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El tecnicolor de los Amarillos

  • Estreno. Algunos de los nombres que han hecho grande el cine sevillano aparecen en la ficha técnica de 'Señor, dame paciencia', una comedia que va desde Madrid hasta Sanlúcar

Un joven, ante el cartel de 'Señor dame paciencia', en la Alameda Multicines Un joven, ante el cartel de 'Señor dame paciencia', en la Alameda Multicines

Un joven, ante el cartel de 'Señor dame paciencia', en la Alameda Multicines / Juan Carlos Vázquez

Uno de los remedios más eficaces de combatir el calor es ir a Sanlúcar de Barrameda. El trayecto más corto es entrar en un cine a ver la película Señor, dame paciencia. La historia empieza en Madrid y se resuelve en Sanlúcar; al revés que esa vida de barbecho que hace Caballero Bonald, el cosmógrafo de ese Campo de Agramante, ese parnaso de escritores al que acudían Julio Manuel de la Rosa, Joaquín Márquez o Eduardo Mendicutti, sanluqueño de cuna.

En ese entorno tan literario, donde Jaime de Armiñán llevó al cine la novela de Mendicutti El palomo cojo, se ha rodado una película divertidísima que mete en una coctelera todos los asuntos de los que se habla en las tertulias y en los debates; los agita y le sale un esperpento al que ni le falta ni el aire de Max Estrella.

Es el universo de Caballero Bonald donde Armiñán rodó la novela de Mendicutti

La ficha técnica es un homenaje al buen momento que atraviesa el cine sevillano. Entre bastidores, pioneros del primer festival como Lala Obrero y Antonio Pérez; gente que llegaron al cine desde el teatro, como los condiscípulos Paco Tous y Antonio Dechent: sólo su interpretación de picoleto merecería un Goya a la mejor actuación, un histrionismo descacharrante dentro de los cánones de Marcello Mastroianni y el duque de Ahumada. En la legión de nombres están también Carlos Rosado y Piluca Querol. El primero, además de histórico dirigente de la UCD andaluza y ponente del Estatuto Andaluz, también llamado de Carmona por la muy cinematográfica ciudad en la que se rodó, puso en marcha la Andalucía Film Commision y con Querol han puesto Andalucía en la cinematografía mundial.

Está en boga un cine divino: Si Dios quiere -el cura de esta película italiana es hijo de Vittorio Gassman-, Que Dios nos perdone, Señor, dame paciencia, la frase-insignia que pronuncia el protagonista, Jordi Sánchez, el actor catalán de la serie La que se avecina que da vida a un atolondrado burgués de derechas, del barrio de Salamanca y del Real Madrid, con un despertador que le regaló Florentino Pérez que lo levanta con el Veteranos y Noveles para desesperación de su esposa, Rossy de Palma. En la película de Álvaro Díaz Lorenzo, Paco Tous da vida a un cura que cita a Shakespeare en los funerales y regenta un local de copas cerca de Bajo Guía.

El padre madridista y su desmadejada familia se alojan en un casoplón de Sanlúcar. En un momento aparece un cuadro, un cartel de las carreras de caballos de Sanlúcar que me resultó muy familiar. Me dio una inmensa alegría ver al final el nombre de la autora en la ficha técnica de la película: Uta Geub, mi amiga alemana de la Selva Negra que encontró en la desembocadura del Guadalquivir el paraíso perdido que ahora comparte con Rafael, el peruano al que unió su vida.

La música de la película es de un compositor sevillano con Goya: Julio de la Rosa. Curiosa coincidencia la de este músico en el mismo escenario en el que transcurren todos los veranos de Julio Manuel del la Rosa. La costa es una academia: en Chiclana reluce la estela de Fernando Quiñones, que se quedó con las ganas de que alguien llevara al cine La canción del pirata, la novela con la que fue finalista del Planeta pero se ganó la fidelidad de muchos lectores; en Rota, el mecenazgo de Felipe Benítez Reyes.

El productor Antonio Pérez se habrá disculpado ante su amigo y colega Enrique Cerezo por participar en una película que se abre con las notas del himno tradicional del Real Madrid. Si goza de los favores del público y se hace una segunda parte, habrá que incluir la duodécima a la Juve. El portero de la casa donde vive el protagonista es del Atleti y el novio de uno de sus hijos, un bilbaíno hijo de senegaleses, es del Athletic de Bilbao y de Iñaki Williams.

De Madrid a Sanlúcar por La Mancha en una furgoneta con la senyera catalana. Uno va reconociendo ese itinerario de los Amarillos, ese paisaje del libro de memorias de Jacobo Cortines, la antesala de Trebujena donde Steven Spielberg encontró hace treinta años los mejores atardeceres para rodar El imperio del sol, una historia ambientada en Shanghái y basada en la novela de J.G. Ballard. ¿No transcurre El embrujo de Shanghái sobre la novela de Juan Marsé en Barcelona? Es la magia del cine.

Sanlúcar de Barrameda es un hito fundamental en la proeza de la circunnavegación del planeta. La empresa de un vasco y un portugués a punto de celebrar sus cinco siglos. Besos a cambio de adivinanzas en las que aparecen Paul Auster y Tailandia. No es ninguna licencia. Ayer, sin ir más lejos, en la ITV de Gelves, coincidieron dos personas, hombre y mujer. Ella le contaba que se le había echado encima el calendario y no podrían hacer la piscina. Se iban a Tailandia, nada de Chipiona, Rota o Sanlúcar, y le daba detalles de viajes anteriores a México y a Egipto.

Bajo Guía lleno de aztecas y de faraones. La llegada del normando en Agata ojo de gato, epopeya del lince y de la soledad de Caballero Bonald, es una de las páginas más excelsas de la literatura española. El jerezano de Sanlúcar, el barcelonés de Montijo, se llevó ese paisaje a su destierro colombiano y allí escribió Dos días de septiembre, la novela con la que ganó el Biblioteca Breve.

La normalidad es que aparezcan una curva y un guardia civil en el barco y sea una comedia

En tiempos de la oprobiosa, se contaba con sana envidia la frase de Churchill: la democracia es el sistema en el que cuando llaman a tu casa a las seis de la mañana, es el lechero. La normalidad en España es cuando salen juntos un cura y un guardia civil y es una comedia. El encuentro se produce a bordo del barco Real Fernando, con Doñana a sus espaldas. Tous y Dechent, nuestros domésticos Jack Lemmon y Walter Matthau; actores de la quinta de Cortijo del Cuarto a los que te puedes encontrar tomando una cerveza en alguno de los bares de la Alameda de Hércules.

Llega el verano sin cines de verano -que me perdone mi amigo Luis, superviviente del género: el de la Diputación es cine en verano-, sin piscinas municipales en Sevilla, con Andújar, la patria chica de Antonio Pérez, ocupando la segunda plaza (¿el Iliturgi segundo?) en el ranking de los calores de Roberto Brasero; llega la canícula disfrazada de primavera, secuelas del Miércoles de Ceniza, y nos refresca el cuerpo y el alma esta visión de Sanlúcar de Barrameda con una sonrisa en los labios. Con Pepe Ola, mitómano de los Ulen, en las tareas de casting, donde es un auténtico especialista. Un gaditano de la Caleta en la que Halle Berry salió de entre las aguas como el J.J. Sister cuando Carlos Díaz lo veía desde su despacho de alcalde.

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