Una vida dedicada a los demás

  • Portavoz de las comunidades cristianas de base en SevillaUn teólogo que tomó conciencia cercana de la vida de los pobres, y decidió adaptar su apostolado a la convivencia de igual a igual. Fue uno de los pioneros de las comunidades cristianas de base en Sevilla y prepara un libro sobre su labor desde 1970

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Nacido en Cuenca, ha vivido en Alemania, Francia e Italia, en cuya capital se doctoró en Teología en 1960. Lleva más de 40 años en Sevilla aunque mantiene su acento de Castilla. En 1963 comenzó a desarrollar su actividad docente de Teología hasta que en 1969, en Lebrija, tomó conciencia de los problemas reales que le rodeaban. Dio un cambio sustancial a su vida, con el compromiso de ayudar a los más desfavorecidos, los marginados, "comencé a vender libros y dejé de vivir de la misa y la olla, para ganar el sustento como hace la gente", comenta Antonio. Al mismo tiempo puso en marcha, junto a cinco compañeros de camino, una fraternidad de trabajo en Torreblanca, barrio de aluvión en el que luchaban por centros de educación, pavimento para las calles o infraestructuras mínimas de alcantarillado o sanidad. "Vivíamos con la gente y también como ellos, qué menos que ofrecerles nuestra ayuda". Estima que el cristiano debe estar insertado en el mundo en el que vive y comprometido con los problemas mediante una relación estrecha con aquellos que sobreviven en peores condiciones. Fundador de las comunidades cristianas de base en Sevilla, Antonio ve con pesimismo las dificultades que jóvenes y mayores encuentran para acceder a una vivienda digna, "debemos estar comprometidos con la comunidad y ayudar desde nuestra fe".

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