Los invisibles

"Si los toros han estado bien, corren la manzanilla y los platos de jamón"

  • Cuarta generación de bodegueros, fue la primera mujer. Dejó el trabajo de farmacéutica para hacerse cargo de este consulado manchego sito desde 1850 en García de Vinuesa.

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HACE diez años tomó las riendas de un negocio que desde 1850 fue cosa de hombres: su bisabuelo, su abuelo, su padre y su tío. Reyes Morales (Sevilla, 1960) dejó su trabajo como farmacéutica y encontró el más sublime producto de la biología: el vino valdepeñas. Sus orígenes.

-Casa Morales presume de no haber cambiado en 160 años ni de familia ni de tradición. ¿Qué es más complicado?

-De familia es imposible cambiar. De la tradición ya me encargo yo.

-¿Quién fue el primero?

-Leocadio Morales Prieto, mi bisabuelo. Tenía una bodega en Valdepeñas. Traía los pellejos de vino en carros y los vendía en Sevilla a granel. Se estableció. Se casó con una sevillana y se fue a vivir a la Puerta del Arenal. Tuvo nueve hijos varones. Cada uno, con un oficio. Un sombrerero, un carrero, un tonelero, un bodeguero...

-¿Éste es su mundo?

-Yo nací en el número 5 de García de Vinuesa. Cuando me casé me vine a vivir encima de la bodega. De niña, cuando volvía del colegio, pasaba por aquí. Mi padre estaba en la caja, mi tío en la oficina. Les daba un besito a cada uno. Los recuerdo charlando con Gustavo Bacarisas. No sabría vivir en otro sitio ni dedicarme a otra cosa. Ha pasado mucha gente para comprar la casa, para comprar la bodega. No es un trabajo. Es mi vida.

-¿Por qué estudió Farmacia?

-Porque me gustaban la química y la biología y mi padre y mi tío decían que la taberna no era para las niñas. De hecho, cuando dejo la farmacia, me costó trabajo empezar porque mi padre y mi tío trabajaron hasta muy mayores, murieron con las botas puestas.

-¿Estaba en la bodega cuando la visitó Catherine Deneuve?

-Me lo dijeron mis compañeros de Facultad cuando estudiaba Farmacia. Vieron la foto en un dominical con las gigantescas tinajas al fondo. Se lo comenté a mi padre, que era muy despistado. Vendría de incógnito.

-Su paisano Gregorio Prieto, el pintor de Valdepeñas y de la generación del 27, tiene un museo de molinos. ¿Está Casa Morales rodeada de gigantes?

-Cada vez más. Pero no van a poder conmigo. No me gustan nada ese tipo de establecimientos propios de la cultura americana.

-¿En Feria se bebe más manzanilla que valdepeñas?

-Es la única semana que pasa eso. El resto del año gana la batalla el valdepeñas.

-¿Qué cambio introdujo respecto a las generaciones anteriores?

-Sólo las tapas. Antes era vino, vino y vino. No había ni almendras. Si alguien pedía un cubata, le ponían un vaso con ginebra y la botella de coca-cola. Mi padre se enfadó conmigo cuando puse las tapas. Habríamos tenido que cerrar y yo pensé que era mejor mantener su memoria con el local abierto que cerrado.

-¿Vienen en tranvía a Casa Morales?

-En Sevilla hay mucha novelería. Aquí tenemos todos los ciclos de la ciudad. La gente de Semana Santa, la gente de Corpus, la gente de los toros. Si la corrida ha sido buena, corre la manzanilla, corre el Tío Pepe y las raciones de jamón. El día de los victorinos, hubo gente hasta la una de la madrugada. Si la cosa está tranquila, es que la corrida ha estado regular.

-¿Vuelve a La Mancha?

-Ahora menos. De niña iba a las vendimias del tinto y del blanco. Más a la del tinto, que era más cortita y no había empezado el colegio. A la del blanco iba menos porque era en octubre.

-Casa Morales sale en la novela de Antonio Cascales 'El tornadizo'. ¿Es un escenario literario?

-Han venido muchos escritores. Y tenemos hasta una bebida que se llama poeta, que es vermú con sifón. La pedía un poeta, creo que se llamaba Hilario Gutiérrez, y se quedó con ese nombre.

-¿Se nota la crisis?

-Más en el cliente nacional que en el extranjero.

-¿De qué sitios vienen?

-Muchos japoneses. En verano, avalancha de italianos y ahora muchísimos franceses. Por los toros. De la clientela nacional, trabajadores de los alrededores al mediodía y gente joven por la noche. Te puedes encontrar una señora superpuesta junto a un jipilón con el pelo rasta. Venían los de la Peña Er 77: el marqués de las Cabriolas, que era cobrador de seguros, y el conde de las Natillas, pastelero de la Campana. Tenían sede en Marqués de Nervión, pero aquí cumplían con el artículo quinto, da igual blanco que tinto.

-¿Cuál es la química del vino?

-El vino no debe tener química. es un proceso natural. Un milagro.

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