El Barcelona tampoco se rinde con Messi

  • La pasión de Nervión toca con los dedos otra noche mágica que acaba con sabor agridulce

  • La falta de contundencia, recurrente hándicap

Franco Vázquez, con la cabeza agachada, mientras los jugadores azulgrana celebran el 2-2 de Messi. Franco Vázquez, con la cabeza agachada, mientras los jugadores azulgrana celebran el 2-2 de Messi.

Franco Vázquez, con la cabeza agachada, mientras los jugadores azulgrana celebran el 2-2 de Messi. / antonio pizarro

En el estadio que luce esa leyenda de Dicen que nunca se rinde, Leo Messi exhibió que ese lema también se le puede aplicar a este Barcelona que lidera con su sola presencia en el césped. 37 encuentros sin perder en la Liga acumulan los azulgrana, que incluso en sus peores noches mantienen la ambición de los equipos que marcan la historia.

El Sevilla tuteó al Barcelona. Superior sin Messi primero sobre el campo; y también con el argentino hasta ese fatídico minuto que dejó un punto de sabor agridulce. El equipo para las grandes noches que ha preparado Vincenzo Montella, desde que encontrase su once tipo en un día copero en el Wanda Metropolitano, se quedó a las puertas de la gloria. La falta de contundencia en las áreas, ese recurrente hándicap de los sevillistas, impidió que el Sevilla culminase la semana de Pasión con una victoria de las que quedan para la historia. Siempre se recuerda un triunfo ante el Barcelona, al que sólo le ha ganado un partido de los últimos 21, y más aún si enfrente aparece Messi, aunque fueran poco más de 30 minutos.

Montella ha pertrechado un equipo reconocible. Con las líneas juntas tanto cuando aprieta la salida de balón del rival como cuando se repliega en campo propio. Y con la velocidad como mejor forma de plantarse en el área rival, aunque ahí le surgen las carencias. Esa falta de poderío donde se ganan los partidos lo ha condenado en más de una ocasión. Anoche acabó ocurriendo lo mismo de siempre, pese a que los goles de Franco Vázquez y Muriel otorgaron una ventaja inicial de dos goles. Perdonaron los sevillistas casi una decena de llegadas claras al área de Ter Stegen, demasiada ventaja cuando en el rival se alinea Messi.

Esa falta de mordiente también fue un obstáculo azulgrana en Nervión hasta que apareció el argentino. Sin él sobre el césped, sólo Luis Suárez compareció en los terrenos del gol. Coutinho y Dembele, sus teóricos acompañantes, se quedaron en balas de fogueo. Fuegos de artificio adelantados para casi ponerle fin a la primera fiesta de la primavera. Todo cambió con la presencia de Messi, que mantuvo la fe de los suyos hasta el final.

El Sevilla quería encarar un mes mágico con el subidón que hubiera supuesto superar al Barcelona, precisamente ese rival con el que se verá las caras en apenas 20 días para decidir el título copero. Pero el calendario no permite respiros. En apenas 48 horas el Bayern Múnich, ese gigante alemán, llegará a Nervión. Al menos ahí no comparecerá Messi, ése que ayer volvió a demostrar que no entiende de rendiciones. Un mensaje muy conocido en blanquirrojo.

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