Copa del Rey

Hermosa utopía, lección de orgullo (3-3)

  • El Sevilla hincha el pecho de su gente tras su demostración ante el Madrid, pero el 3-0 del Bernabéu era demasiado lastre.

  • Sampaoli sí le sacó esta vez todo a los suyos.

  • Prometedor debut de Lenglet y Jovetic.

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Lección de dignidad por parte del Sevilla, pero con valor empírico cero por culpa del erróneo planteamiento de su entrenador en el Santiago Bernabéu. Eso se hizo evidencia en esta segunda cita del cruce copero, en la que ni siquiera la presencia de muchos no habituales en el once de Jorge Sampaoli provocó que su equipo diera una sensación tan pobre como lo hiciera una semana antes. Al contrario, esta vez los nervionenses, desde su técnico hasta el último de sus futbolistas, supieron henchir el pecho de su gente para que ésta se marchara del estadio convencida de que algo grande puede estar en camino en el presente curso. Las aportaciones de los recién llegados Lenglet y Jovetic también contribuyeron a ese pensamiento positivo, pero, lamentablemente para el sevillismo más exigente, ya no podrá ser en la Copa del Rey.

La eliminatoria de octavos estaba decidida desde que Mateu Lahoz le pusiera el punto final con sus tres silbidos a su exhibición en el recinto de la Castellana. Entre los errores endógenos, tanto por parte de quien elige las piezas de los sevillistas como por el pobre rendimiento de los futbolistas, y los exógenos, que procedían del encargado de impartir justicia, se puede decir que el primer acto había servido para dejarlo todo finiquitado. Sólo la esperanza del carácter imprevisible del fútbol y también del espíritu indómito que Sampaoli le inyecta a los suyos hacían que el sevillismo aún pensara en darle la vuelta, que se asiera al #YoCreo.

Pero no, era una quimera, ni siquiera le bastó a los anfitriones el hecho de protagonizar una hermosa disertación de fútbol sobre el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán, incluso de adelantarse muy pronto en el marcador gracias al autogol de Danilo. Era materialmente imposible que el Real Madrid no pudiera conseguir ni un solo gol contra un rival que corría tantos riesgos, que era capaz de jugar con un sistema con tres defensas, Mercado, Rami y el prometedor Lenglet; dos futbolistas abiertos a las bandas como Sarabia y Escudero, ambos a la altura del medio centro Kranevitter; otra línea de tres integrada por Vietto, Iborra y Correa, aunque hasta se podría matizar que eran cuatro los delanteros con la suma de Ben Yedder.

Cierto que era la única manera de tratar de meterle mano a este Real Madrid, de meterle el miedo en el cuerpo en definitiva, algo que el Sevilla consiguió en dos fases del juego. La primera se olisqueó desde que a los 37 segundos ya ponía Escudero en apuros a Casilla para repeler su disparo y tuvo su continuidad con un sentido de la anticipación que hizo que el cuadro visitante llegara a inquietarse. Sobre todo cuando Danilo, en su habitual sufrimiento en Nervión, cabeceaba como si fuera un delantero centro contra su propia portería. Uno a cero en el minuto 10, cierto que la espita para soñar estaba abierta, pero no dejaba de ser un imposible para los sevillistas.

La escuadra de Sampaoli, eso sí, bajo el mando de Iborra en la cancha, comenzó a buscar el segundo y tuvo algunas opciones diáfanas en algunos tiros que siempre encontraron la respuesta de un segurísimo Casilla. Entre eso y que Undiano Mallenco ya había activado el modo peligro en todas las faltitas dudosas y, sobre todo, en tres fueras de juego que su auxiliar le indicó como si fuera Beckenbauer en sus tiempos como mejor líbero del mundo la primera mitad se escapaba sin que el Sevilla fuera capaz de agrandar su ventaja. ¿Quiero esto decir que el Madrid estaba tranquilo?Para nada, no tenía motivos, pues la escuadra que tenía enfrente esta vez sí le estaba apretando en serio.

De cualquier forma, el escenario con vistas al segundo periodo tampoco era malo del todo, sobre todo mientras que David Soria no encajara ningún gol. Pero esa situación duró muy poco, casi nada, tras la reanudación.El enésimo córner sacado por los sevillistas al mogollón del área pequeña fue repelido por Casilla antes de recibir el empellón de Iborra. Con tantas piezas colocadas con el único pensamiento de atacar y no de tapar un posible rechazo bastó con que la pelota le llegara a Marco Asensio. Éste inició una aventura en solitario que no pudo detener en primera instancia Kranevitter, pese a su intención de hacerle falta, mientras que Vietto, que lo siguió hasta su propia área, acabó cayendo de maduro en la carrera. Empate en el marcador y ya era aún más imposible si cabe la remontada.

Sin embargo, el Sevilla no se dio por derrotado con semejante golpe. Cualquier otra escuadra tal vez hubiera arrojado la toalla y se habría dedicado a pensar en lo que viene el domingo, pero Sampaoli sí es capaz de exprimir a los suyos a la hora de motivarlos. No tardó Jovetic en estrenarse como goleador, con un excelente golpeo además, y el conjunto blanquirrojo pareció como poseído desde ese instante. Más aún cuando fueron entrando Nasri y Vitolo para tratar de meterle más fútbol a la rabia de los suyos. Eso sí, ya eran dos los defensas, tres en la siguiente línea y cinco los delanteros.

El remate a puerta vacía de Iborra, con 13 minutos por delante, llegó a permitir que el sueño aún volviera a hacerse latente. El Sevilla puso empeño en la pelea, siguió agrandando al menos el orgullo de los suyos, pero lo que no podía ser era imposible que sucediera. Ahí estaba Undiano Mallenco para borrar cualquier opción y un empujón absurdo de Kranevitter era decretado como penalti de la misma manera en la que un hombrazo de Sergio Ramos a Iborra era pasado por alto. Ni uno ni el otro fue, seguramente ninguno de los dos, pero éste es el fútbol de estos tiempos. El Real Madrid llegaría incluso a empatar en la última jugada para provocar la alegría de Zidane por su récord individual. Y todos quedaron citados para el domingo, con las mejores piezas por parte y parte. Sampaoli ya sabe que a este nivel no se puede regalar nada...

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