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Una tarta para el alcalde más longevo

  • Fidelidad. Alfredo Sánchez Monteseirín cumple hoy 60 años. Ayer lo celebró con sus incondicionales y colaboradores durante los tres mandatos en los que fue alcalde de Sevilla

Alfredo Sánchez Monteseirín recibe de Lola Menéndez la medalla en su toma de posesión de 4 de julio de 1999. Alfredo Sánchez Monteseirín recibe de Lola Menéndez la medalla en su toma de posesión de 4 de julio de 1999.

Alfredo Sánchez Monteseirín recibe de Lola Menéndez la medalla en su toma de posesión de 4 de julio de 1999. / antonio pizarro

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Los 40 años los cumplió como presidente de la Diputación, los 50 siendo alcalde de Sevilla y hoy se asoma a los 60 retirado de la política activa. Educado en la lectura de los periódicos en los que llegó a colaborar, Alfredo Sánchez Monteseirín se ha ajustado al ayer tuvo lugar, secuela periodística del Decíamos Ayer de Fray Luis de León, trasunto impreso del Yesterday de los Beatles, para celebrar la víspera su cumpleaños rodeado de sus amigos más incondicionales. Literalmente, los que no ponen condiciones. Se rumorea que hasta el keniata de Brenes, Manuel Marchena, suspendió su participación en el maratón de Berlín, en plena jornada electoral alemana, para acudir a la celebración en la casa de Gines del alcalde más longevo de Sevilla.

En su caso, al revés de la sentencia de Alejo Carpentier, los honores no deshonoran: precede en una semana su cumpleaños, el estreno de una nueva década, coetáneo de Rafael Gordillo, de Carolina de Mónaco y... de Juan Ignacio Zoido, a la presentación en la sede de Emasesa de un libro conmemorativo de los 400 años de los Escolapios. Alfredo Sánchez Monteseirín es uno de los 27 autores del libro, como antiguo alumno e hijo de Juan Sánchez Centeno, recordado profesor de Lengua del centro.

Sánchez Monteseirín nació el año que murió Bogart y Camilo José Cela ingresó en la Real Academia de la Lengua. El escritor gallego obtuvo el Nobel el año que cayó el muro de Berlín, hace 28 maratones. El ex alcalde presidía un Pleno de la Diputación el día que la Academia de Estocolmo dio a conocer el Nobel de Literatura para José Saramago. El mismo año que Zidane ganó el Mundial de Francia y perdió la final de la Copa de Europa con la Juventus contra el Real Madrid.

El alcalde de Sevilla fue antes concejal de Burguillos, patria chica de Marifé de Triana, de La Rinconada, la ciudad donde nació, y de Mairena del Aljarafe. De la provincia a la capital en la que vivió el cambio de milenio, de moneda y cambios sustanciales en la ciudad. Hay una Sevilla que se puede llamar Alfredópolis: la de la Plaza Nueva sin autobuses -nos lo recuerda el que ahora está de exposición- y con Metrocentro que se inauguró el 28 de octubre de 2007, justo 25 años después del triunfo de Felipe González en las elecciones generales. La ciudad del Metropol Parasol, las setas en la jerga del vulgo, de la peatonalización en la Avenida de la Constitución, la del carril-bici. Se quedó sin la biblioteca de Zaha Hadid en el Prado de San Sebastián.

Gobernó un mandato con los andalucistas, cuando Adriano pactó con Celentano, y dos con Izquierda Unida, con Antonio Torrijos de ogro filantrópico de Octavio Paz con bicicleta en el despacho como fetiche del Palacio Rojo de los pedales y peatones. Notables del partido de Alfredo se quedaron con las ganas de ser alcaldes de la ciudad: Alfonso Guerra, Luis Yáñez, José Rodríguez de la Borbolla. El alcalde longevo tuvo una curiosa relación con los presidentes de la Junta. Venció a Pepote en las primarias, llevó a Susana Díaz en su primera lista, de décima -o espinela-, gobernó en el orto y ocaso de Chaves y tuvo que enterarse por Griñán de que su partido tendría que buscar otro candidato.

Cuando nació Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde de Sevilla era Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, marqués de Contadero. Fue presidente del Betis y del Sevilla, cargo en el que gestionó el fichaje de Juan Arza, único Pichichi del Sevilla, con Hipólito Rincón las dos aportaciones de los equipos de la ciudad a esa galería de goleadores. Sánchez Monteseirín nunca presidió el Betis ni el Sevilla, pero igual que el marqués de Contadero fue rey mago. El aristócrata lo fue en 1954 y Monteseirín en 2002. Un monarca capicúa de 44 años.

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