se han hecho muchos porque lo planteaba IU, pero el centro está ahora magnífico, muy europeo.

-¿Es fácil gobernar con Torrijos?

-Lo conozco desde que teníamos 18 años y él iba con su mujer y su perra a la Glorieta de los Lotos.

-¿Es el mismo?

-Sí... bueno él no era del PCE, estaba más a la izquierda. Yo lo recuerdo de los comités de barrio.

-Antes de que Monteseirín desembarcara en esto de la política.

-Hoy no se le reconocerá, la política es injusta, pero más adelante sí. Ha hecho mucho por Sevilla.

-Su mandato será el más largo y quizás, por ahora, el más criticado.

-Porque ha hecho muchas cosas.

-¿Le gusta la Sevilla de Alfredo?

-Me encanta. Es muy europea. Me gusta el casco antiguo y los barrios, se han hecho muchas cosas.

-¿Y cree que se le recordará por eso? ¿O por las setas?

-Espero que se terminen pronto. Es una obra muy complicada, hablo ya como técnico. Pero me gusta, quizás hubiera planteado otra piel, no la de madera... Pero es algo singular. Se puede ser atrevido con respeto. Lo hizo Aníbal González.

-De toda su experiencia política, ¿con qué etapa se queda?

-La municipal te llena mucho, es muy inmediata. Pero disfruté mucho de diputado, me encanta hablar de política, diseñar un futuro que ahora veo, años después. Paso por Aerópolis y me acuerdo de la negociación que hice con tres alcaldes: Alcalá de Guadaíra, Dos Hermanas y La Rinconada. Echamos algunas horas. En la Junta apagué muchos incendios, laborales. Tuve miedo, pero Manolo [Chaves] confió en mí y todo se venció con éxito.

-Chaves confió también cuando dimitió tras el desastre de Aznalcóllar y no se la aceptó.

-A mí me pareció oportuna. No tenía ninguna responsabilidad, pero alguien tenía que dar la cara. -También dimitió otra vez, van tres, por el X Aniversario de la Expo. Aquello fue un problema de dinero, no había. Tenía proyectos que aún guardo. Uno trataba de enseñar la ciudad a través de sus monumentos y bares. Al lado de cada monumento hay un buen bar.

-¿Los guarda por si alguna vez le llaman de nuevo?

-Siempre estaré disponible.

-Juan Espadas ha tomado el relevo.

-Es magnífico. Yo al PSOE le debo mucho.

-Pero nunca ha tenido mucho protagonismo orgánico.

-No. En la batalla que ha habido con Alfredo yo siempre le he ayudado en lo que he podido, creo que si está ahí hay que apoyarlo. Pero a mí no me verán en esas guerras.

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