Sevilla FC-Granada · la crónica

Ganso ejerce de 'killer' (2-0)

  • Los dos tantos del brasileño en su reaparición le dan un cómodo triunfo a un Sevilla que debió barrer a un Granada pésimo.

  • La falta de 'maldad' arriba evita una goleada mayor.

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Paulo Henrique Ganso le puso el nombre propio al cómodo triunfo del Sevilla contra el Granada. El brasileño, que había desaparecido desde su pésimo primer tiempo en la Copa en el Bernabéu, volvió al equipo titular para demostrar una faceta que no ha sido la principal en su fútbol. Fue el killer, el matador, dentro de un equipo en el que la candidez delante de Ochoa se hizo insoportable durante la mayor parte del litigio. Porque la superioridad del cuadro de Jorge Sampaoli sobre un rival condenado al retorno a la Segunda División fue absoluta, sobre todo en el arranque, y resultó increíble que el electrónico registrara en el descanso ese escuálido uno a cero.

El Sevilla, con un poco de maldad, sólo un poquito, debió irse al intermedio con un marcador de escándalo a su favor, pero no lo hizo por la sencilla razón de que muchos de sus futbolistas juegan sin sangre en los ojos, como si estuvieran en el patio de un colegio con el único afán de echar un buen rato con los amigos. Y no, el fútbol profesional no es eso, ni siquiera el amateurismo al que hace referencia Sampaoli para explicar su ideario balompédico, pues al técnico argentino se lo comían los demonios cada vez que veía como uno de los suyos era incapaz de hacer subir al marcador la diferencia de nivel mostrada por ambos contendientes en el césped.

Particularmente llamativa fue la participación de Correa en ese sentido. El argentino volvió a dejar muestras de su proyección y de su calidad, pero resultan difíciles de explicar muchas de sus decisiones conforme se va acercando al área rival. Y el colmo de los colmos llegaría en un balón largo enviado por Pareja que lo dejó en solitario delante del guardameta mexicano del Granada. Nadie lo siguió, absolutamente nadie, Ochoa tampoco salió de su portería y Correa tuvo todo el tiempo del mundo para decidir y ejecutar. Pero cuando el balón le caía para empalmarlo ante un portero vendido decidió tocarlo de cabeza en malas condiciones, estirando el cuello incluso, para casi realizar una cesión a un meta que casi no podía creerse que aquello no acabara en el 2-0.

Fue una jugada paradigmática de la candidez de los nervionenses a la hora de trasladar al marcador el buen juego que estaban desplegando frente a un Granada que los dejaba hacer con absoluta comodidad. Pero hubo muchas más desde el mismo minuto tres en el que Iborra no aprovechó un balón que llegó a botar incluso en el área pequeña de los granadinistas para que nadie lo hostigara siquiera. Su remate, con todo a favor, se estrelló en el travesaño, pero bastó con ver la acción completa de la jugada, que nace en un saque de banda de Escudero, para entender que aquello sólo podía acabar en goleada si los blancos llegaban a tener un porcentaje mínimo de acierto en la suerte suprema.

Esa sensación se incrementaría cuando Ganso, recuperado para la causa, abría hacia Jovetic y después recibía en la zona de los cazagoles el pase atrás del montenegrino. Al contrario que el resto de sus compañeros, el ananindeuense sí tuvo mala leche en el remate y la pelota entró con fuerza tras doblarle las manos a Ochoa. El Sevilla se había puesto por delante muy pronto y todo hacía presagiar un paseo con juego y goles casi en cada llegada de los anfitriones.

Iborra avanza con la pelota controlada. Iborra avanza con la pelota controlada.

Iborra avanza con la pelota controlada. / Juan Carlos Muñoz

Era un Sevilla que Sampaoli había presentado con gusto, con la defensa de cuatro que se ha hecho habitual desde la lesión de Rami y con N’Zonzi e Iborra mandando en el centro del campo como si jugaran hombres contra niños. Por las bandas entraban Sarabia y Correa para que Ganso enlazara a la perfección con Jovetic y con todo el que llegara por allí. También es cierto que al brasileño le llegaban muy cómodos los balones que metía en esa zona un preciso Lenglet, que no tenía mayores problemas para superar la presión de mentira de los granadinistas.

Con esas bases las oportunidades fueron cayendo una detrás de otra, pero el Sevilla no era capaz de concretarlas en goles y en el intermedio había hasta cierto temor a una sorpresa. Nada. Ganso, en el primer minuto, ejercía otra vez de killer y volvía a finiquitar una nueva combinación que arrancó en él mismo. Sarabia ponía el centro y el brasileño lo empujaba a la red. El Sevilla había abortado cualquier posibilidad de sufrir un susto en el que casi nadie creía, pero cosas más raras se han visto en el fútbol. Y todo siguió igual que en el primer acto, con los blancos llegando arriba con buen juego y peligro, pero sin rematar, algo que llegó a provocar quejas desde el graderío. Pero no, esta vez el Sevilla ganó bien, sin mayores problemas, y dejó la cuarta plaza muy cerca gracias al acierto de Ganso. ¿La tercera? A ver si el Atlético se despista con la Champions...

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