calle rioja

"No había nada, sólo olivos y vacas"

  • Referente. El colegio Altair celebra con un libro y una exposición sus cincuenta años de docencia y diez mil alumnos entre la ronda del Tamarguillo y la carretera de Su Eminencia

De izquierda a derecha, José María Prieto, primer director de Altair; Javier Delgado, director actual; Ángel Medina, antiguo alumno; Pedro Jiménez, de Safes (Sociedad Anónima Fomento Enseñanza del Sur); Juan Espadas, aldalde de Sevilla, y Gemma García, presidenta de la AMPA. De izquierda a derecha, José María Prieto, primer director de Altair; Javier Delgado, director actual; Ángel Medina, antiguo alumno; Pedro Jiménez, de Safes (Sociedad Anónima Fomento Enseñanza del Sur); Juan Espadas, aldalde de Sevilla, y Gemma García, presidenta de la AMPA.

De izquierda a derecha, José María Prieto, primer director de Altair; Javier Delgado, director actual; Ángel Medina, antiguo alumno; Pedro Jiménez, de Safes (Sociedad Anónima Fomento Enseñanza del Sur); Juan Espadas, aldalde de Sevilla, y Gemma García, presidenta de la AMPA. / juan carlos muñoz

No lo eligieron al azar para presentar el acto. Ángel Medina es uno de los más de diez mil alumnos que han pasado por el colegio Altair. Pertenece a la segunda promoción, la 68-69. Sexto de ocho hermanos, cinco estudiaron en este centro levantado por la Prelatura del Opus Dei hace medio siglo en una de las zonas más deprimidas de la ciudad. Ángel vivía en la carretera de Su Eminencia, que debía su nombre al cardenal Francisco de Solís. Al morir su padre, pasa a los estudios nocturnos y entra a trabajar de botones en un banco. Ayer se vio en una de las fotos conmemorativas de las bodas de oro del colegio. "Ahí tengo doce años, todavía no existía El Trébol".

Es una historia apasionante. Los nombres de los barrios colindantes vienen unos de cortijos cerealistas: Madre de Dios, Palmete; otros, de haciendas de olivar: La Candelaria, Su Eminencia, Amate, La Negrilla. "Cuando empezamos no había nada, sólo olivos y vacas", recuerda José María Prieto (Sevilla, 1934), primer director del colegio. Un religioso, Javier de Pedro, "que está de cura en Filipinas", le dijo en 1959, recién aprobadas sus oposiciones para la docencia, que en Sevilla iban a abrir un nuevo centro "en una zona con muchas necesidades educativas".

Al acto acudió José María Prieto, el primer director del centro, al que llegó desde Ronda

Ayer los vecinos más veteranos lo recordarían. "Íbamos por las panaderías, las peluquerías poniendo cartelitos", dice este profesor que antes lo fue en Málaga y en Ronda, especialista en Rilke y con una tesis doctoral en Filosofía Pura sobre la idea del Mundo. El Mundo, ese concepto ontológico, cabe entero en este colegio a cuya construcción dedicó Josemaría Escrivá de Balaguer los beneficios de la edición para bibliófilos y coleccionistas de Camino que salió en 1965. En enero de 1966 el fundador del Opus le entrega a Pablo VI el primer ejemplar de la edición. Ese año, vísperas de la fundación de Altair, nace Juan Espadas. El alcalde de Sevilla inauguró ayer la exposición y valoró el reto de un centro que hoy es un referente en el distrito Cerro-Amate, casi noventa mil habitantes, según las cuentas del delegado municipal, Juan Manuel Flores. "Un centro educativo es el motor de un entorno, el lugar de referencia de la familia", dijo Espadas, que este año también celebra los 75 años de los Salesianos de la Trinidad con los que pasó catorce años.

La exposición de Altair se acompaña de la publicación de un libro sobre la historia del colegio. Lo ha escrito Luis Augusto Pascual. Nacido en Vitoria, en Valladolid Enrique Valdivieso le recomendó que viniera a Sevilla a estudiar Historia del Arte. Durante cuatro décadas ha sido profesor de Geografía e Historia en Altair, donde es preceptor.

El precedente de Altair fue una casa de la calle López de Gómara, en el Tardón, donde acudieron sus primeros alumnos. En esa calle se criaron los hermanos Delgado. Hijos del quiosquero de prensa de la Plaza de Cuba, Javier Delgado es actualmente el director del colegio; Antonio, psicólogo del centro, y Juan Pedro, que acaba de sacar su novela Banderas Negras, responsable de comunicación.

La familia es un vehículo fundamental en el colegio. Julio Aparicio nunca fue alumno, pero durante veinte años presidió la Ampa del centro. "Tuve a tres hijos y tengo tres nietos". Esa Asociación la preside ahora Gemma García, madre de un alumno de quince años. "Hemos ganado dos batallas judiciales en defensa de la pluralidad educativa y el derecho de los padres a elegir".

Quien mire este centro con anteojeras ideológicas, debería leer la frase de Joaquín Gómez, líder sindical de Comisiones Obreras, trabajador de Renfe, padre de alumno: "Ya era hora de que los hijos de los obreros pisaran mármol". O la vivencia de Alfonso Mir, concejal socialista con Alfredo Sánchez Monteseirín. "Soy de la segunda promoción. Yo vivía en el número 2 de El Barbero de Sevilla y el colegio está en el número 1. Mis dos hijos estudiaron aquí. Uno es arquitecto, otro ingeniero. Somos cuatro hermanos, todos nuestros hijos vinieron a Altair". El padre de Manolo Jaén emigró a Hamburgo, y militó en el Partido Comunista. "Vengo de una ideología marxista y un barrio pobre, en un colegio del Opus descubrí los valores, encontré a Dios, aunque yo voy más al Betis que a misa".

Miguel Mora pertenece a la segunda promoción y dirige la escuela deportiva. "En béisbol fuimos campeones de Andalucía". Por Altair pasaron el bético Adrián, portero del West Ham, cómplice para que Mussonda fuera ángel de la guarda de un alumno hospitalizado, y el sevillista internacional Francisco López Alfaro. La escuela de fútbol la creó un profesor de Primaria, José Emilio del Pino, que entrenaba al Betis que le ganó la Copa del Rey de juveniles de 1990 al Barça donde jugaba Guardiola.

Fue un acto muy emotivo. Con el director fundacional, el actual y directores intermedios, como Luis María Arto, donostiarra. En las vitrinas, las llaves de la ciudad de Miami de un antiguo alumno, José Antonio de Cote, que estudió Química Agroalimentaria.

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