Sevilla FC

El dorsal 16 ante el escarnio

  • Jesús Navas, todo pundonor sevillista, intentó mantener en pie el honor blanco en medio del drama

  • Coutinho recitó su cruel venganza de su derrota en Basilea con el Liverpool

El dorsal 16 ante el escarnio El dorsal 16 ante el escarnio

El dorsal 16 ante el escarnio

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En el minuto 75, con un humillante, e histórico por trágico, 0-5 en el marcador del Wanda Metropolitano aún corría con fuerza, con dignidad, todo pundonor, todo casta, Jesús Navas. De fondo sonaba fortísimo la versión sevillista de La Marsellesa desde el Fondo Norte. Hasta la misma cal de ese gol llegó el palaciego en su enésimo demarraje y puso un centro pasado que cabeceó demasiado cruzado Sarabia. Fue otro intento vano, otro gesto de impotencia de un futbolista que dejó el alma, las tripas, el corazón en cada envite, en cada cruce tirándose al suelo para tapar a Iniesta, a Jordi Alba, al que llegara por allí. Y tuvo la complicidad de todo el sevillismo, enervado en cánticos de rabia, también salidos del alma rota, la voz fuerte y rajada.

Jesús Navas, con su dorsal 16, intentó mantener en pie la dignidad sevillista hasta el final. Por ejemplo, en un durísimo chut escorado en el minuto 79 que blocó Cillessen, el portero que abrió la zanja en los tuétanos de un equipo roto en colaboración de Coutinho y de su homólogo en la otra portería, que reculó ante el brasileño posibilitando su pase a Luis Suárez para que éste hiciera el 0-1. Era el minuto 14 y ahí empezó la particular venganza de Coutinho por su derrota en Basilea ante otro Sevilla muy distinto, en el que tampoco estaba Jesús Navas. Eso fue en 2016, antes de que el Barcelona pagara los 160 millones de euros al Liverpool por él. Y Coutinho cerró la goleada con su rapidísima incursión en el área que terminó en penalti, que él mismo transformó, por manos de Lenglet. Fue el 0-5. La avidez del brasileño lo llevó a rematar y marcar tras el rebote en el brazo del galo, pero Gil Manzano decidió pitar la pena máxima.

Con 0-1 aún, Jesús Navas puso dos centros con veneno, el que no tuvo nadie másCoutinho, que inició el drama con su contra en el minuto 14, inició la jugada del 0-5

Quitándole un cero a esa aberrante millonada que pagó el Barcelona por Coutinho queda la pureza del número 16, el que lució con tantísimo honor Jesús Navas, siempre Puerta en el recuerdo. Desde el principio se rebeló contra la realidad de un drama de imprevisibles consecuencias. ¿O sí se pueden prever?

En el mismo minuto 16, Jesús Navas realizó un excelente centro, todo furia, al que no llegó Muriel, se anticipó con fuerza el central del Barcelona. El colombiano fue un alma en pena por el campo, como casi todos los de blanco, medias negras como de luto, sobre el césped del estadio madrileño. Y no fue el único centro envenenado al que respondieron sus compañeros con languidez o sin la suficiente garra. Por ejemplo, en el minuto 23, cuando todavía había vida y esperanza pese al baño de fútbol que le estaba dando el Barça de Valverde al Sevilla de Montella, el palaciego se fue por velocidad y puso un centro de los suyos, fuerte y raso al corazón del área, tras una apertura de N'Zonzi. No llegó por poco el francés, como tampoco llegó Muriel, ni Mudo, ni nadie y el balón se pasó incólume por el área chica de Cillessen, casi incrédulo.

Otra vez lo intentó en el 29. De nuevo impulsado por ese sevillismo de cuna, de grandeza, de verdad, metió su bota derecha bajo el esférico dándole a Franco Vázquez la opción de cabecear, algo escorado, a las manos de Cillessen. Mientras tanto, Coutinho seguía poniendo en evidencia a Escudero, sobrepasado por la situación como toda la defensa. En la otra banda, en cambio, con el equipo hundido, Jesús Navas, ante su gente, seguía sacando su vergüenza, manteniendo en pie la dignidad del Sevilla.

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