El presidente

José Castro: Huele a pólvora y no es por los fuegos artificiales

  • El utrerano, en su momento más impopular como presidente por la regresión deportiva del club, disputará en el Wanda una final paralela

José Castro. José Castro.

José Castro. / Rosell

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Cuando el balón ruede en el Wanda Metropolitano también arrancará una final paralela para José Castro, el presidente del Sevilla Fútbol Club. La línea entre el éxito y el fracaso, siempre delgada, tiene esta temporada para el club de Nervión el grosor de un papel de fumar. Las circunstancias han hecho que el pulso por la Copa ante el Barcelona haya mutado en órdago. Todo o nada. El destello de la gloria sofocaría el incendio de la Liga, de dimensiones neronianas si el equipo no acaba entre los siete primeros. Y en ese cara o cruz, tiene mucho que perder el crédito y la estabilidad del presidente, habituado a junios de parabienes hasta ahora por las Ligas Europa de 2014, 2015 y 2016 más ese cuarto puesto de Champions en 2017. Hoy, el vacío de Monchi por el fracaso de su sucesor, más las fallidas apuestas de Berizzo y Montella, sitúan al utrerano en el nivel más impopular desde que ascendió el sillón.

Nada tiene que ver el decorado de esta final al de hace dos temporadas, cuando el sevillismo acudió en riadas a Madrid a celebrar. Sólo a festejar. Cuatro días antes, su equipo acababa de coronarse en Basilea, y ante todo un Liverpool, como el monarca absoluto de la Liga Europa, antes Copa de la UEFA, y la final del Vicente Calderón ante Messi, Iniesta y compañía no contenía la presión inherente a un pulso de 90 minutos con un título en juego. Claro que el Sevilla fue a disputarla y lo hizo con gallardía hasta el final de la prórroga. Pero la perdió y, sin embargo, al día siguiente, Sevilla volvió a hervir con el gozo de otra fiesta en rojo y blanco. Con Emery en volandas. Y también Castro encaramado a esa ola de popularidad.

Hoy todo es muy distinto. Tanto, que todo puede acabar en un tsunami institucional en cuanto el telón de la temporada baje. Las placas tectónicas que conforman los grupos accionariales del Sevilla FC friccionan en el día a día, esa soterrada guerra de guerrillas por la compra de valores, llamando puerta a puerta, está abriendo las grietas en el mapa de propietarios de la SAD. Castro denuncia a la familia Del Nido por valerse del club para captar a la infantería desperdigada, a ese accionista de a pie. La familia Del Nido y su entorno lo niega y replica que la parte contraria también practica el menudeo. Y para completar el tablero, la Asociación Accionistas Unidos denuncia que bajo esta compulsiva compra de títulos reposa el interés de fondos de inversión extranjeros en hacerse con el control del club.

Las placas tectónicas del mapa accionarial amenazan con un violento choque si no cae el título

En la junta de accionistas del pasado 11 de diciembre, en la que Castro aprobó por poco un sueldo para su consejo que a la larga se puede convertir en un boomerang, el consejero Juan Luis Villanueva expuso que “en cinco años, el Sevilla FC triplicará los 212 millones de euros en ingresos presupuestados para esta temporada”. Tamañas expectativas cristalizarán o serán papel mojado, pero la realidad es que la institución de Nervión se ha abierto hueco entre la alta sociedad europea y ha captado el interés de esos grupos que juegan en la Champions de las inversiones.

Ocurre que el súbito ascenso del Sevilla a esa estratosfera financiera necesita, para oxigenar las cuentas, de los ingresos premium de la verdadera Champions, ese maná de la UEFA (esta campaña le va a reportar unos 47,5 millones de euros, con el market pool incluido). El club tiene presupuestados 141 millones de euros esta temporada en el coste de la primera plantilla, el cuarto de la Liga, pero los ingresos atípicos no son los de la mayoría de los asiduos a la Champions. No vende ni en sueños las camisetas del Manchester United o el Barcelona, ni siquiera las de entidades de un estrato inferior, como el Arsenal o el Borussia Dortmund. Tampoco las grandes firmas de ropa deportiva le ponen sobre la mesa cantidades de ocho dígitos para vestirlo cada temporada. Y en el estadio, sin duda pequeño para el nivel deportivo en el que se mueve la entidad, apenas entraron 40.000 personas ante el Bayern en unos cuartos de final de la Champions.

Tras la derrota casera ante el Valencia en la Liga y la muy honrosa eliminación en Múnich, Castro ya sabe que el cañón de euros de la Champions se cerrará la próxima campaña. Y eso, saliendo el cuarto desde la parrilla, es una decepción que sólo obtendrá la clemencia del sevillismo si Jesús Navas levanta al cielo la sexta Copa con el 16 de Antonio Puerta a la espalda. Si no es así, el olor a pólvora de los fuegos artificiales de la Feria, que atronarán cuando la final acabe, será una inquietante premonición para este utrerano de 59 años y mano templada para unos, blanda para otros.

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