Jacinto Pellón. Consejero delegado de la Sociedad Estatal

El último montañés en la Cartuja

  • El 12 de octubre de 1992 se cerró el telón, Pellón cogió unos papeles y se fue a navegar. Pasó once años de calvario judicial

Jacinto Pellón con los Reyes. Jacinto Pellón con los Reyes.

Jacinto Pellón con los Reyes.

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Se cree que la Expo tuvo un comisario, Olivencia, y un sheriff, Jacinto Pellón (Soto de Iruz, Cantabria, 1935-Barcelona, 2006). Una rivalidad que el tiempo ha hecho complementaria, como si aquel remake del duelo entre Cruz Conde y Aníbal González en la Exposición del 29 lo hubiera sublimado el paso de los años y de los puentes.

Fue el último montañés en bajar a Sevilla. La ciudad donde en enero del 63, meses después de licenciarse como ingeniero de caminos, canales y puertos, viene a hacer las prácticas de las milicias universitarias en Ferrocarriles. Trabajó en la delegación sevillana de Dragados y Construcciones, empresa en la que trabajaba en México -nexo geográfico con Casinello- cuando Felipe González le propone su particular duelo al sol nombrándolo en 1987 consejero delegado de la Sociedad Estatal Expo 92.

Dicen que cuando vio las llamas del Pabellón de los Descubrimientos, destruido por un incendio el 18 de febrero de 1992, llamó a su amigo el artista Eduardo Arroyo y le encargó que diseñara unos desollinadores que jalonaron el entorno del World Trade Center como ángeles de la guarda contra los demonios y aguafiestas del mal fario.

La Expo es la gran obra de Olivencia y Pellón, así enumerados, en orden alfabético y cronológico, un andaluz y un cántabro, como Daoiz y Velarde, unidos contra el peor de los adversarios, el 20 de abril contra su particular 2 de mayo de la baja autoestima, las inercias y los prejuicios.

El 12 de octubre de 1992, se cerró el telón, cogió unos papeles y se fue a navegar. Pasó un calvario judicial de once años. Murió el mismo día que el Sevilla Fútbol Club puso una pica en el Flandes de Eindhoven.

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