El ahora sí que sí de Krychowiak

  • Tras dos meses de baja, la mejor versión del polaco en el tramo decisivo de la campaña es una de las esperanzas de Emery. Pese a su impronta de insustituible, su campaña ha sido irregular.

El sevillismo arrancaba las hojas del almanaque soñando con su vuelta desde que se lesionó la semana siguiente a aquel partidazo que dio en el Calderón, en realidad su mejor actuación con la camiseta del Sevilla esta temporada en la que la entidad nervionense decidió tirarse de cabeza a dar el todo por el todo por un futbolista tremendamente llamativo. Poderoso, con una imagen pública que va más allá de lo deportivo, internacional con su país, codiciado por los grandes clubes europeos y santo y seña del esquema de un equipo con el que conquistó un título en su primer año en España. Grzegorz Krychowiak marcó además en la final ante el Dnipro, encima en su país, Polonia... así que su renovación y ampliación de la cláusula de rescisión hasta los 45 millones de euros ha sido uno de los acontecimientos del año en el Sevilla. El club organizó hasta una rueda de prensa -la única este año- para anunciar un acuerdo del que se sentía tremendamente satisfecho. Era para estarlo.

Pero en el terreno de juego, entre una cosa y otra, el rendimiento de Krychowiak en su segunda temporada en el Ramón Sánchez-Pizjuán ha tenido picos y picos. Se ha perdido dos meses de competición y, tras disputar unos minutos ante el Basilea y el partido completo en la goleada del Bernabéu (4-0), llega el tramo decisivo y se necesita la mejor versión del polaco, un futbolista que no hay que negar que tiene facilidad para disimular las no tan buenas actuaciones que ha tenido sin dejar de ser una de las piezas clave del equipo.

Pero también es verdad que si parecía el único insustituible, precisamente en su ausencia ha sido cuando el Sevilla ha cosechado menos derrotas. Con Cristóforo y puntualmente Carriço, más la definitiva adaptación de N'Zonzi a jugar un poco más retrasado de lo habitual, Emery logró que el equipo ganara en consistencia. Fue, además, cuando pasó más tiempo sin recibir un gol y sin conceder apenas ocasiones. No es -está claro- para desdeñar la ayuda de un jugador que físicamente aporta una gran presencia y que es un seguro por su gran potencia en carrera para frenar contraataques y la cantidad de metros que domina, pero Emery le ha hecho ver que es ahora cuando debe dar su mejor versión y para ello ha demorado su vuelta hasta su recuperación total.

En el olvido deben quedar tibias aportaciones que llegaron a costar puntos, a veces por excesiva confianza en sus virtudes. En la retina están precisamente ahora que viene la Real los dos balones que despejó de cabeza horrorosamente mal en Anoeta, pero también hubo días en que no apareció cuando debía (en Manchester en la contra del 2-1 o en la del 2-0 de Turín...) quizá por su falta de descanso en el primer tramo del curso. Ahora es su momento. Y Emery al que necesita es al Krychowiak del Calderón.

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