final copa del rey | Sevilla-Barcelona

La gloria espera en un todo o nada

  • El Sevilla se juega la temporada frente al coloso Barcelona, pero el premio es tan grande que merece la pena pelear por algo tan goloso

Nueva cita con la historia para este Sevilla tan acostumbrado a este tipo de situaciones en el arranque del siglo XXI. Final número 17, ni más ni menos que 17, para los nervionenses y la posibilidad de alcanzar la gloria en un ejercicio con demasiadas decepciones en el campeonato liguero. Pero esto es otra cosa, el sevillismo abandonará hoy la Feria con la ilusión de disfrutar de una noche mágica en el Wanda Metropolitano. El problema se apellida Lionel y es mundialmente conocido por su apellido, Messi, para muchos el mejor futbolista de la historia.

Ése es el mayor inconveniente que se encontrará la tropa de Vincenzo Montella en ese todo o nada que le depara este irregular curso 2017-18. Los sevillistas podrían enderezar el camino con un nuevo título, el sexto de esta competición, y de paso clasificarse directamente para disputar la próxima edición de la Liga Europa, lo cual allanaría de manera considerable el camino. Pero que nadie se confunda, clasificarse para la competición europea en la que el Sevilla es el rey con cinco títulos es el premio menor, lo realmente trascendente es ganar la Copa del Rey, algo que sólo ha conseguido en cinco ocasiones a lo largo de sus más de cien años de historia.

Las dificultades serán las máximas, entre otras cosas porque este Sevilla ha dado pocas muestras de fiabilidad en su rendimiento, pero, por el contrario, también se puede objetar a ese argumento que el equipo de Montella ha sido capaz de escalar cumbres muy altas en los días en los que llega al pico máximo de su rendimiento. Ahí están los ejemplos de los dos partidos coperos contra el Atlético de Madrid, uno de ellos precisamente en el escenario de esta final, las dos citas continentales contra el Manchester United e incluso el pulso en todo lo alto que le mantuvo hace escasos días al Bayern Múnich.

Quiere esto decir que este Sevilla cuando llega al máximo de sus revoluciones es capaz de competir con cualquiera, también lo hizo incluso con el Barcelona y ahí está la referencia del partido de Liga disputado en el Ramón Sánchez-Pizjuán para atestiguarlo. Por supuesto que puede argumentarse que Messi sólo participó en la última media hora del mismo y fue capaz de llevar a los suyos hasta el empate, pero existe un matiz y es que el Sevilla dejó escapar ese día el triunfo por deméritos propios incluso cuando el argentino ya estaba sobre el césped.

Los goles fallados ese día por Muriel, Franco Vázquez, Jesús Navas y compañía fueron increíbles y es una evidencia que esta noche en el Metropolitano nada puede ser igual en ese sentido. Si el Sevilla es capaz de generar el fútbol que manó del triángulo N'Zonzi-Banega-Franco Vázquez tiene que ser muchísimo más eficaz a la hora de concretar los remates. Ése ha de ser el principal mandamiento del catecismo balompédico al que deben agarrarse los hombres de Montella. Todo lo que no sea eso, rematar con muchísima más mala leche y efectividad, será comprar las papeletas para una derrota, puesto que los de enfrente sí suelen acertar con el gol en la primera oportunidad que se les presenta.

La siguiente cuestión será la batalla que se presente en ese centro del campo que todos tratarán de controlar. El Barcelona siempre ha presumido de controlar los encuentros en esa zona, pero la lesión de Sergio Busquets, el dueño de esa parcela, ha sembrado las dudas en la coherente línea que venía manteniendo el equipo con Ernesto Valverde. Y el colmo llegó hace poco más de una semana en Roma, donde los azulgrana sufrieron una hecatombe futbolística que nadie podía esperar. Dejarse remontar un 4-1 seguro que no entraba en los planes ni del apostador más estrambótico.

¿Y eso será bueno o malo para el Sevilla en esta final? Complicado de resolver esa cuestión a priori, así que hay que apelar a las diferentes teorías que se pueden plantear. Por un lado, está claro que la confianza del equipo barcelonista se habrá resentido. Por mucho que sean supercracks, también son personas y verse privados del objetivo principalísimo de la temporada también les habrá tenido que afectar. Pero, por el otro, también hay un aspecto en ese sentido negativo para el Sevilla y es que el Barcelona ya no estará pendiente del cruce de las semifinales, algo que lo podría haber distraído bastante. En definitiva, las circunstancias son las que son y ni el Barcelona, ni tampoco el Sevilla, están ya en la Liga de Campeones.

Otra cuestión digna de ser analizada en esta previa de la finalísima es la alineación por la que apostará Montella después de esos días de entrenamiento en la soledad de Marbella, alejado de la Feria. De no producirse una sorpresa mayúscula, todo parece muy claro en este sentido. Al contrario que con otros entrenadores, con el italiano no existe ningún secreto y con David Soria como guardameta titular consolidado por sus buenas actuaciones el resto será más o menos lo previsible de no haber ningún problema físico. Tal vez la duda podría estar en Muriel o Ben Yedder, pero la expulsión del francés contra el Villarreal no fue la mejor manera de ganarse un sitio y la apuesta por el colombiano parece la más fiable.

Con los once futbolistas que todos los sevillistas visualizan sobre el césped del Metropolitano otro elemento principalísimo será comprobar si son capaces de aguantar a tope los 90 minutos o incluso los 120 si hubiera una prórroga como en la anterior final. Son interrogantes sobre un partido de fútbol, una finalísima en la que el Sevilla se juega un todo o nada. Habrá 25.000 sevillistas en las gradas y espera la gloria, nada más y nada menos que el sexto título de Copa.

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