El último camino de don Pedro

  • Monseñor Amigo celebró el funeral por el eterno descanso de don Pedro de Orleans y Braganza, enterrado junto a su esposa, la infanta Esperanza, en la iglesia de Villamanrique de la Condesa

La casa-palacio de la que salió el cortejo fúnebre con los restos mortales de don Pedro de Orleans y Braganza está a escasos metros de la iglesia de Santa María Magdalena donde ayer recibió cristiana sepultura. Para llegar, atravesó entre aplausos de los manriqueños la plaza Virgen del Rocío en la que antes de cada Domingo de Pentecostés las hermandades hacen su presentación.

Esa cercanía entre palacio e iglesia, el último viaje de este peregrino, es como una metáfora de la cercanía con la que los habitantes de este pueblo vivían la presencia del aspirante al trono de Brasil que en 1944 se casó en la catedral de Sevilla con la cuñada del aspirante al trono de España. Los dos inéditos en sus respectivos exilios: don Pedro, en Villamanrique; don Juan, su concuñado, en Villa Giralda.

El funeral lo ofició Monseñor Amigo Vallejo, ayudado por el párroco de Villamanrique, Pablo Colón Perales. "Don Pedro era, en el mejor sentido de la palabra, un buen rociero", diría al final el cardenal de Sevilla a los periodistas al abandonar la iglesia en la que no fue permitido el acceso a la prensa. Todos en Villamanrique destacaban la vinculación de don Pedro y de su esposa, la infanta doña Esperanza, fallecida el 8 de agosto de 2005, con las tradiciones de la localidad. Especialmente con el Rocío.

Don Pedro era hermano mayor honorífico de las hermandades de Villamanrique, Triana y Coria del Río. Los simpecados de las tres estaban en el interior de la iglesia junto a la bandera de Brasil, conformando una especie de reino mariano. A los acordes de una marcha fúnebre de Edgard Grieg interpretada por un cuarteto de trompa, el féretro fue trasladado a hombros por Pedro y Felipe, nietos de don Pedro, junto a los hijos de Antonio, el casero, y otros jóvenes vinculados laboralmente al palacio de don Pedro. Estuvieron cuatro de sus seis hijos: Pedro Carlos, Cristina, María Gloria (esposa del duque de Segorbe, la única que no vive en Brasil) y Francisco.

Villamanrique es de la Condesa desde 1916, por vinculación de la población con la condesa de París. Por eso, una de las vecinas reconoció entre los asistentes al funeral a doña Ana de Francia. Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía, presente en el funeral, recordó las visitas de don Pedro al palacio de San Telmo en busca de "antecedentes familiares" por los nexos con los Montpensier. Chaves destacó la simpatía, la bonhomía y el inconfundible acento portugués del finado. Javier Arenas, presidente del PP-A, que acudió acompañado por Juan Ignacio Zoido, definió a don Pedro como "un hombre profundamente enamorado de Andalucía y de España".

"Aquí estaba muy bien mirado". Manuel López Domínguez lo trató mucho. Como su padre, su abuelo y su bisabuelo, formó parte de la plantilla de trabajadores de palacio. A veces, antes de que enviudara y una lesión en su palacio de Brasil -era el hombre de los dos veranos- le limitaran sus facultades, entraba al bar de Tomás a tomar un café. Allí está su foto a caballo con doña Esperanza entre estampas de la lidia.

El Ayuntamiento que preside José Solís de la Rosa decretó tres días de luto. No fue nadie de la Familia Real -enviaron coronas-, pero estaba su real familia, sus vecinos. Al sepelio asistieron Alejandro Rojas-Marcos, Javier Benjumea, el duque de Huéscar, Enrique Moreno de la Cova, Antonio Ojeda, Manuel Salinas, Eduardo Miura, Alfonso Guajardo Fajardo y Álvaro Villagrán, entre otros.

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