Rocío Carande Herrero

Los subtítulos de Julia Rómula

  • Llegó a Sevilla desde el paraíso extremeño de Capela y en su cátedra de la vida se independizó cuando dejó las Atarazanas y cruzó el arco del Postigo.

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LES ha hablado a sus alumnos de Séneca, de la época de Nerón. "Lo invitaron a suicidarse, porque los romanos eran muy honorables para esas cosas". En uno de los patios centrales de la antigua Fábrica de Tabacos hay dos inscripciones en latín, el idioma que enseña Rocío Carande (Sevilla, 1957). Una de ellas recuerda que Franco en persona, Hisp. Duce, estuvo en 1965 para la inauguración de la nueva sede universitaria. "Como está en latín, los de la memoria histórica no lo entienden. Las lápidas conmemorativas son documentos históricos. Los romanos lo hacían mucho. Como no les gustaba el nombre de Cómodo, lo borraban. Y dejaban sin cabezas las estatuas que recordaban a Nerón".

A Rocío Carande le iban a poner Ruth "pero nací el Domingo de Pentecostés y me pusieron Rocío". La bautizaron "con traje de cristianar" en la parroquia del Sagrario. Aquí están sus Sevillas. La ciudad cuya conquista en 1248 fue objeto de su tesina, el estudio del Poema de Julia Rómula, y que a ella misma la conquistó de una forma "traumática". "Yo nazco en Sevilla por casualidad. Mis padres vivían en el campo, en Capela, en Badajoz, entre Almendral y La Albuera, que conserva una placa con el poema de lord Byron dedicado a la batalla contra las tropas napoleónicas".

Unos primeros años en un ambiente virgiliano, "salvaje, rústico, asilvestrado". Para urbanizarla, a la mayor de los tres hijos la mandan a Sevilla, a la casa de sus abuelos Ramón y Rosa en la calle Álvarez Quintero. Ramón Carande Thovar (1887-1986) fue rector en 1931 de la misma Universidad en la que su nieta ha sido alumna desde 1975, profesora ayudante, titular y ahora catedrática. "El mejor alumno que he tenido de latín es un jesuita que colgó los hábitos en Japón, Fernando Rodríguez-Izquierdo".

En el patio del rectorado nos cruzamos con Jean-Paul Goujon, profesor de Francés. Un idioma que Rocío aprendió antes que el latín. "Salíamos del colegio cantando LaMarsellesa, como los obreros de Germinal". El recuerdo de la Escuela Francesa sale en el paseo. "Aquí estaba el Coliseo, que se lo cargaron por dentro", dice señalando el edificio que ahora es de la consejería de Hacienda, junto a la Casa de la Moneda. "Nos traían en orden, una fila de niños, otra de niñas, a ver películas de dibujos animados".

La Moneda, ahora cerrado a cal y canto, era el bar que visitaba con más asiduidad en los 80, cuando despachaba un primo hermano de Curro Romero. Más que el Guadalquivir que se insinúa allende la Torre la Plata, le impresiona el Tagarete, aquel río "infecto, insalubre" que jugó un papel esencial en la conquista. "En la Universidad hay un foso que no sé para qué sirve y hubo un puente levadizo. Aquí al lado acampó Fernando III y un poco más arriba su hijo Alfonso. La conquista fue entre mayo y noviembre. Sabían que, para machacar a Sevilla, la mejor época era el verano. Vino hasta el arzobispo de Santiago de Compostela y se tuvo que volver a Galicia".

El Postigo es una muralla biográfica. En un piso de la calle 2 de Mayo pasó sus últimos años con sus padres. "Desde mi balcón veía a los soldaditos de las Atarazanas haciendo guardia". Se independiza sin estrépito yéndose a vivir a García de Vinuesa. A un ático bajo el que ahora se ve un restaurante italiano. "Iba a Salazar a tomar las berenjenas de Almagro y les compraba vino". Una parte de la ciudad en la que era habitual encontrarse a patricios de la Nova Roma como el Chocolate, El Pali o el Beni de Cádiz.

El académico Juan Gil la aficionó al latín medieval y sus hazañas bélicas. Hizo la tesis sobre la Galera Real de Lepanto, una decoración con un texto latino hallada en una de las embarcaciones que combatieron en la batalla donde Cervantes se quedó manco por no ser el Fugitivo. Una contienda liderada contra el Turco por Juan de Austria, hermano bastardo de Felipe II recordado en la glorieta donde se produce la intersección del tranvía con el tráfico rodado. "A la Universidad vengo en el 33 o en el que pillo, o en el tranvía desde la calle Ramón Carande. Es que me da vergüenza llamarla avenida".

Rocío Ruth Carande no es nada rociera. De las otras fiestas de la ciudad, de la Semana Santa le gusta el Cachorro, y de la Feria, donde hay una caseta que se llama Domus Romanorum, las emociones fuertes de la calle del Infierno. Le gusta más Ben-Hur que Quo Vadis, ese Nerón encarnado por Peter Ustinov. Experta en cuadrigas, se acaba de estrenar al volante de un automóvil que la lleva por la Ruta de la Plata a su Capela soñada, donde está encantada con los guardeses y donde ha descubierto sus dotes como pintora de brocha gorda, con la complicidad de un yerno de la NBA. El novio de su hija Julia, tocaya de la Julia Rómula cuando el César romanizó la ciudad.

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