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Montella rompe el álbum

  • La continuidad del once más cualificado y la confianza a través de la mentalización le dan crédito para el órdago de la Copa

  • El cansancio de Banega y el 9, las dudas

Ben Yedder y Pizarro observan un ejercicio en presencia de Montella. Ben Yedder y Pizarro observan un ejercicio en presencia de Montella.

Ben Yedder y Pizarro observan un ejercicio en presencia de Montella. / fotos: juan carlos muñoz

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Vincenzo Montella se ha ganado en tres días el crédito que había perdido con las decisiones y las lecturas de los partidos que precedieron a la resurrección del Wanda Metropolitano. El entrenador del Sevilla apostó, presionado por los acontecimientos negativos, por la elección y la continuidad de un once reconocible, un once que podría haber elegido cualquier aficionado atento al rendimiento de los futbolistas desde el principio de la temporada y a la calidad intrínseca de cada uno. El napolitano ha necesitado un tiempo para separar el grano de la paja, a la par que ha realizado una trascendental tarea: inculcar su filosofía de juego y mentalizar a sus futbolistas para llevarla a cabo. En ese proceso rompió el álbum de las rotaciones, distribuyó los roles entre titulares y suplentes y abandonó la inercia del neófito de dejarse llevar por la fama de jugadores que, aun siendo válidos como refuerzos, habían demostrado desde antes de su llegada que no pueden llevar el peso del equipo.

Usando la alegoría del álbum, Montella dejó en el cajón las estampitas llamativas y seleccionó a los futbolistas más cualificados para llevar a cabo su idea, fundamentada en el orden y la intensidad en la fase defensiva y en la verticalidad y la búsqueda de espacios sin miedo a arriesgar el balón en la ofensiva. La apuesta le salió perfecta en Madrid y la repitió en Cornellá, donde prefirió dotar de confianza a ese once antes que refrescarlo de cara a la vuelta copera ante el Atlético, pese al escaso lapso entre los tres partidos. De un plumazo se cargó dos de los lastres de la época de Berizzo, las rotaciones y el manoseo del balón, el rondo infinito. Y ahora afronta con ese crédito el órdago de la Copa.

Pese a haber ordenado desde su debut en Cádiz a su equipo en un definido 4-4-2, la puesta en escena de su sublimación fue en el Metropolitano, donde el Sevilla fue un bloque ordenado, intenso, agresivo y solidario y donde ya pudo mostrar las virtudes de la nueva idea ofensiva: dinamismo, verticalidad, terminación de las jugadas y valentía para arriesgar el balón. Y en Cornellá se acentuó aún más esa idea, gracias a la apuesta en un centro del campo de calidad: N'Zonzi, Banega y Franco Vázquez.

La distribución y el mando de los dos medios centro evidenció que el equipo ya cree en la idea. La nueva premisa de combinar rápido le dio al Sevilla un ritmo de juego inédito en la última era argentina. La adecuada ocupación de los espacios les dio la posibilidad a Banega y N'Zonzi de distribuir casi sin mirar, a sabiendas de que hallarían a un compañero. Cada jugador sevillista ha acentuado la velocidad de ejecución, preocupándose menos de la ortodoxia en el control y el pase y centrándose más en premeditar qué hacer con el balón para soltarlo antes, para minimizar la reacción del rival.

La cortapisa de esta buena base sobre la que construir un nuevo trayecto es el cansancio. Asoma por Nervión quizá el equipo más físico de la Liga y la principal duda se centra en si Banega podrá mantener el nivel de rendimiento, después de evidenciar fatiga en la segunda parte de Cornellá. El argentino lleva 18 partidos consecutivos entre las tres competiciones. De ellos, diez los jugó completos y sólo en cuatro salió como suplente. Sin fuerza, pierde el tino.

La otra duda para la vuelta copera es la elección del delantero centro. Con la reivindicación de Muriel, más adecuado para jugar a campo abierto a domicilio, Montella ya tiene para elegir, aunque parece que en casa apostará por Ben Yedder, más capacitado para jugar cerca del área, si bien el partido tiene condicionantes específicos por las cualidades del rival y por la ventaja en la eliminatoria.

Dejando al margen las dudas para la cita de este martes, a Montella le queda la trascendental tarea de ir subiendo al carro a otros jugadores que han perdido o deben ganarse el rol de titular: Kjaer (por sus molestias de espalda), Pizarro, Jesús Navas, Nolito, Arana, Geis... El once base y la idea de juego están definidos y ahora toca ampliar el abanico, sacarles rendimiento al máximo número de jugadores y demostrar que la confianza y la mentalización no son exclusivos del once elegido, el protagonista de la resurrección.

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