De la tesis doctoral a las librerías

  • Historia. 17 años después de aparecer su trabajo sobre la Masonería en Huelva, la Diputación edita la investigación sobre las logias sevillanas de Enríquez del Árbol

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EDUARDO Enríquez del Árbol nació en Granada el día de los Inocentes de 1934, el año de la revolución de Asturias. Su familia regentaba una fábrica de azúcar. Este granadino de la plaza Mariana Pineda ha estado muy vinculado a Sevilla. Una relación que selló con una tesis doctoral que dedicó a la historia de la Masonería en el siglo XIX en las provincias de Huelva y de Sevilla.

El resultado de su investigación en Huelva lo publicó en 1994 y diecisiete años después, con la edición del servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Sevilla, ha aparecido su trabajo sobre la masonería en Sevilla. Una búsqueda laboriosa, tenaz, un repaso a las logias de la capital y el resto de la provincia, con hallazgos como la logia Audacia, que formaban una veintena de mujeres en Herrera, en la Sierra Sur sevillana.

Como el libro está lleno de nombres de logias, de perfiles masónicos, su autor deja bien claro que "yo no soy masón, no me adhiero a ninguna idea que pueda controlar mi mente". Pero como es una autoridad en la materia, suele figurar de ponente en los simposios bianuales que celebra el Centro de Estudios Históricos de la Masonería. El papa Clemente la condenó en 1738 y una fuente fundamental para los historiadores son los archivos del Santo Oficio, "que están bajo llave en el Vaticano", según Enríquez del Árbol.

En Sevilla contó con el apoyo del historiador Juan Ortiz Villalba, buen conocedor de la materia. Este catedrático del instituto Fernando de Herrera, autor de obras imprescindibles como Sevilla 1936 dice que el callejero de Sevilla está lleno de masones. Y los libros de Historia. Masones fueron, en la nómina que ofrece Ortiz Villalba, el italiano Garibaldi, paradigma de las revoluciones, el presidente mexicano Benito Juárez, el que se enfrentó contra los franceses que le impusieron un emperador de mampostería.

A la Masonería perteneció también el ideólogo de la independencia cubana, José Martí. "Cuba es el único país comunista que no prohibió la masonería, porque la III Internacional la prohíbe en los países comunistas, desmontando la teoría del contubernio judeomasónico y comunista que puso en marcha Franco".

Ortiz Villalba ve secuelas de gran maestre en la letra del himno de Andalucía, convencido de la pertenencia a esa organización de Blas Infante. Como también lo fueron el académico y cervantino de Osuna Francisco Rodríguez Marín, el ministro monárquico Pedro Rodríguez de la Borbolla, bisabuelo del ex presidente de la Junta de Andalucía, y dos generaciones de Machado: Antonio Machado Núñez, el fisiólogo, abuelo de los poetas, y Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, su padre, que murió en Triana. El autor de Campos de Castilla hace un guiño en su poesía a esas adscripciones familiares en los versos que dedica a su amada Leonor: "aunque me llamaban hereje y masón, rezando contigo cuánta devoción".

Surgen vocaciones masónicas en la disputa dinástica entre los Estuardo y los Hannover. Ortiz Villalba apunta a Jacobo I, rey de Escocia, hijo de un rey decapitado, como primer monarca de la logia. Reyes sometidos a vaivenes de destierros y restauraciones que le llevan a un axioma de Maquiavelo: "En las restauraciones monárquicas, la gente se acostumbra en la cuarta generación".

El libro de Enríquez del Árbol debería figurar en las bibliotecas municipales de la provincia. A su presentación acudió José Antonio Filter, cronista oficial de Cañada Rosal. El autor de esta investigación fue pionero en muchas cosas. Se doctoró en Derecho en 1963 y cinco años después en Filosofía y Letras. Siendo estudiante de Derecho, con sólo 22 años, creó en 1957 en Granada el Centro Universitario Europeísta; un año después fundó la revista Europa para alentar el ingreso de España en la Comunidad, reto que se alcanzaría el 1 de enero de 1986 con Felipe González en la presidencia del Gobierno.

Otro presidente del Gobierno, Práxedes Mateo Sagasta, promovió casi un siglo antes (1888) la ley de Asociaciones. Sagasta, que da nombre a una calle que estos días frecuenta mucha gente para comprar la lotería en El Gato Negro, era masón. La persecución que sufrieron a lo largo de la historia explica que Enríquez del Árbol, sevillano adoptivo, fundara en 1988 el Seminario de Estudios por la Paz y los Conflictos. Una dialéctica tan del siglo XX como el cambalache del tango.

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